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Teoría de la historia
UNA CRÓNICA DEL HORROR
Ensayo de
Historia de España
©
Aurelio Mena Hornero
La guerra es el
padre de todas las cosas.
(HERÁCLITOS)
Mirad que os envío
como a ovejas en medio de lobos.
(JESÚS de Nazaret,
Mateo, 10, 16).
[Los neanderthales dominaban el fuego, pero no fue
suficiente...] Porque no tenían bandera, que es algo muy útil y al tiempo
una tragedia. Llegamos nosotros después y formamos grupos, parentesco,
ideología, símbolos. Cuanto mayores eran los grupos que se formaban, más
grandes eran sus cerebros. Pero también cuanto más crecían, más competían
entre sí [...] Eso es tan humano como la tecnología. Pero hay más. En la
biología hay algo análogo a las empresas. En la selección natural nos
diferencia la competencia. A todos los niveles. Las crías de la misma camada
compiten por la leche materna. Hay una jerarquía de la competencia. A nivel
de biosfera, con otras especies; a nivel de especie, con otros grupos; a
nivel de familia, con individuos [...] Pero no es ésa la cuestión. La
cuestión es si somos más felices ahora que antes, que los de Altamira, que
los griegos. Yo creo que la tecnología no nos hace más felices. No aporta ni
un átomo, ni un gramo a la felicidad.
(Juan Luis ARSUAGA, EL PAÍS, 8-VIII-06)
Soy francés y peruano, puro
producto de cinco siglos de idas y vueltas de la historia de dos
continentes.
No sé si en España se enseña la historia de la
conquista de la misma manera que en América Latina; recuerdo que de niño me
sorprendió mucho la historia del rescate propuesto por los incas para
recuperar a Atahualpa: se llenó un lugar enorme de oro y plata venida de
todo el imperio para salvar a nuestro soberano. No sirvió de nada, los
conquistadores se lo cargaron igual.
Cuál sería mi sorpresa al contar
esta historia a amigos del culo del mundo y descubrir que todos teníamos
historias de rescates pagados, promesas incumplidas y soberanos finalmente
ajusticiados o exiliados en el mejor de los casos.
Para simplificar el problema y
visualizarlo mejor, todo individuo del tercer mundo que creció en un país
colonizado es potencialmente un Inca: pagó un rescate, pagó su idioma, a
veces su religión, su culpa, su trauma sin poder salvar a su inca...
(Jota CASTRO, La lucha de los Incas, en
Madrid abierto 08).
El día 8 de agosto de 1936, hace
setenta años, un grupo de falangistas fue a buscar a Daniel González Linacero a la casa de Arévalo en que pasaba las vacaciones con su familia y
lo asesinó. Su partida de defunción dice, con elocuente simplicidad, que
falleció" a consecuencia del Movimiento Nacional existente". Tenía treinta y
tres años y dejaba esposa, que vive todavía, y tres hijas de corta edad. La
casa fue cerrada y saqueada.
(Josep
FONTANA, EL PAÍS, 10-VIII-2006)
Un poco de biología
El predador social
¿Evolución biológica v.s.
progreso cultural?
No es el Maligno,
sino los genes
Hijos del Mal
Señas de identidad
Privilegios del liderazgo
La sumisión de los pobres
Doctrinas de
salvación
La
conflictividad humana
Una teoría de
la historia
La Revolución urbana
O sea, el horror, como decía
el personaje de Joseph Conrad, mostró Francisco de Goya o pretendía hacerlo el
pintor de batallas de Arturo Pérez Reverte, porque la ferocidad y crueldad con
que competimos los humanos sin duda es muy superior a las de otras especies
animales y los avances científico técnicos no han hecho más que multiplicar el
horror y el espanto; porque a los poderosos tan sólo el poder y la riqueza
importan, aunque el mundo se hunda con ellos, ya lo dijo cínicamente uno:
Después de mí, el diluvio.
