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Teoría de la
historia
Un
modelo de interpretación
(Teoría
de la historia)
1.
Estructura Socio Económica
2.
Estructura Jurídico Política
3.
Estructura Ideológica
La
invención de Dios
4.
Un saber de combate
Como ya queda
apuntado, partimos de una tesis o premisa fundamental: todos
los seres vivos aprovechan y compiten por los recursos de su
medio natural para sobrevivir y reproducirse, y todos a lo
largo de esta pugna y combate milenario desarrollan
herramientas y técnicas, unas biológicas,
culturales otras, para lograr mayor eficacia en la
explotación del medio y la lucha con los competidores.
Dicho está que los humanos, el género Homo, no
somos excepción a esta ley universal de la vida: en
nosotros un cerebro complejo y una mano versátil son
instrumentos biológicos, en tanto que el arado, el
derecho y la religión son herramientas culturales.
1.
Estructura Socio Económica
Por tanto, cuando
estudiamos el desarrollo histórico de una sociedad
organizada en un Estado, pongamos los habitantes de la
península Ibérica en nuestro caso, debemos
atender primero a las características geográficas
del territorio en que se asienta, su ubicación
en el planeta y recursos; luego a la población,
número y densidad, capacidad de crecimiento y
preparación técnica; por supuesto a las
industrias y utillaje para el aprovechamiento de los
recursos, y al tipo de economía; y finalmente a las
relaciones de producción, es decir, las
relaciones que se dan entre los trabajadores directos y los
que organizan el trabajo y se apropian de los excedentes,
porque a lo largo de la historia hemos visto amos y esclavos,
señores y siervos, burgueses y obreros, empresarios y
asalariados. Todas estas variables conforman la estructura
económica y determinan la índole política
e ideológica de una sociedad.
La última
variable es fundamental para fijar la estructura social
u organización de la sociedad en clases
o conjunto de familias que ocupan el mismo
lugar en unas relaciones de producción
dadas.
Dicho de
otro modo, una clase social se delimita por el
modo
y proporción en que sus miembros participan de
la riqueza o renta social, lo que naturalmente determina un
estilo peculiar de vida, que se manifiesta en actividades
profesionales, grados de bienestar y formación,
participación y opciones políticas, costumbres
y creencias, fácilmente mantenido por la endogamia que
suele darse en todas ellas. No obstante todas las clases
sociales tienden a imitar, en lo que pueden, los comportamientos de la clase
dominante.
Ello nos permite
encontrar una organización básica en dos grupos
de clases: Las dominantes, que poseen el poder
económico; controlan, por tanto, la distribución
de la riqueza social, se apropian de los excedentes y se
organizan para mantener y defender su status a toda costa:
eupátridas, patricios, nobleza feudal, grandes
terratenientes, burguesías mercantil, industrial y
financiera...; son los opresores o ricos.
En plena crisis
económica de 2008 llega la siguiente noticia :
«En
los dos últimos años la empresa Exxon
Mobil España
logró un beneficio neto de casi 10.000 millones de
euros.
«No
cabe duda de que el único
empleado de la firma
estaría de acuerdo en la proposición en boga
por estos días de ligar los sueldos a los beneficios
de la empresa.
«Ésta
no pagó ni siquiera un euro de impuestos
por esas ganancias.
«La
mayor empresa a nivel mundial utiliza la filial española
sólo para ahorrar impuestos. Ha encontrado en España,
igual que otras multinacionales, su “paraíso
fiscal”».
(Adriana
Díaz, 01/03/2011)
Y las dominadas,
aquellas que, por carecer de dicho control, se hallan en
total dependencia de las clases dominantes y suelen carecer
de oportunidades de promoción económica y
social: esclavos, siervos, proletariado rural y urbano,
jornaleros, asalariados..., o sea, los oprimidos o
pobres, quienes en ocasiones, cuando ya no pueden
soportar la explotación, se sublevan para tratar de
mejorar su participación en la renta social. A la
pugna entre los ricos por mantener su status y los pobres por
mejorarlo se le ha llamado lucha de clases y es tan
vieja como las clases y el Estado, aunque naturalmente la
clase dominante trata de negarla o disimularla, trata de
negar o disimular la explotación que ejerce sobre las
otras clases, incluso trata de negar el concepto de clase: es
parte del combate ideológico.
Precisamente
la crisis
de 2008 ha puesto al desnudo esta
realidad, por si acaso hacía falta: el hambre
aumenta en el mundo a pesar de que por
primera vez hay alimentos para todos.
