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Teoría de la historia
UNA CRÓNICA DEL HORROR
Ensayo de
Historia de España
©
Aurelio Mena Hornero
[Los neanderthales dominaban el fuego, pero no fue
suficiente...] Porque no tenían bandera, que es algo muy útil y al tiempo
una tragedia. Llegamos nosotros después y formamos grupos, parentesco,
ideología, símbolos. Cuanto mayores eran los grupos que se formaban, más
grandes eran sus cerebros. Pero también cuanto más crecían, más competían
entre sí [...] Eso es tan humano como la tecnología. Pero hay más. En la
biología hay algo análogo a las empresas. En la selección natural nos
diferencia la competencia. A todos los niveles. Las crías de la misma camada
compiten por la leche materna. Hay una jerarquía de la competencia. A nivel
de biosfera, con otras especies; a nivel de especie, con otros grupos; a
nivel de familia, con individuos [...] Pero no es ésa la cuestión. La
cuestión es si somos más felices ahora que antes, que los de Altamira, que
los griegos. Yo creo que la tecnología no nos hace más felices. No aporta ni
un átomo, ni un gramo a la felicidad.
(Juan Luis ARSUAGA, EL PAÍS, 8-VIII-06)
Soy francés y peruano, puro
producto de cinco siglos de idas y vueltas de la historia de dos
continentes.
No sé si en España se enseña la historia de la
conquista de la misma manera que en América Latina; recuerdo que de niño me
sorprendió mucho la historia del rescate propuesto por los incas para
recuperar a Atahualpa: se llenó un lugar enorme de oro y plata venida de
todo el imperio para salvar a nuestro soberano. No sirvió de nada, los
conquistadores se lo cargaron igual.
Cuál sería mi sorpresa al contar
esta historia a amigos del culo del mundo y descubrir que todos teníamos
historias de rescates pagados, promesas incumplidas y soberanos finalmente
ajusticiados o exiliados en el mejor de los casos.
Para simplificar el problema y
visualizarlo mejor, todo individuo del tercer mundo que creció en un país
colonizado es potencialmente un Inca: pagó un rescate, pagó su idioma, a
veces su religión, su culpa, su trauma sin poder salvar a su inca...
(Jota CASTRO, La lucha de los Incas, en
Madrid abierto 08).
El día 8 de agosto de1936, hace
setenta años, un grupo de falangistas fue a buscar a Daniel González
Linacero a la casa de Arévalo en que pasaba las vacaciones con su familia y
lo asesinó. Su partida de defunción dice, con elocuente simplicidad, que
falleció" a consecuencia del Movimiento Nacional existente". Tenía treinta y
tres años y dejaba esposa, que vive todavía, y tres hijas de corta edad. La
casa fue cerrada y saqueada.
(Josep
FONTANA, EL PAÍS, 10-VIII-2006)
Un poco de biología
El predador social
¿Evolución biológica v.s.
progreso cultural?
No es el Maligno
son los genes
Hijos del Mal
Señas de identidad
Privilegios del liderazgo
La sumisión de los pobres
Doctrinas de
salvación
La
conflictividad humana
Una teoría de
la historia
La Revolución urbana
O sea, el horror, como decía
el personaje de Joseph Conrad, mostró Francisco de Goya o pretendía hacerlo el
pintor de batallas de Arturo Pérez Reverte, porque la ferocidad y crueldad con
que competimos los humanos sin duda es muy superior a las de otras especies
animales y los avances científico técnicos no han hecho más que multiplicar el
horror y el espanto; porque a los poderosos tan sólo el poder y la riqueza
importan, aunque el mundo se hunda con ellos, ya lo dijo cínicamente uno:
Después de mí, el diluvio.