Seguramente todos hemos visto en los
reportajes de National Geografic
cómo una leona solitaria tiene que defender su presa, y a
veces renunciar a ella, ante el acoso de las hienas; cómo el guepardo la
abandona ante el ataque de un león; cómo los buitres huyen cuando las hienas
aparecen; cómo los lobos se la disputan entre sí y la hembra ñu ve impotente
cómo las hienas le arrebatan su cría recién nacida... No de otro modo nos hemos
comportado y comportamos los humanos. ¿Qué otra cosa hizo Cortés en México,
si
no
disputar la presa a Moctezuma? Como manadas de lobos hambrientos cayeron los
castellanos sobre las Indias. ¿Qué, si no, hicieron los gringos que arrebatar su
espacio y recursos a las naciones indias y mexicana? ¿Qué han pretendido hoy
cuando han desembarcado ya por dos veces en Irak? ¿Qué han sido, si no, las
Guerras Mundiales y todas las guerras?
Un poco de biología
La vida aparece cuando determinadas
estructuras moleculares logran, utilizando para ello la energía solar, captar,
elaborar e integrar materiales del medio ambiente, para crecer y reproducirse.
Más tarde algunas de esas estructuras encontrarán más
cómodo, porque el trabajo de los fotosintetizadores es continuo mientras hay luz,
capturar los materiales que otras habían elaborado y así las devoraron:
«Cuando
la primera ameba se tragó a una bacteria viva para alimentarse, el mundo ya
nunca fue el mismo».
(Ken Nealson, biólogo de la NASA, cit. en Eduardo Punset, El viaje a la
felicidad, p. 94).
Con el tiempo las especies evolucionaron, se
diversificaron e hicieron cada vez más complejas con un objetivo único:
conseguir nutrientes más concentrados para ahorrar trabajo. En el estado actual
del proceso encontramos en el vértice de la pirámide trófica a los super predadores, grandes cazadores especializados también en
robar lo que otros cazan: hienas, buitres, leones a veces y el hombre por encima
de todos, el cazador universal sólo accidentalmente cazado, la bestia más letal y
sanguinaria de todas. Nada
de lo que vemos en hienas, leones o lobos es ajeno al género humano, un
formidable cazador social, que, como todos ellos y muchos otros que no son
predadores, compite por la jerarquía, el
territorio y el sexo.
Sorprende sin embargo que algunos de sus representantes más eximios se
hayan espantado de que un
científico, cuyo segundo centenario acabamos de conmemorar, haya establecido que procedemos en línea directa de las
bestias. Pero ese espanto forma parte del combate ideológico, como enseguida veremos, igual que la Capilla Sixtina, el contrapunto de su patrono y
mecenas, el papa Julio II, colérico y ambicioso, «guerrero,
político, estratega, maquinador, absolutista y maquiavélico»,
un predador arquetípico, más parecido a los reyes de su tiempo que al humilde y
pacífico Jesús de Nazaret, de quien se decía sucesor y representante. También es
hermosa la
carrera del guepardo y la silueta del tiburón. La belleza no se
contradice con el horror y la muerte.
El predador social
«El crimen siempre existió: El ser humano, antes
de llevar corbata, era un depredador que consiguió llegar a la cima de la
evolución matando... es algo que no se puede olvidar. Lo llevamos en nuestros
genes».
(José CABRERA,
especialista en Psiquiatría y Medicina Legal).
Sin duda el linaje humano, en todos sus géneros y
especies, es el más eficaz y mortífero predador que ha
recorrido y colonizado el planeta, particularmente la especie Homo
sapiens, la única que subsiste, que ha cazado presas mucho más voluminosas
que sus propios individuos, combatido permanentemente para conseguir y defender presas y
cazaderos, territorios y recursos, y arrasado casi todos los ecosistemas
hasta el exterminio de las especies que los habitaban, incluidas las de sus parientes más próximos,
los grandes simios, casi extinguidos ya, los neandertales y demás especies
humanas, y por supuesto todas
las culturas distintas de la suya propia, consideradas inferiores: naciones
"indias" de Norteamérica, aborígenes
australianos, tribus amazónicas y pigmeos africanos entre las más recientes... hasta que se ha quedado solo sin
competidor posible, aunque aún no se cansa.