Sin embargo, aunque
este conflicto sea el fundamental, no se debe olvidar que la
pugna o guerra abierta es permanente dentro de cualquier
sector o ámbito, nadie escapa a esta ley básica
de la vida. Entre los poderosos es continuo, son los
explotadores y acaparadores profesionales, la elite de los
depredadores, los líderes de la manada humana que
pelean entre sí por el caudillaje y el botín. Por supuesto
entre los Estados, que sin cesar disputan por el territorio o
los recursos, y llega a todos los niveles de la escala
social, ganaderos contra agricultores, artesanos contra
comerciantes, productores contra distribuidores... Incluso
dentro de la propia familia el esposo domina a la esposa y
los hermanos compiten entre sí, como recuerda el
mito de Caín y Abel.
También es habitual que se
utilicen o fomenten unos conflictos para tapar otros, a lo
que la ideología contribuye especialmente, porque,
como se verá, su papel consiste en decorar la
realidad: Entre nosotros desde el siglo XI la guerra de
conquista de los reinos cristianos del norte contra los
musulmanes del sur se tiñó de reconquista o
cruzada y la lucha de clases se desvió y disimuló
con la lucha de castas.
2.
Estructura Jurídico Política
Esa lucha
naturalmente es antieconómica y supone un gasto
tremendo de energía (una de las claves del éxito
biológico de la especie humana ha sido precisamente el
ahorro de energía). Así las sociedades, los
poderosos, inventaron el Estado,
un conjunto de instituciones, normativas y coercitivas
(Reyes, Cortes, Consejos, Ministerios, Jueces, Ejércitos...),
y normas o leyes (Decretos, Códigos, Fueros,
Constituciones...), para regular la práctica social y
mantener el poder de las clases dominantes. Lo cual no quiere
decir que ellos las respeten, que ya hemos comentado que los
depredadores bordean todas las normas y recientemente (2010)
WikiLeaks
ha mostrado cómo los Estados continuamente
quebrantan sus propias normas éticas y legales, que
muchas veces sólo tienen un valor ideológico y
propagandístico, sin más guía que sus
intereses económicos y estratégicos.
Si queremos afinar
algo más el análisis, podemos denominar régimen
a la manera de organizar el Estado, en el que distinguimos el
sistema político y el sistema de poder.
El primero está constituido por el sector o sectores
sociales que participan en las instituciones políticas
y estas propias instituciones, legislativas y ejecutivas, y
el segundo por las instituciones administrativas y
coercitivas encargadas de llevar a cabo y hacer cumplir las
normas y mandatos del sistema político.
3.
Estructura Ideológica
«En
un mundo donde los carpinteros resucitan, todo es
posible». Leonor
de Aquitania (Katherine Hepburn) en “El león en
invierno” (1968).
Sin embargo los
explotados, marginados y excluidos suelen rebelarse contra un
sistema económico, social y político, que con
toda razón consideran injusto. Todavía en el
mundo actual muchos mueren de hambre, mientras otros acumulan
cantidades ingentes de riqueza. En la España de 2006
el 20% de la población vive por debajo del umbral de
la pobreza, sin posibilidad de acceso a una vivienda digna,
el salario medio permanece estancado desde el principio del
milenio, en tanto que los dividendos que las empresas
reparten a los accionistas han crecido un 160% en el mismo
período, y en los primeros nueve meses del año
los bancos han aumentado sus beneficios en un 41%. Y no
bastan todos los medios coercitivos del Estado para
impedir la rebelión, recuerden lo sucedido en
el mundo musulmán en 2011.
Naturalmente, a pesar del Estado, el coste
económico, social y político puede ser enorme:
este país tardó en conjunto veinte años
sólo en salir del socavón económico de
la Guerra Civil, que del político tardó más
del doble, aparentemente, y del ideológico aún está por
ver. Por tanto se impone la necesidad de convencer a las
clases dominadas de que acepten su status social y económico
en virtud de diversos principios totalmente ajenos al orden
sociopolítico, tales como la religión, el
destino, la raza, el mercado, la suerte...
Para lograrlo está
la ideología
o conjunto de ideas que tratan de explicar el mundo y
legitimar el sistema social, y una extensa serie de medios
para socializarla e imponerla, o sea, «todos los
recursos mágicos, simbólicos, racionales e
irracionales del poder» (Marina): Los soldados de
Cortés quedaron maravillados ante la deslumbrante y
espectacular puesta en escena con que Moctezuma los recibió,
una liturgia que en Castilla habían reelaborado y
magnificado los Reyes Católicos (un título
altamente ideológico y propagandístico) y perfeccionó luego su nieto, Su
Sacra y Cesárea Majestad el Emperador Don Carlos.