Seguramente todos hemos visto en los
reportajes de National Geografic
cómo una leona solitaria tiene que defender su presa, y a
veces renunciar a ella, ante el acoso de las hienas; cómo el guepardo la
abandona ante el ataque de un león; cómo los buitres huyen cuando las hienas
aparecen; cómo los lobos se la disputan entre sí y la hembra ñu ve impotente
cómo las hienas le arrebatan su cría recién nacida... No de otro modo nos hemos
comportado y comportamos los humanos. ¿Qué otra cosa hizo Cortés en México sino
disputar la presa a Moctezuma? Como manadas de lobos hambrientos cayeron los
castellanos sobre las Indias. ¿Qué, si no, hicieron los gringos que arrebatar su
espacio y recursos a las naciones indias y mexicana? ¿Qué han pretendido hoy
cuando han desembarcado ya por dos veces en Irak? ¿Qué han sido, si no, las
Guerras Mundiales y todas las guerras?
Un poco de biología
La vida aparece cuando determinadas
estructuras moleculares logran, de modo autónomo, captar, elaborar e integrar
materiales del medio ambiente, para crecer y reproducirse. Son los vegetales.
Más tarde otras estructuras encontrarán más
cómodo, porque el trabajo de los vegetales es continuo mientras hay luz,
capturar los materiales ya elaborados por las primeras y así las parasitaron o
devoraron, pero nunca hasta el extremo de matarlas, no por voluntad propia, sino
porque los vegetales tienen la capacidad de autorregenerarse, aunque los mutilen
y troceen.
Estos devoradores de materia viva, los
herbívoros, debían sin embargo recolectar y procesar durante largas horas los
materiales así conseguidos, pero a cambio concentraron gran cantidad de grasas y
proteínas, que despertaron la codicia de otros más oportunistas y cómodos aún,
que los persiguieron a su vez para devorarlos también y obtener así en poco
tiempo los nutrientes que los otros tardaban horas en elaborar. El inconveniente
es que estos oportunistas normalmente necesitan matar para comer, son los
carnívoros, los predadores.
Pero aún hay otro grupo de carnívoros,
todavía más holgazanes, que prefieren robar lo que otros cazan. Son los superpredadores, hienas, buitres, leones a veces, y el hombre entre ellos. Nada
de lo que vemos en hienas, leones o lobos es ajeno al género humano. Es un
formidable cazador social, pero, como las hienas, no desdeña la oportunidad de
robar la presa a otros.
El predador social
Sin duda el linaje humano, en todos sus géneros y
especies, es el más eficaz y mortífero predador que ha
recorrido y colonizado el planeta, particularmente la especie Homo
sapiens, la única que subsiste, que ha cazado presas mucho más voluminosas
que sus propios individuos, combatido permanentemente para defender presas y
cazaderos, territorios y recursos, y arrasado casi todos los ecosistemas
hasta el exterminio de las especies que lo habitaban, incluidas las de sus parientes más próximos,
los grandes simios, casi extinguidos ya, los neandertales y por supuesto todas
las culturas de su propia especie consideradas inferiores: los aborígenes
australianos, las naciones indias de Norteamérica, las tribus amazónicas y los
pigmeos en África entre las más recientes...
Ha desarrollado para ello una agresividad, capacidad de
organización y conocimiento de su entorno, que lo ha llevado a proclamarse rey
de la creación y considerar a las demás especies e incluso a los individuos
sometidos de la suya propia meras máquinas animadas: Así,
según Descartes, «los animales son puros autómatas,
máquinas maravillosamente ensambladas, pero carentes en absoluto de todo lo que
de cerca o de lejos pueda llamarse espíritu». Malebranche lo resumía así: «comen sin
placer, lloran sin dolor, actúan sin conocimiento, no desean nada, no saben
nada». Y los romanos afirmaban de los esclavos que
eran instrumenta vocalia, instrumentos parlantes. La ideología compañera
siempre del dominio.
Tremendamente agresivo y predador social. ¿Cómo, si no,
habría podido enfrentarse con éxito a mamuts, ballenas y otras grandes presas?
