Están clavadas dos cruces...
(De vencedores y vencidos)

En Sevilla están clavadas muchas cruces, acaso más que en ningún otro lugar del mundo, algunas de las cuales salen a la calle durante la semana, con la luna de primavera en el cielo, en que se conmemora la pasión y muerte del que se llamó a sí mismo Hijo del Hombre.

Kouros de Anavysos (s. -VI)Porque de igual modo que los antiguos griegos, particularmente los atenienses, erigían estatuas a los jóvenes campeones que habían triunfado en los juegos panhelénicos y consagraban imágenes a Febo Apolo, así los andaluces, particularmente los sevillanos, levantan cruces con el Hijo del Hombre clavado en ellas por mandato de la autoridad imperial romana a petición de quienes en su palabra veían un peligro para el orden político y social vigente. 

Diadúmenos de Policleto (s. -V)El de los atenienses era un rito apolíneo, heroico, en que se exaltaba la belleza, la felicidad y la vida. El de los sevillanos, sin embargo, es un rito dionisíaco (antes y después el fino Jerez y la manzanilla Sanlúcar corren por las tabernas) en que se gloria el sufrimiento, el dolor y la muerte.

El de los griegos era un rito de vencedores, porque era la nobleza que competía en los estadios quien inspiraba a los artistas. Una liturgia de vencidos es la de los sevillanos, porque son los gremios de trabajadores y artesanos, en inmensa mayoría, los que encargan y sacan en procesión unas imágenes que evocan el suplicio de un condenado, de un rebelde antisistema y revolucionario radical. Lo cual no impide que también los poderosos asuman y se apropien del dogma, la liturgia y las imágenes, lo vienen haciendo desde Constantino. Es una batalla ideológica que no cesa.

Hermes de Praxiteles (s. -IV)Porque desde los tiempos de la reconquista cristiana el pueblo andaluz es un pueblo vencido y sojuzgado, entregado a la codicia de los poderosos. ¿Acaso ha habido en algún otro lugar de este país una mayor concentración de riqueza? ¿Acaso no ha sido esa concentración de riqueza en unas pocas manos la que ha impedido el desarrollo económico y social de Andalucía?

Así, los andaluces, y en particular los sevillanos, proyectaron sobre el Hijo de Dios clavado en la cruz, un vencido que al final de los tiempos saldrá vencedor ("Largo me lo fiáis", dirá el Tenorio don Juan) todas sus ansias de redención y libertad, de revancha contra los poderosos, la propia Iglesia incluida (no otra fue la razón de la quema de imágenes por las "turbas revolucionarias", la siempre temida rebelión de los vencidos), que los oprimían, especialmente en un momento, el siglo XVII, en que el sueño imperial de la Monarquía se desvanecía, se hacía más oprimente el poder de los grandes y las pestes sucesivas los empujaban a la desolación y la muerte.

Así las cruces y crucificados se levantaron como un clamor mudo.


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Aurelio Mena Hornero