| QUIJOTEANDO | EL
QUIJOTE |
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Última actualización: 20-12-2007
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O el big bang de la fórmulas de ficción modernas pues las contiene a todas y da lugar a una nueva forma de concebir y escribir novelas que perdura hasta la actualidad. Todo eso y mucho más es el Quijote. LA GÉNESIS DE LA OBRA EL PERSONAJE LOS TRES QUIJOTES VIDA Y LITERATURA LA VIDA COMO NOVELA LA GÉNESIS DE LA OBRA Simplificando la situación, los escritores del siglo XVII tenían dos formas de escribir en prosa. O escribían poesía (es decir las cosas como "podían haber sucedido") o escribían historia (los hechos tal y como "habían sucedido"). Esta leve diferencia semántica es la clave de un dilema histórico secular. La poesía, tal como la concibes actualmente, implica algunas convenciones difíciles de asumir por parte de la prosa y la historia... no es ficción tal como la entendemos hoy. ¿Qué ocurría entonces con los autores de novela?- pensarás. Pues carecían de prestigio literario. Y esto en los siglos áureos no era tolerable. Así pues, la ficción en prosa recurre a una artimaña evidente: disfrazarse de historia haciéndose pasar por realidad. Este truco fue empleado hasta el abuso por los autores de caballerías y los críticos censuraban sin descanso el desmán porque era evidente que aquel mundo de gigantes, enanos y brujos no podía ser real. Entre quienes rechazan este trampantojo caballeresco se encuentra Cervantes, testigo de las barbaridades con las que los autores de caballerías intentaban convencer a los lectores de que las gestas de Primaleón, Félix Marte de Hircania o Tablante de Ricamonte eran verdad, historia. Así pues, Cervantes decide dar una réplica burlesca a estos autores impostores. Concibe una parodia de las caballerías completamente real e histórica, trasladando los tópicos habituales de las caballerías a un medio prosaico como los caminos de la Mancha, región medio desértica muy desconocida en su tiempo. Al tratarse de una parodia (género literario libre de convenciones e imposiciones), Cervantes es libre de hacer y deshacer a su antojo. Y de aquí nace el Quijote, la historia de un lector enloquecido por las caballerías que se dispone a llevar a la práctica cuanto ha leído en sus libros ya que éstos se plantean como "verdaderos". Ya tenemos en el telar la estructura general de la obra. Y a continuación, Cervantes crea a su protagonista dando otra vuelta de tuerca a su propósito paródico. Veamos cómo. EL PERSONAJE Antes de centrarnos en don Quijote, tenemos que deternos forzosamente en dos consideraciones. En primer lugar hay que decir que los libros de caballerías funcionan en el XVII como auténticos best-sellers si me permites este anacronismo. Los leen todos los que saben y los conocen todos los demás ya que es frecuente que se lean en público. Esto quiere decir que todo el mundo sabe quién es Amadís de Gaula, el más famoso de los caballeros andantes de nuestras letras (la primera versión a cargo de Garci Rodríguez de Montalvo aparece en 1508 pero se prolonga en sagas inacabables) y conoce sus aventuras, su ambiente mágico y sus triunfos en armas y amores. El segundo aspecto clave es el del modelo parodiado. Para don Quijote el mejor de los caballeros que en el mundo fueron es sin duda Amadís. Cervantes lleva a cabo una burla brutal a la hora de concebir y crear al de la Triste Figura, pues todo él es la versión invertida y grotesca del de Gaula. Observa el siguiente cuadro y no pierdas de vista que todo el mundo tiene en mente la imagen idealizada y heroica de Amadís:
Por lo tanto, la mera presencia de don Quijote, llamándose a sí mismo caballero andante, saliendo a vivir "las aventuras", hablando de encantadores, ínsulas, damas y castillos es para desternillarse de risa. Y así ocurrió. La fama del Quijote es inmediata y no deja de crecer hasta el punto de que la figura alargada y enjuta del loco Quijote flanqueado por el sin par Panza se convierte muy pronto en una imagen asimilada y admirada por la sociedad de su tiempo. LOS TRES QUIJOTES Sí, has leído bien: tres. A los dos que ya conoces (Primera Parte: 1605 y Segunda: 1615), hay que unir el Falso Quijote, la superchería literaria más enigmática y cuya autoría sigue trayendo de cabeza a todo el cervantismo. En el cierre del Primer Quijote, Cervantes se despide con una cita de Ariosto: "Forse altro cantera con miglior plectio". Desde ese momento, sabes que se entregó al frenesí de