El instinto social, alimentado por la necesidad, lo ha llevado a buscar la
máxima cohesión en distintos sistemas sociales, familia, clan, tribu, linaje,
nación, para asegurar la supervivencia y el éxito vital, un éxito absoluto como
vemos, al que ha contribuido un invento fundamental en la evolución humana: los
lenguajes, no sólo el hablado, sino también los icónicos, el de las banderas,
que dice Arsuaga. Los pueblos mueren por una bandera, por todo lo que una
bandera representa.
¿Evolución biológica v.s.
progreso cultural?
¿Es la especialización como superpredador
social lo que disparó al género humano? Porque las técnicas y estrategias de
caza en grupo son más complejas que la caza individual o la simple recolección y
favorecen el desarrollo inteligente. Los cazadores lo son más que los
recolectores.
El problema surge cuando el cazador nómada
se vuelve sedentario. El cazador explora entonces otros ámbitos, el control de
la naturaleza, el dominio y explotación de multitudes, la guerra predatoria.
Surge la historia, el progreso cultural reemplaza a la evolución biológica y el
ritmo se acelera. Pero la cultura no modifica el capital genético acumulado
durante millones de años: Así la guerra se convierte en
el más lucrativo medio de vida, a veces por falta de recursos, pero en general
porque resulta más cómodo o atractivo robar lo que otros producen en vez de
producirlo, como las hienas, pero con una agresividad muy superior. Los aqueos
alardeaban orgullosos de ser "destructores de ciudades", los caballeros
feudales tenían la guerra como profesión eminente y hasta el siglo XVI no se la
ha puesto en cuestión como actividad legítima y honrosa.
Hoy sin embargo la
caza se ha metamorfoseado y la guerra, aunque subsiste como último recurso, está
muy devaluada ideológicamente en determinadas culturas, y así el instinto
cazador se ejercita en otras actividades: las finanzas, el mundo de los negocios
y las empresas multinacionales o trasnacionales. Conquistar mercados es hoy
equivalente a conquistar reinos o territorios en otro tiempo, una forma más
sutil de conquista, pero no menos eficaz en cuanto a obtener botín y dominar
naciones. Especuladores financieros, banqueros, empresarios, políticos... son
los predadores legales, que ilegales hay muchos otros, políticos corruptos, mafias, traficantes,
sicarios, atracadores, piratas, mercenarios..., porque los predadores siempre se
han resistido a aceptar normas que limiten su afán y capacidad de conquista. Aunque la linde entre unos y
otros siempre ha sido muy elástica y fluida: Justamente en mitad de la crisis
financiera y económica que sacude al mundo se acaba de descubrir (12-XII-2008)
en el corazón financiero mundial, Nueva York, una estafa por valor de 50.000
millones de dólares llevada a cabo por el ex presidente del NASDAQ; también
en 2008 las veinticinco mayores fortunas del mundo
sumaban 480.900
millones de dólares,
más que los 99 estados más pobres, 469.947 millones, y en
Argentina el matrimonio presidencial Kirchner ha multiplicado su capital por siete desde que
está en el poder. Toda la historia tiene el sello de la condición de
superpredador del linaje humano, que cinco milenios de historia no han alterado
cinco millones de años de evolución biológica, tan sólo le ha dotado de un lindo
ropaje: somos personas, no animales. ¿Seguro? ¡Cuánto cinismo!
Es fácil que un líder controle una banda de
veinte miembros, pero se hace complicado controlar una multitud de centenares de
miles y surgen conflictos de toda índole, aunque indudablemente las culturas
generan nuevos mecanismos de control. Pero no son suficientes ni interesan a los
líderes.
No es el Maligno
son los genes
Hay por tanto en las sociedades humanas un
permanente conflicto entre el cazador y el ciudadano. Tal vez se podrían
encontrar medios más eficaces de integración, que el cerebro, dicen los
especialistas, es de una plasticidad extraordinaria, pero ello supondría la
renuncia, al menos parcial, de los líderes políticos y económicos a sus
privilegios de cazadores legales, algo a lo que no están dispuestos. Y así las
disfunciones sociales se agudizan y los crímenes de toda índole son continuos.
