¡Esto es una marcha cicloturista!

VI Marcha Cicloturista "Ciudad de Córdoba"

(Córdoba, 11 de julio de 2004)


Así gritaba un veterano, que luego precisamente recibió la distinción al de más edad, cuando al llegar a Posadas, en el cruce con la A-433, punto kilométrico 34,6 de la marcha, los motoristas de Tráfico nos interceptaron con la pretensión de que nos quitásemos los dorsales antes de seguir. Al parecer habíamos llegado a ese punto fuera de control y se nos pretendía excluir de la marcha, carrera, prueba o lo que fuera aquello, porque ya no se sabe. El título era de "marcha cicloturista", aunque el artículo 3 del reglamento decía "CICLORUTA MEDIO FONDO" (donde debería decir "ciclorruta" o "ciclo-ruta").

Habíamos echado a rodar en el polideportivo "Vista Alegre", según lo habitual, y buscado luego la salida en recorrido neutralizo por las calles de la ciudad, pero esta vez hubo tres novedades. El ritmo ha sido de paseo, a este ritmo no vamos a calentar, dijo uno. Nos han metido por el casco viejo, hasta por la plaza de las Tendillas hemos pasado y el templo romano de la calle Claudio Marcelo; cuestión de imagen, supongo, porque no hacía falta, aunque a esa hora de la mañana fueron muy pocos los cordobeses o turistas que se enteraron. Durante este paseo fue cuando se me acercó un muchacho de Madrid, que yo llevaba la camiseta de la Federación Madrileña, del Pueblo Nuevo era, hablamos y le comenté que la de Córdoba se parecía a la de la Sierra Norte de Madrid. Ya me has hundido, comentó. Finalmente hemos parado en la avenida de la Torrecilla para tomar la salida cronometrada, luego de 7,3 kilómetros neutralizados, según el rutómetro, y uno, según el reglamento; la media entre las dos cantidades fue seguramente la distancia real. Importa señalarlo porque no fue la única contradicción.

Nada más tomar la salida se puso en marcha el reloj del coche del director de "carrera" y el pelotón comenzó a rodar fuerte. A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Enfilamos la CV-234 y la CO-120 hacia Almodóvar, una carretera recién asfaltada me habían dicho, en vez de meternos directamente por la C-431 hacia Posadas como en otras ediciones. Sin duda se trataba de evitar accidentes como el del año pasado, pero antes de llegar a Almodóvar ya hubo dos repechos que hicieron trizas el pelotón. Por esos pagos ya me había quedado sólo con un tipo que llevaba una camiseta de una industria gráfica, Juan se llamaba. Bueno, si estamos los últimos, vamos a ir juntos. Sin embargo, cuando nos paró la Guardia Civil en el cruce de Posadas, llegó a poco un pelotón de treinta o cuarenta unidades. No falla, siempre hay gente por detrás, que ya me lo dijo uno en el puerto de Santa Inés, camino de las lagunas de Neila. Y todavía viene un montón por detrás, dijo un muchacho.

Hubo protestas, el agente de la Benemérita no paraba de hablar por teléfono y al final continuamos sin que casi nadie se quitara el dorsal. El reglamento de la "marcha" sólo decía en el artículo 8 que «el participante que no se encuentre en condiciones para mantener el horario previsto a partir del Km. 80, deberá abandonar la prueba». ¿Cuál horario, el de 34 Km/h o el de 20 Km/h? Pero es que estábamos en el Km. 34,6. ¿Nos descontarían los jueces aquellos dos o tres minutos debidos a un fallo de la organización? Porque a mí me importan un bledo los tiempos, pero ya que se lo toman tan en serio... De todos modos aquel parón sirvió para reagrupar el "autobús" de los descolgados, que de nuevo se estiró por los secarrales del pie de sierra.

El avituallamiento sólido estaba en el puerto de la Forestal. La subida se me hizo penosa, no por el puerto, sino porque durante toda la subida tuve detrás de mí el ronroneo de la ambulancia dándome escolta, que a esas alturas, desde el avituallamiento líquido en el Km. 44,1, ya pedaleaba solo. ¿Tan mal me veían? ¿Hace mucho tiempo que pasaron los primeros?, preguntó uno en el puerto. Hace ya más de una hora que pasaron y también iban desperdigados, muy estirados, el primero ni se detuvo y el segundo cogió un botellín de agua sobre la marcha. Esos ni se paran.

Al puerto de los Boquerones, Km. 79,3, llegó Juan, el de las Gráficas o Estampillas Nacho, reventado. Ya no puedo más, dijo, aquí me quedo y me subo al autobús. Pues yo sigo, si he llegado hasta aquí, bien puedo hacer los treinta kilómetros que me quedan. Falta todavía el puerto de Atarfi, que son seis kilómetros. Me da igual. Lo peor quedaba atrás, una carretera pestosa llena de baches «Peligro. Carretera en muy mal estado en 15 Kms», decía un rótulo—, la calor de los secarrales y la fuente donde el año anterior competíamos con las avispas por el agua. Este año sin embargo el agua ha sido abundante y fresca en los cuatro avituallamientos. Subí cómodo el Atarfi, que acababa de estrenar un tercer plato de treinta dientes, sólo las lumbares y los pies me molestaban; las lumbares ya me habían dolido hacia la mitad del recorrido, que el palo de los años es inexorable, pero había remitido. Hacía la mitad del puerto me rebasó el autobús donde iba Juan y algunos otros, pocos me pareció, pero afortunadamente se detuvo a esperar, que habría sido muy deprimente llevarlo por delante.

Ya sólo quedan diez kilómetros, me dijeron en el último avituallamiento líquido mientras me alargaban un botellín de agua. Allí alcancé a uno que pedaleaba con dificultades. Se me ha puesto una bola y he tenido que subir los dos últimos kilómetros andando, dijo. Lo llevé a rueda en el falso llano de Trassierra, pero en la bajada se me quedó atrás.

La toma de tiempo estaba en la avenida Arroyo del Moro, allí me quitaron el chip y me tomaron el tiempo, luego me perdí, en la travesía hasta el polideportivo me perdí y acabé en la plaza de toros, que en las glorietas sólo había un pequeño rótulo que indicaba la ruta y en alguna de ellas no lo vi y tomé un camino equivocado. A Juan, que debía haberse bajado del autobús, le sucedió lo mismo y acabó en la estación del AVE.

Esta vez se bajó directo a la ciudad desde Santa María de Trassierra en un recorrido unificado de 107,7 kilómetros cronometrados, según la organización. Mejor.