la escritura dando a las prensas teatro, poesía, novelas... Nunca pudo imaginar que alguien se tomaría la cita al pie de la letra y escribiría una segunda parte del Quijote. Y que ésta vería la luz antes que la suya propia... En 1614 aparece con pie de imprenta falsificado y firmado por el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas, el Segundo Tomo de las aventuras del ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Esta obra, escrita para ofender a Cervantes, nos presenta a un don Quijote desamorado y loco de atar y a un Sancho grosero, interesado y ruin con su señor. La tropelía tiene efectos inmediatos en la segunda parte original. Cervantes cambia el rumbo de sus personajes y alude en numerosas ocasiones al apócrifo transformando la herida en burlas de una ironía genial. De este Falso Quijote nos interesa destacar dos aspectos. En cuanto a su autoría, no podemos concluir nada pero sí apuntar, con la mayor parte de la crítica, la cercanía del autor al círculo de Lope que es citado y alabado varias veces en el texto, así como la "oportunidad" de su aparición. Cervantes estaba entregado a la composición de la que será su última obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda - la que creía sería su obra maestra- y la irrupción del Quijote apócrifo le hace dejar de lado temporalmente el Persiles para rematar su segunda parte original, cambiando sus planes. Persiles aparecerá póstumo y su último libro adolece de la prisa de la carrera contra la muerte de su autor. Sin el Falso Quijote es lógico pensar que quizás el que hubiera quedado mermado hubiera sido precisamente el Quijote. En cuanto a Avellaneda, parece que Cervantes supo quién se escondía bajo el disfraz de quien se dice natural de Valladolid "siendo aragonés" en realidad. Si nunca da su nombre en su obra es quizás para vengarse y no dar fama ni posteridad al autor tras el pseudónimo según el principio renacentista de que la palabra literaria salva del olvido a quienes nombra. De entre los múltiples guiños burlescos al apócrifo, tenemos que recordar el episodio de don Álvaro de Tarfe, personaje del Falso Quijote, que aparecerá en el verdadero para dar testimonio ante la autoridad de que el único y verdadero caballero de la Mancha es el don Quijote de Cervantes... Por otra parte, al hacer que sus criaturas critiquen al principio de esta segunda parte pasajes de la primera, Cervantes anula de un plumazo la continuación falsa suprimiendo el tiempo que media entre ellas y al intruso. VIDA Y LITERATURA Pero hay mucho más. Siguiendo su intención decididamente paródica, Cervantes vierte toda la literatura caballeresca en la vida real y corriente de un hidalgo de lugarón de la Mancha que sostendrá con la fe de su imaginación la existencia de un mundo fantasioso y falso por ser ficción. Con consecuencias insospechadas. En su afán por burlarse de la ficción de caballerías crea a un presunto loco que será finalmente caballero andante... pero ¿cómo consigue que lo que critica por falso se vuelva verdadero? Evidentemente hay varios niveles de explicación. Empecemos por el más simple. Que don Quijote esté loco por los libros de caballerías hace que todo el que lo conoce o se cruce en su camino resulte más verdadero que él, más cercano al lector, pues enseguida le califican de loco disparatado haciendo un juicio similar al nuestro. Pero... ¿y si esos mismos "cuerdos" a los que tan cercanos se siente el lector resultasen ellos mismos otros tantos personajes ficcionales procedentes de otros géneros literarios novelescos? Este curioso desdoblamiento de planos hace que personajes de novela pastoril (Marcela y Grisóstomo), novela sentimental (don Luis y doña Clara), novella italiana (Curioso Impertinente), novela de cautivos (el Capitán cautivo), intriga tragicómica (Fernando, Cardenio, Luscinda y Dorotea) parezcan históricos y verdaderos. Por otra parte no hay que olvidar que la vida y aventuras de don Quijote es la suma de intertextos y aventuras caballerescas previas, lo cual hace del protagonista una especie de nuevo Bibliotecario de Arcimboldo pero a la caballeresca. Junto a todo esto hay que recordar igualmente la presencia recurrente del Romancero, las poesías de diverso género, el refranero, los cuentos y chascarrillos y las conversaciones críticas sobre la literatura. Y todo se manifiesta dentro de una macroestructura dialogada que nos remite a uno de los géneros preferidos del Renacimiento: el diálogo como cauce de expresión y acuerdo entre