Los hombres han inventado luego toda una
serie de mitos para explicar ese carácter contradictorio de la vida, de su vida,
inexorablemente unida a la violencia y la muerte, el Bien y el Mal, dicen: Dios,
principio del Bien, y Satanás, principio del Mal. Ormuz, príncipe de luz, y
Ahrimán, príncipe de las tinieblas. El Bien, representado por un cordero o una
paloma, que eran los animales que se ofrecían como víctimas propiciatorias a los
dioses, y el Mal, representado por un superpredador, el lobo, la serpiente.
Mitos. La vida es así y el hombre, aunque en su tremenda soberbia se crea hecho
a imagen y semejanza de Dios (¿El Dios-Amor también es un asesino? Los griegos
no tuvieron ningún pudor en inventar dioses que eran replicas superlativas de
ellos mismos, con todas sus pasiones y virtudes. ¿O son blasfemos los
creyentes?), no es distinto de otros seres vivos, un magnífico predador, tan
refinado que cría ovejas que parirán corderos, que luego matará, sacrificará
dice eufemísticamente, antes del destete, porque un cordero lechal asado es un
manjar exquisito (leo en un libro de cocina que el cordero de dos meses es más
sabroso que el recién nacido). En el siglo XIX los empresarios contrataban niños
porque eran más baratos y menos conflictivos que los adultos. Todavía lo hacen.
Igual que las gaviotas roban huevos o pollos en nidos ajenos y las leonas
persiguen a los individuos más débiles de cualquier manada. Predadores.
No es que Satanás u otro mítico principio
del Mal nos persiga o que Dios nos castigue por nuestros pecados, simplemente
tratamos de construir algo, es la eterna aspiración de los pobres, que no de los
poderosos, una sociedad armoniosa y equilibrada, justa e igualitaria, de
ciudadanos responsables y solidarios, con un material inadecuado, la herencia
genética, el programa de comportamiento, de un superpredador social. ¿Recuerdan
lo que sucede con el mandamiento bíblico de controlar el impulso sexual? No es el
demonio meridiano quien nos tienta, sino la especie, el código genético que
llevamos en las células, el inexorable mandato de las leyes de la genética. Lo
mismo acontece con el impulso predatorio. No tenemos opción, casi. Recuerden el
cuento de la rana y el escorpión, la condición del escorpión lo lleva a matar a
la rana que lo ha ayudado a cruzar el río.
Hijos del Mal
Pero aún hay más: ¿Por qué para sobrevivir
unos tienen que devorar a otros? ¿Por qué para que unos vivan otros tienen que
morir? ¿Por qué la vida se alza sobre la muerte? Dicen los sabios que no se
percibe intencionalidad en la evolución, simplemente es así. Un error al
replicarse las células trajo la evolución, dicen. Y añaden que la inteligencia
se ha desarrollado en los homínidos a consecuencia de la interacción con sus
semejantes. El cazador es más inteligente que el herbívoro y la competencia
entre los superpredadores humanos, posiblemente el sufrimiento, el dolor nos
hace humanos, dijo don Miguel de Unamuno, alumbró la conciencia. Dicho de otra
manera, hemos llegado a ser lo que somos porque hemos matado y asesinado, acaso
también porque hemos sido fratricidas y caníbales. Somos hijos del mal. Tal vez
ése sea nuestro pecado original. El Génesis lo cuenta simbólicamente y
acaso no le falte razón.
Ahora debemos redimirnos. Pero los poderosos
se oponen a ello.
Señas de identidad
Predador social hemos indicado. En los orígenes los
clanes se identificaron con un animal totémico, luego vinieron diversas formas
de identidad social, los caudillos, los reyes, el linaje, la religión, la raza,
la nación, la patria, todas ellas con sus banderas y emblemas. Hoy en día, en un
mundo globalizado en que la identidad se diluye en espacios inabarcables y
multitudes anónimas, sin rasgos claramente definidos, son muchos los que buscan
seguridad, no olvidemos que el grupo sirve para defenderse y sobrevivir frente a
un medio hostil, en pandillas, peñas, clubes, sectas, naciones reinventadas...
