En 2002 Manuel Hernández León talló una imagen de la patrona de Arahal, Santa María Magdalena, para esa localidad de la Campiña. Luego en la revista El Pabilo explicó todo el proceso y las técnicas de ejecución. Lo que a continuación sigue es un extracto del artículo.

 

 

La imagen de Santa María Magdalena

Manuel Hernández León

La iconografía... es la de una Magdalena penitente de pie, con cabellera tallada y de vestir, con la mano derecha sobre el pecho y en la izquierda sosteniendo un crucifijo, con la mirada hacia él, pies descalzos y peana campestre tallada. Aunque de vestir, no la he hecho de candelero, sino anatómica.

Me puse a trabajar en ella..., tallé la cabeza con torso hasta las caderas en una pieza, piernas anatómicas erguidas, pero una más avanzada que la otra, como dando un paso, pies pequeños sobre peana de empedrado, brazos y manos articulados con la innovación de bolas y espigones pegados para que brazos y antebrazos giren sobre la bola y al apretarlos no se caigan como pasaba con modelos anteriores; los llamados de galletas.

Una vez todas las piezas talladas, procedí a vaciar los ojos de madera haciéndole un corte vertical en el occipital, para no cortar la mascarilla y que algún día se señalara el corte, tarea mucho mas penosa y delicada, puesto que hay que horadar desde el occipital hasta los orbiculares, o sea todo el cráneo y con mucho cuidado de no partir los párpados que quedan muy finos para que el ojo de cristal venga hacia fuera con una fina pestaña de madera. Una vez realizada esta operación se fijan los ojos de cristal a las cavidades con cera y se rellenan los huecos con paños encolados, se pega la abertura trasera. Después se precede a pegar las piernas mediante escopladuras y teleras de la misma madera, dándole el giro necesario a las piernas, para después adaptarlas a la peana rectangular de 0,07 metros de altura, talla empedrada como he dicho antes. Se le colocan los brazos y así queda terminada la labor de madera, no sin antes afinar con mucha lija toda la talla.

Después viene otra tarea, cual es restañar todos los ensambles y uniones por medio de fibra de cristal, para cuando esperecen las maderas (como vegetal que es y propenso a los cambios climáticos) no sufra la imagen ni su encarnadura, y no repercutan en nada esos movimientos.

Otro proceso posterior es encolar toda la figura con cola de conejo (cola totin) y una vez seca dar el aparejo a toda ella consistente en una pasta a base de cola y sulfato en caliente (este proceso se repetirá una vez seco tres o cuatro veces hasta que tome un grueso proporcionado, ya que posteriormente hay que afinar dicho aparejo con lijas de distintos gruesos hasta dejaría bien pulida).

Realizada esta labor estará a punto de dar la policromía, que se hará dándole antes una mano de laca con alcohol y una vez seca dar una imprimación de encarnadura a base de óleos y algo de esmalte a fin de endurecer la capa, después se le practican dos capas más a base de veladuras y frescores, se pintan cabellos, cejas, pestañas inferiores (las superiores van con pelo natural), se pintan labios, dientes, uñas, etc. Una vez ultimado esto se procederá a dar una última veladura y colocarle el pelo trasero, que se ha tallado suelto para poder trabajar la espalda y cuello, se estucarán las uniones y se le dará la laca y policromía de esa parte, así queda una abertura para colocarle la túnica en su sitio, y el pelo caiga por encima. Se ultima con una mano de encerado. En el interior del cráneo lleva una nota con la firma y fecha de ejecución de la obra.

Como se ve tiene trabajo y dedicación, pero al que le gusta, como a mí, y creo que a la mayoría de los imagineros, no le pesa, pues es una labor que se hace con mucho amor y vocación, no de otra forma se conseguiría.

Tengo realizadas mas de 350 obras y cada vez que tengo un nuevo encargo gozo como un chiquillo y me entusiasmo de tal manera y con tal ilusión que en ello va mi vida. Yo a eso le llamo vocación, pues el que lo hace por la parte crematística difícilmente le quedaría bien pues en la imagen queda reflejada; 1º la forma de ser de la persona, 2º si lo ha hecho con sentimiento religioso, pues si no lo vive en su vida diaria y no esta unido al que todo lo crea, podrá ser un buen escultor (por el oficio aprendido) pero no un buen imaginero. La imagen tiene que transmitir, para poder hablar con ella, pedirle amparo y darle gracias por los favores conseguidos, pero si la imagen no tiene unción y no te atrae no vale para lo que queremos que sea (un vínculo de transmisión del hombre con su Dios).

(El Pabilo, Revista de Semana Santa, Arahal (Sevilla), marzo 2003, págs. 75-77).