posturas distintas. El texto exhibe pues una inflación libresca extrema que no sólo no hace peligrar su verosimilitud - aunque parece su objetivo -, sino que consigue transustanciar todo ese caudal ficcional y convertirlo en vida, la gran metamorofosis del arte ficiconal. El Quijote, gigantesco palimpsesto, no es un hallazgo casual ni un juguete paródico. Es un desafío superado por un narrador capaz de escribir desde todas las perspectivas de la ficción disponibles en su tiempo. Por otra parte está la filosofía "baciyelmo" que recorre la novela entera, como su columna vertebral. Recordemos el episodio del famoso objeto. La bacía robada a un barbero le parece a don Quijote el famoso yelmo de Mambrino. Cuestionada la verdadera entidad del objeto, don Quijote sentencia: "y así eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa" (I, XXV). Observamos que la verdad de las cosas empieza a desdibujarse para pasar a depender de la percepción del que la observa. Y esta indefinición se traslada a los episodios de la novela. Así, la verdad de las visiones de don Quijote en la cueva de Montesinos o el vuelo fantástico de Sancho a lomos de Clavileño serán pactadas por sus dos protagonistas que resuelven con su debate el problemático asunto de la verdad de la ficción... al no decidir nada. Que don Quijote soñara o no, que Sancho volara o no son asuntos cuya verosimilitud tiene que decidir el lector, un lector que por primera vez se enfrenta a una ficción moderna donde no se le impone lo verdadero o lo falso. Este lector se verá además asaltado en numerosas ocasiones por la cuestión palpitante de la verdad de don Quijote: ¿existió o no? Recordemos que Cervantes recurre a un sistema de narradores interpuestos que le separan de su ficción pues él no es el padre sino el "padrastro" de don Quijote, transcriptor de una historia narrada por el cronista arábigo Cide Hamete Benengeli, traducida a su vez por otra mano. Además, las críticas de los personajes en la segunda parte a episodios de la primera y al autor del que llega a asegurar Sancho que había mezclado "berzas con capachos" hace que el lector - conocedor de los episodios de la primera parte igual que don Quijote y Sancho-, se sitúe exactamente en el mismo nivel de realidad que ellos y esta sintonía dota a los personajes de una dosis de verdad vertiginosa. Una verdad que está más allá del debate poesía-historia y que desafía y vence la separación entre la vida y la literatura inaugurando un territorio literario nuevo, el de la novela moderna, en el cual seguimos moviéndonos. LA VIDA COMO NOVELA ¿De dónde saca don Quijote la energía para transformar su vida en una novela? De la fuerza de su imaginación y de la fe en la verdad de las mentiras que ha leído como verdaderas, engañado por los embustes de las caballerías que se planteaban siempre como historias reales. Lo que importa no es el fracaso al que se ve abocado desde antes de empezar - pues no hay caballeros andantes y si los hubo su tiempo había pasado hacía siglos-, es decir: no importa que los molinos no sean gigantes o que los galeotes sean canallas ni siquiera que Dulcinea sea una aldeana de pelo en pecho. Lo importante es que don Quijote se convierte él mismo en poesía en estado puro pues no será ya quien era - Alonso Quijano- sino quien quería ser : el Caballero de los Leones. Esta transfiguración se sustenta en el poder de la palabra: la venta será castillo por la fuerza de su discursoque dicta a la realidad lo que debe ser, y los rebaños ejércitos, porque así lo decide y lo dice él. Es la mayor afirmación del poder alquímico de la palabra poética. Y es también la sublimación del poder sin límites de la ficción. En la actualidad, la antropología cultural y la teoría literaria coinciden en ubicar la atracción que las ficciones ejercen sobre nosotros en lo que Vargas Llosa define a la perfección como el deseo de vivir otras vidas, constante humana a través de los siglos. Ya que sólo podemos tener una vida, muchos de nuestros sueños se materializan imaginariamente en las vidas de ficción, las que podemos vivir de forma vicaria a través de personajes de novela o de cine. Si no podemos ser ya caballeros andantes o agentes secretos ni héroes espaciales... la ficción nos hace creer que lo somos durante el tiempo que dura su hechizo narcótico. Y esa experiencia nuestra la sublima don Quijote, con todas las consecuencias y por encima de las tiranías con que la realidad nos atrapa. Que esté loco es por ello algo sin importancia. |