Como sabemos muchos de estos grupúsculos, no sólo buscan una identidad, sino que
a veces la ejercen mediante la violencia contra otros grupos paralelos o
dominantes, o sea, el instinto predador como seña de identidad del clan. Es la
llamada de la especie o de la sangre, que dicen otros, la pervivencia de unos
rasgos genéticos que la cultura no ha podido cambiar. Desde antiguo los
políticos saben bien que los deportes y espectáculos de masas son un buen
instrumento para canalizar la agresividad y necesidad de identificación grupal.
Aquello de que ser cola de león satisface a muchos pequeños.
Privilegios del liderazgo
Pero los grupos necesitan un líder, que siempre se
arroga unos privilegios, también está en la propia naturaleza, no ya de los
predadores, sino también de los herbívoros. En las manadas el macho dominante
cubre a las mejores hembras, a todas incluso, o come siempre el mejor bocado y
se sacia, mientras el resto de individuos espera, o se reserva el mejor refugio.
Hasta aquí nada o casi nada que nos diferencie del
resto de los predadores sociales, como leones o lobos, tan solo unos
comportamientos más elaborados por el mayor peso de la cultura, que cada especie
tiene sus armas propias y la cultura, a medida que crece el cerebro, tiene mayor
importancia, que hoy nadie niega que las otras especies animales también tienen
cultura: «Percibir,
relacionar, sentir, recordar, formar conceptos, calcular medidas, comparar
valores, comunicarse con los semejantes, son operaciones mentales generosamente
repartidas por todo el reino animal... También compartimos comportamientos como
la conjura, las alianzas o las intrigas palaciegas... [Y Jane Goodall se pasma
ante] la habilidad con que construyen herramientas los chimpancés»
(J. M. Marina, Ética para náufragos, p. 17).
Los humanos tienen experiencias de liderazgo
similares a otras especies
Los chimpancés podrían dar lecciones de liderazgo
político. Como todos los grandes simios, son capaces de planificar y engañar,
tienen recuerdos temporales, sentido del humor, distinguen lo que es justo de
lo que no y sienten miedo, felicidad, curiosidad y empatía. Pero hay más: los
chimpancés viven en sociedades jerárquicas, en las que el líder no es el más
fuerte sino el que logra más apoyos, en un hábil ejercicio de transacción
política, y para mantener la posición alfa deben afirmar su dominancia, tener
contentos a sus aliados y evitar que el resto se rebele. Pero no todo es alta
política en estos primates genéticamente muy cercanos al hombre. En el lado
oscuro está su obsesión por el poder y el territorio, que les lleva a emplear
una extrema violencia, sobre todo con otros grupos. Nada nuevo, por otra
parte, en el universo humano.
(Silvia HINOJOSA, La Vanguardia,
Barcelona, 14/12/2008)
Entre los comportamientos humanos quizá quepa resaltar
la capacidad simbólica, esos lujosos atuendos, coches ostentosos y casas ricas
para destacar el status, y una exacerbación de la agresividad y violencia, que
ha llevado a una crueldad y ensañamiento con las víctimas sin igual con ninguna
otra especie, aunque es sabido que algunas, zorros, comadrejas, orcas, hienas, osos,
también matan más de lo que necesitan a veces. En la especie humana sin embargo la conciencia del tiempo
multiplica el fenómeno. Sin duda el general Franco siguió matando después de
conseguir sus objetivos para extender el terror
entre los vencidos durante generaciones.
