Morfológicamente ofrece la fisonomía característica
de las poblaciones de la Serena, con calles amplias y edificaciones
de una sola planta y doblado, fachada encalada, elementos de granito y
blasones que testimonian su hidalguía. Muestras valiosas de esta arquitectura
son las mansiones de los Condes de los Campos de Orellana y otras
que proliferan en las calles de este título y en las de la Peña,
Cilla, Plaza Baja y otras.
El hito constructivo más señalado es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, obra de gran cuerpo sobre terraza, con planta de cruz latina, portadas laterales de diseño clasicista entre contrafuertes y torre cupulada. Al interior destaca la cabecera, de mayor elevación que la nave, con cúpula sobre pechinas que exteriormente se significa por el cuerpo cuadrangular que la envuelve. Entre sus contenidos merece citarse una buena talla del XVI de la Virgen de Valvanera.

A seis kilómetros se sitúa la ermita de Ntra. Sra. De la Antigua, en la que se celebran concurridas romerías. La construcción, originaria del siglo XV y de acusado sabor popular, cuenta con un elemento poco habitual en este tipo de realizaciones, una torre separada del cuerpo principal, edificada en piedra y sillares.
Otros testimonios que patentizan la existencia en ese lugar de asentamientos remotos, son el ara romana utilizada como pila de agua bendita en la ermita, y las numerosas tumbas antropomorfas excavadas en la roca que proliferan en las inmediaciones. Próximo también, sobre el río Ortigas, se encuentra un valioso puente medieval. La obra, de presumible origen romano y rehecha en la Edad Media, está edificada en piedra y sillería, contando con seis arcos.