La religión,
con la valiosa colaboración del arte
y la literatura,
ha sido históricamente el principal artefacto
ideológico para atender esas dos funciones básicas
de toda sociedad, recuérdese que en el mundo antiguo y
medieval los reyes eran dioses o elegidos por los dioses, en
tanto que hoy el cine, la televisión y los deportes de
masas se van imponiendo como instrumentos para lograr el
consenso pasivo de los explotados y mantener su
desmovilización.
Pero incluso las
leyes muchas veces están pensadas, no para
cumplirlas, sino para legitimar el Estado que las
elabora:
Nuestra Constitución actual dice que pretende
establecer una «sociedad democrática avanzada»,
pero la ley electoral penaliza a los partidos pequeños
de ámbito estatal.
Como versión
de segunda mano para uso diario y popular, las mentalidades
recogen los rasgos básicos de la ideología,
adaptados a las necesidades de cada grupo social, en las que
se insertan fragmentos del pasado, como en tierra de aluvión.
Los tratamientos de "señor", "caballero"
y "señora" o la consideración de la
mujer pueden ser testimonio de ese acarreo desde otras
épocas. Esta pervivencia muestra la resistencia al
cambio de las ideas y mentalidades, "cárceles de
larga duración", en expresión de
Braudel,
más seguras que las de hierro.
La
invención de Dios.-
Especial atención merece la idea de Dios,
que es y ha sido el núcleo fundamental de las
religiones desde el final de la Edad Antigua. Pero Dios no es
más que una brillante y revolucionaria hipótesis
(una "ficción", como la nación o
los derechos naturales), surgida tal vez en Egipto hace casi
cuatro milenios, una época en que mito, religión
y ciencia, magia y técnica,
estaban
inextricablemente unidas. Una hipótesis nunca
verificada y ajena a
cualquier lógica o método científico,
que pretende explicar el origen del mundo, los seres vivos y
los animales humanos.
«El Universo
resulta aterrador, sobre todo porque parece indiferente a la
vida como la nuestra. Tanto las emociones como la ambición,
los logros, el arte y la religión le resbalan.
Debiéramos seguramente aceptar que al Universo le
resulta hostil un tipo de vida como el nuestro».
(James
Jeans, cosmólogo, físico y matemático,
en The Mysterious Universe, citado
por Eduard Punset en El viaje al poder
de la mente, pág. 35).
Quiero decir que,
cuando los humanos tuvieron conciencia del terrible escenario
en que actuaban, imaginaron cientos de criaturas maléficas
que los acosaban: demonios, hecatónquiros, gigantes,
cíclopes, erinias... y añoraron el techo
protector de la madre primero y del padre después.
La historia está llena de diosas madres y
dioses padres.
Sin embargo la
imagen que hoy tenemos del Universo o de cualquier otra
realidad natural no se parece en nada a la que tuvieron los
egipcios o incluso los cristianos medievales, no obstante
conservamos el mito de Dios. Su tenaz pervivencia, que le
permite pasar de la era precientífica a la científica,
se debe a su carácter absoluto, exclusivo y
excluyente, a la seguridad mental que por tanto ofrece a los
desfavorecidos, marginados y oprimidos, la ilusión de
los Reyes Magos es muy gratificante, ante un mundo hostil y
al empeño de los poderosos por mantener viva la fe y
el culto. Dios está conmigo, piensa tanto el mártir
a punto de sucumbir en el anfiteatro, cuanto
el inquisidor que envía al hereje a la hoguera o el
yihadista que hace estallar un cinturón de bombas para
morir matando.
«A
los gobiernos siempre les ha convenido que sus súbditos
postergaran a la otra vida la felicidad; valga
como tétrico ejemplo el uso de bosnios
musulmanes por las tropas nazis en sus
operaciones de conquista, subrayando la eficacia
bélica de los que sacrificaban su vida sabiendo
que el paraíso después de la muerte sería su
recompensa».
(Eduardo
PUNSET, El viaje a la felicidad, p. 18)
Por ello mismo ha sido y es causa de
que se viertan ríos de sangre, que, tal
vez con
los reyes y las patrias, es el mayor "arma
de destrucción masiva" inventada hasta ahora,
porque los pueblos, las castas y las clases pelean por
imponer su particular visión de Dios, que es tanto
como su modo de vida, su identidad nacional o personal,
porque Dios y la religión no es otra cosa que su
legitimación. Se luchaba y se lucha por el poder en
sus diversos aspectos, pero la fuerza se incrementa con el
convencimiento propio, una bandera es muy útil, dice
Arsuaga, y la persuasión ajena. Dios
es amor, dice el cristianismo. Sin embargo, como los antiguos
a sus dioses paganos, como los
mexicas a Huitzilipochli, el Colibrí del
Sur, le ha ofrecido innumerables
hecatombes. La práctica
contradice la teoría y la palabra. Por cierto, nadie
ha explicado satisfactoriamente dónde estaba o qué
hacía Dios mientras sus hijos se mataban en su nombre.