Pero con la revoluciones neolítica y metalúrgica,
digamos la agrícola primero y la urbana después, comienza el modo de vida y la
competición específicamente humana, la lucha por los excedentes de producción o
plusvalía. Porque hasta entonces las distintas especies humanas han sido
cazadoras y recolectoras, como las demás especies animales, y muy poco han
podido acumular. Sin embargo con las revoluciones técnicas que descubren la
manera de producir alimentos primero, la agricultura y ganadería, y aprovechar
la energía natural después, las fuerzas animal, fluvial y eólica, la capacidad
de producción aumenta muy por encima de la capacidad de consumo. Surge por tanto
la necesidad de acumular y reconvertir los excedentes, y con ello la lucha por
su control y reparto.
La acumulación exitosa de recursos y
excedentes inspira a los poderosos dos cambios fundamentales, origen de
ese proceso que llamamos historia, la propiedad privada y la
explotación sistemática del trabajo ajeno. Todo ello nos ha llevado a cotas
inimaginables en el desarrollo científico y técnico, aunque a costa de un
sufrimiento y dolor sin cuento que ha ensangrentado y desnudado la tierra hasta
el borde del suicidio, que la voracidad del predador humano es insaciable,
porque no se agota con el estómago lleno, como en otras especies, sino que
siempre necesita más: el hombre es un animal enfermo, decía don Miguel de
Unamuno. ¿Somos ahora más felices que el hombre de Altamira?
La sumisión de los pobres
Este comportamiento de los líderes, que obviamente
también se pelean entre ellos por el liderazgo, ha puesto muchas veces en
peligro la cohesión del grupo con sus excesos, cuando el reparto del botín se ha
hecho insoportablemente desproporcionado, cuando los fieles y súbditos se han
visto sometidos a una explotación que los ha llevado al límite de la
subsistencia, a la muerte incluso. Entonces se han producido rebeliones para
cambiar al líder, la forma de ejercer el liderazgo o aun el modo de promoción y
criterios para el reparto del botín. Naturalmente los líderes han criminalizado
y perseguido a los rebeldes, y tratado preventivamente de sacralizar su persona
o cargo: dioses o elegidos por los dioses se autoproclaman, “Caudillo de España
por la gracia de Dios”, se decía no hace mucho el último dictador de la nación
española, pueden comprobarlo si aún conservan monedas de una o varias pesetas.
Dios como bandera, como tantas veces, un invento ideológico de hace cinco
milenios, coetáneo del ladrillo, la rueda y el arado, que todavía resulta útil y
ha sido pretexto para las más atroces matanzas y los expolios más inicuos.
También han insistido los caudillos en la necesidad de
la unión sagrada del grupo, sea cristiandad, nación, patria..., para combatir al
enemigo exterior, siempre hay un enemigo exterior según los líderes. Frente a lo
cual los rebeldes suelen argüir que no hay más enemigo que los poderosos, que
son los poderosos quienes destruyen al grupo con sus demasías, subrayan la
fractura en dos mitades, explotados y explotadores, opresores y oprimidos, y
tratan de suscitar una conciencia de grupo en los oprimidos de todas la
naciones. Unos intentaron construir una sociedad paralela, fundamentada en el
amor y hermandad en Dios. Los explotados no tienen patria ni bandera, deben
conquistarla, gritaron otros más agresivos. Todos fracasaron. ¿Saben que en
nuestro país, según Cáritas (2008), la organización eclesial, aún hay más de
ocho millones de pobres, el 21% de la población, a pesar de que, según el
Gobierno y las estadísticas, somos la octava potencia económica mundial? En EEUU, la primera
potencia, la cifra es menor, el 12,5%, porque exporta la pobreza a otros países.
Hoy los pobres o no ven alternativa al sistema y han perdido toda esperanza o se
creen las fábulas que los líderes cuentan, el sueño americano, la salvación
eterna y cosas por el estilo. El enemigo, como un virus, ha colonizado el
cerebro de los pobres, la última frontera.
Doctrinas de
salvación
Sin embargo el cazador social también ha
desarrollado una cualidad que refuerza la solidaridad y cohesión del grupo, la
empatía, la capacidad de ponerse en lugar del otro y sentir sus emociones, su
alegría y sufrimiento, una cualidad que nuestra sociedad cultiva y alienta muy
poco, porque los programas de estudio sólo atienden la capacidad intelectual, la
preparación instrumental al servicio del mercado, nunca la educación emocional o
afectiva. Evidentemente no interesa a los líderes de multitudes, que tratan de
desviar las emociones y afectos hacia fórmulas rituales, sin compromiso humano,
social o político, que sería pernicioso para su liderazgo. El caso de la Iglesia
Romana es paradigmático, surge portadora de un mensaje de salvación y acaba
convertida en instrumento de opresión, surge como misionera del amor y acaba
imponiendo por la fuerza un credo y un culto. Sucede lo mismo con una educación
ciudadana que convertiría al individuo masa en responsable de su destino.
Hace dos mil quinientos años, en el tiempo eje
que dijo Karl Jaspers, comenzaron a surgir filósofos y profetas que intuyeron el
modo de superar la contradicción presa-predador y el desgarro o padecimiento que
muchos sufrían, el faraón Ajenatón ya lo intuyó casi un milenio antes, mediante
la ataraxia o el amor. Quizá los más interesantes sean Jesús de Nazaret entre
los profetas o Buda entre los filósofos. El desasimiento y la inmersión en el
todo como fórmula de liberación, o el amor y solidaridad con el otro.
Pero una cosa son los maestros y otra muy
diferente los discípulos. Normalmente éstos no pueden o no quieren romper los
vínculos con la sociedad de su tiempo y se convierten en legitimadores del
sistema e instrumentos de los predadores legales, de los poderosos, tanto en
China como en Europa. Incluso la teoría del último filósofo, Karl Marx, que puso
todo su entusiasmo y trabajo en superar la contradicción opresores oprimidos
mediante la política, sirvió luego para legitimar los despotismos más
sangrientos, que el poder corrompe siempre o atrae como un imán a los
predadores, como ya denunciaron los anarquistas.
La
conflictividad humana
O sea, la mayor bestia que ha colonizado el planeta. Lo
singular es que algunos de sus representantes más eximios se espantan de que un
científico diga que procedemos en línea directa de las bestias. Dime de qué
presumes... A pesar de la Capilla Sixtina, el contrapunto de su patrono y
mecenas, el papa Julio II, colérico y ambicioso, «guerrero,
político, estratega, maquinador, absolutista y maquiavélico»,
un predador arquetípico, más parecido a los reyes de su tiempo que al humilde y
pacífico Jesús de Nazaret, a quien decía suceder y representar. También la
carrera del guepardo es hermosa y la silueta del tiburón. La belleza no se
contradice con el horror y la muerte.
Por tanto, en todas las sociedades humanas
encontramos dos tipos de conflictos específicos básicos:
-
El biológico o derivado de la
construcción, en muy poco tiempo, de una sociedad cultural, es decir,
histórica, que entra en contradicción con la herencia genética elaborada
durante millones de años. Algo así como pretender formar una orquesta
sinfónica con chimpancés.
-
El histórico, que hoy da forma y
encubre al primero, derivado de la contradicción entre la clase dirigente,
que pretende una sociedad hábil y sumisa, pero a la que que no
interesa el desarrollo de otras aptitudes y capacidades, que
indudablemente mejorarían la convivencia, distintas de las instrumentales,
porque cuestionarían sus excesivos privilegios de caudillaje, y la
multitud de los sometidos y marginados. Este conflicto engloba como
veremos otros varios, de entre los cuales me importa destacar un tercero
que acaso tenga personalidad propia.
-
El de quienes aspiran a la comunión de toda la raza humana en libertad e
igualdad de derechos frente a la alienación de quienes sólo ven su interés
o beneficio particular, después de mi el diluvio, dijo uno, porque no se
sienten comprometidos como personas.