¿Tan poco amor sentía por ellos?
«Es
insólito e incomprensible que dos de las tres
invenciones más sofisticadas y de mayor impacto de la
mente humana -la religión, la política y el
arte...-, nacidas, justamente, para proteger a los homínidos
del miedo, se hayan vuelto instrumentos de terrores
indecibles y hayan permanecido ajenos por completo a las
ansias primordiales de felicidad para cuya consecución
se alumbraron».
(Eduardo
PUNSET, El viaje a la felicidad).
Como se desprende
de lo anterior, la ideología no sólo sirve para
convencer a las clases dominadas, también contribuye a
dar seguridad en su destino a las clases
dominantes, porque,
salvo excepciones patológicas, nadie se reconoce como
criminal o ladrón. Así, la ideología
también sirve para que los poderosos se sientan
revalidados y legitimados por Dios, la Razón, la
Historia, la Nación, la Revolución, la Raza o
simplemente el linaje, que la mitología legitimadora
es un árbol muy frondoso. No de otro modo la Iglesia,
por medio del Santo Oficio, pudo cometer tantos crímenes.
También la Iglesia santificó y calificó
de Cruzada la lucha de clases que enfrentó a los
poderosos con la República democrática de 1931
y llevó bajo palio al caudillo vencedor. O sea, la
ideología es un instrumento o artefacto de ida y
vuelta.
Estas
estructuras funcionan como variables interdependientes dentro
de un sistema social, aunque la estructura económica
es determinante en última instancia, por
la muy elemental razón de que sus actividades
satisfacen las necesidades básicas de todo ser vivo,
todas las relativas a la subsistencia, sin cuyo logro no se
darían las otras estructuras.
4.
Un Saber De Combate
La tarea del
historiador, por tanto, consiste en desmontar la ideología
oficial o "deconstruir la mitología del poder"
(Marina) y conocer la realidad social, de igual modo que la
del astrónomo, el biólogo o el físico es
conocer el cielo y la tierra más allá de los
mitos que han tratado de explicarlos. Pero no es fácil.
Ya hemos mencionado a Giordano Bruno, Galileo Galilei y
Charles Darwin. ¿Recuerdan además las
maldiciones lanzadas sobre Karl Marx? Raro es el científico
que no tiene que remover el espeso muro de mitos y prejuicios
con que los poderosos han defendido o defienden su posición
dominante. Recuerden el Nihil
Obstat, el Syllabus
o "Índice
de libros prohibidos".
Porque toda
acción personal está cargada de sentido, de ahí
la necesidad de entender lo que somos y hacemos, la necesidad
de estudiar historia. Dicho de otro modo, nuestra mente se ha
formado, como la llanura aluvial de los ríos,
con los materiales que la historia ha arrastrado hasta
nosotros y todas nuestras acciones no sólo implican la
historia universal, sino que además tienden a mantener
o subvertir, lo sepamos o no, nos guste o no, el orden social
en que vivimos.
Todo presente, por
tanto, es a la vez el pasado y en el pasado sólo
buscamos el presente. Es decir, el pasado que el
historiador interpreta no es un pasado fijo, sino que se
mueve según el tiempo desde el que el historiador
observa y la perspectiva social que el historiador adopta,
de modo semejante a como se mueve un paisaje según el
montañero asciende a la cumbre. O lo que es lo mismo,
la historia que al historiador interesa es la que le permite
entender su presente y no otra; porque para nosotros nada hay
tan importante como nuestra propia vida y todo lo que hacemos
cobra sentido en función de su conservación y
mejora. Por tanto, aún cuando no seamos conscientes de
ello, estudiamos e interpretamos el pasado desde la
preocupación por el presente y al mismo tiempo el
presente ilumina nuestra percepción del pasado.
A todo lo cual
podemos añadir una nueva matización; porque,
como queda apuntado, el presente no es unívoco, sino
que aparece atravesado por múltiples tensiones que son
resultado de un permanente choque de intereses también
múltiples. ¿Qué perspectiva debe elegir
el historiador? De otro modo: en una sociedad donde se cruzan
tantos intereses y se lucha a muerte en su defensa,
nuestra última guerra civil es paradigmática, ésa
es la lucha de clases, ¿a quién puede interesar
el conocimiento del sistema social?