Una teoría
de la historia
Dos claros procesos
se advierten en su desarrollo, el de la Historia, un saber de la realidad y una
consideración del otro como semejante. Por el primero el ser humano conoce su
entorno, su país, su planeta, el universo. Por el segundo siente empatía o se identifica con los
individuos de su especie, más allá de las fronteras familiares, tribales,
nacionales o raciales y los considera iguales en derechos, en vez de
instrumentos con que lograr la satisfacción de una necesidad, es decir, supera
la alienación que le impide ver la humanidad del otro.
Hoy conocemos la
naturaleza mejor que nunca, dicho de otro modo, en la historia el Universo se
hace consciente de sí mismo, el ser humano es la conciencia del Cosmos, la
conciencia brota de la materia en el curso de la historia que la especie humana
va tejiendo (hasta donde conocemos, que puede que haya otros mundos con especies
animales más conscientes que nosotros) y no al revés.
Por otro lado hoy
se extiende cada vez más la cultura de unos derechos humanos universales que
por primera vez incluyen a la mujer, históricamente marginada hasta ahora, al
menos desde la aparición del Estado, o sea, de la historia. Su
respeto y ejercicio no es una realidad, sino un horizonte utópico, que ya es
mucho, porque hasta hace poco más de dos siglos ni se planteaban y aún entonces
no incluían a la mujer, la mitad de la humanidad:
La Revolución Francesa
encarceló y ejecutó a Olimpia de Gouges por reclamar igualdad para las mujeres.
La necesaria solidaridad frente a la naturaleza u otros grupos de
cazadores generó la empatía y de ésta y la conciencia surgió el desarrollo
teórico de los derechos como ámbito necesario para la evolución superior de la
humanidad.
Es decir, estamos
inmersos en un vastísimo proceso que está alumbrando la conciencia del Cosmos y
una persona plenamente libre e integrada en una sociedad también libre. ¿Lo
conseguiremos o destruiremos antes nuestro planeta?
Sin duda los
obstáculos han sido, son y serán enormes. Todo lo que se oponga al desarrollo
del conocimiento y a la plenitud de los derechos será un obstáculo. La historia
está llena de censores y hogueras donde han ardido libros de todo tipo, también
de científicos condenados por ampliar las fronteras del saber. ¿Se acuerdan de
Giordano Bruno, Galileo, Darwin? Ayer se condenaba el heliocentrismo, hoy aún se
discute el evolucionismo y se cuestiona la investigación con células madre.
Incluso Pío IX y Pío X condenaron en sendas encíclicas los derechos humanos,
singularmente la libertad de conciencia. Y siempre detrás de las hogueras y las
condenas había o hay un poder que veía o ve peligrar sus privilegios
particulares. No es una cuestión científica, sino de poder. El saber nos hace
libres y eso no lo soportan los poderosos, que necesitan la sumisión de los
pequeños.
Porque hoy nos
enfrentamos a un nuevo reto, un daño colateral inesperado de nuestro propio
éxito: Hemos roto todos los contrapesos que mantenían el equilibrio del sistema
terrestre,
que se degrada a toda velocidad, quizá el cambio climático sea sólo el vértice
del iceberg. ¿Cuándo las élites dirigentes se darán cuenta de que la destrucción
del planeta será nuestra propia destrucción? Cada vez se parecen más al
individuo que en el incendio de su casa muere abrasado por entretenerse a salvar
sus tesoros.
La Revolución urbana
La hominización y
la humanización finalmente como marco del devenir de la conciencia. Desde
entonces, desde la revolución urbana, hace seis o cinco milenios, con la
formación del Estado y las religiones, se inventa el arado, el ladrillo y la
vela, surgen los artesanos y comerciantes, y finalmente los reyes y dioses, muy
poco ha cambiado la estructura de las sociedades humanas. Decía Tuñón de Lara
que para entenderla basta preguntarse quién tiene el poder, cómo se ejerce y
cómo se legitima. Lo que sigue es un intento de explicación de esa estructura.
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