Sin
duda aquella que le permita desvelar la estructura de poder
subyacente en la sociedad de su tiempo. ¿Quién
tiene el poder? ¿Quién y cómo lo ejerce?
¿En nombre de quién? Se
preguntaba Tuñón de Lara. La perspectiva que
permita responder a esa triple pregunta será la del
historiador. Como queda apuntado la
elección no es fácil y puede ser arriesgada,
porque al poder nunca le ha gustado que se descubran sus
intimidades.
Obviamente
hay otras maneras de hacer historia, de hecho siempre se ha
hecho historia al dictado o inspirada por el poder. Basta
leer cualquiera escrita antes del protagonismo político
de la multitud: Los dioses, la Providencia, los reyes,
nobles, sacerdotes... eran los protagonistas del devenir
histórico. El sometimiento y explotación de la
multitud se explicaba según la mitología del
momento o la multitud simplemente no aparecía. O sea, era una historia sin valor científico,
inspirada sólo por los intereses de los
poderosos, como las explicaciones que se
daban del origen del mundo, la vida y
los humanos. Dicho de otra manera, no era historia, sino
propaganda política.
En la Facultad
donde yo estudié historia, se dedicaba más
tiempo a la España antigua que a la contemporánea.
Es de locos, comentó un día el profesor Jover
Zamora. No era de locos y el profesor Jover lo sabía
bien, la Dictadura era muy consciente de su origen ilegal e
ilegítimo y no quería que los estudiantes
conocieran el camino recorrido por los españoles para
llegar hasta allí. Contaba un mito y dificultaba el
conocimiento de la realidad.
Lo
cual nos descubre una dimensión inesperada en el
historiador, la política: toda historia se escribe
contra o al servicio del poder, toda
historia es un saber de combate,
porque toda sociedad es un campo de batalla donde las clases
sociales pugnan por el reparto de la plusvalía o
excedente social, el mundo es un campo de batalla
donde los caudillos de las naciones, los líderes de
las manadas humanas, los pastores de pueblos, que decía
el viejo Homero, se disputan el espacio, los recursos
y el liderazgo.
Por tanto sólo la historia que se escribe desde la
perspectiva de los oprimidos, excluidos y silenciados, que
son los únicos interesados en descubrir los engranajes
del poder, puede alcanzar un
carácter científico. Las otras tan sólo
son propaganda o cortinas de humo.
O sea, estudiamos
historia porque vivimos en la historia y necesitamos conocer
su funcionamiento para cambiarla y hacerla mejor, para
adaptarla a nuestras necesidades en definitiva, que todos los
saberes son instrumentales en tanto que nos permiten mejorar
nuestra condición, la condición humana.
Estudiamos historia
para ser más, pero también para aprender a
gozar del patrimonio que la historia, la humanidad que nos ha
precedido, nos ha legado.
Apunte
bibliográfico
BRAUDEL,
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y las Ciencias Sociales (Madrid, Alianza
Ed., 1968), 214
págs.
CARR, Edward H., ¿Qué
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págs.
CHILDE, V.
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sucedió en la historia (Barcelona,
Ed. Planteta-Agostini, 1985), 301 págs.
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Mircea, Mito y
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FEBVRE,
Lucien, Combates por
la historia (Barcelona, Ed. Ariel, ), 246 págs.
HARNECKER, Marta, Los
conceptos elementales del materialismo histórico
(Madrid, Siglo XXI Ed., 1973), 341 págs.
MARINA, José Antonio, La
pasión del poder. Teoría y práctica de
la dominación (Barcelona, Ed. Anagrama, 2008), 229
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MARINA, José Antonio,
Ética para náufragos (Barcelona,
Ed.
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MARX,
Karl, Manuscritos.
Economía y filosofía (Madrid, Alianza
Ed.,
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MARX, Carlos y
ENGELS, Federico,
Manifiesto del Partido Comunista en Obras escogidas
(Madrid, Ed. Fundamentos, 1975), t. I, págs. 21-55.
MARX, Carlos, La lucha de
clases en Francia de 1948 a 1850 en MARX, Carlos y
ENGELS, Federico, Obras escogidas (Madrid,
Ed.
Fundamentos, 1975)), t. I, págs. 112-245.
PRIETO
ARCINIEGA, A. M., La
historia como arma de la reacción (Madrid, Akal
Ed., 1976), 111 págs.

  
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