En 1787
la ordenanza del Noroeste establecía que los territorios del Oeste eran
propiedad federal, así el Gobierno de los EEUU de Norteamérica
inició una política de venta de tierras a los colonos que fue denunciada con
vehemencia por Tecumseh, jefe de los shawnee, una nación india del
noroeste:
La tierra, proclamó, «jamás estuvo
dividida, y pertenece a todos para el uso
de cada
uno. Nadie tiene el derecho de vender la
menor parcela, ni siquiera a este
o a aquel de nosotros, y menos todavía
a esos extranjeros que lo quieren
todo y no transigirán jamás. Los blancos
no tienen ningún derecho sobre la
tierra de los indios: ellos
fueron los primeros en habitarla, es su tierra».
(cit. por Antonio BARNADÁS,
en La conquista del Oeste: indios, colonos y soldados,
en “Historia. National Geographic”, nº 75).
Ha desarrollado para ello una agresividad, capacidad de
organización y conocimiento de su entorno, que lo ha llevado a proclamarse rey
de la creación y considerar a las demás especies e incluso a los individuos
sometidos de la suya propia meras máquinas animadas: Así,
según Descartes, «los animales son puros autómatas,
máquinas maravillosamente ensambladas, pero carentes en absoluto de todo lo que
de cerca o de lejos pueda llamarse espíritu». Malebranche lo resumía así: «comen sin
placer, lloran sin dolor, actúan sin conocimiento, no desean nada, no saben
nada». Los romanos decían de los esclavos que
eran instrumenta vocalia, instrumentos parlantes, y el
general Philip Sheridan
afirmó en 1875 que
«el
único indio bueno es el indio muerto». La ideología,
o sea, el mito, cuando no la mentira pura y simple, compañera
e instrumento siempre del dominio.
Tremendamente agresivo y predador social. ¿Cómo, si no,
habría podido enfrentarse con éxito a mamuts, ballenas y otras grandes presas?
El instinto social, alimentado por la necesidad, lo ha llevado a buscar la
máxima cohesión en distintos sistemas sociales, familia, clan, tribu, linaje,
nación, para asegurar la supervivencia y el éxito vital, un éxito absoluto como
vemos, al que ha contribuido un invento fundamental en la evolución humana: los
lenguajes, no sólo el hablado, sino también los icónicos, el de las banderas,
que dice Arsuaga. Los pueblos mueren por una bandera, por todo lo que una
bandera representa.
¿Evolución biológica v.s.
progreso cultural?
¿Es la especialización como super predador
social lo que disparó al género humano? Porque las técnicas y estrategias de
caza en grupo son más complejas que la caza individual o la simple recolección y
favorecen el desarrollo inteligente. Los cazadores lo son más que los
recolectores.
El problema surge cuando el cazador nómada
se vuelve sedentario. El cazador explora entonces otros ámbitos, el control de
la naturaleza, el dominio y explotación de multitudes, la guerra predatoria.
Surge la historia, el progreso cultural reemplaza a la evolución biológica y el
ritmo se acelera. Pero la cultura no modifica el capital genético acumulado
durante millones de años: Así la guerra se convierte en
el más lucrativo medio de vida, a veces por falta de recursos, pero en general
porque resulta más cómodo o atractivo robar lo que otros producen en vez de
producirlo, como las hienas, pero con una agresividad muy superior. Los aqueos
alardeaban orgullosos de ser "destructores de ciudades", los caballeros
feudales tenían la guerra como profesión eminente y hasta el siglo XVI no se la
ha puesto en cuestión como actividad legítima y honrosa.
Hoy sin embargo la
caza se ha metamorfoseado y la guerra, aunque subsiste como último recurso, está
muy devaluada ideológicamente en determinadas culturas, y así el instinto
cazador se ejercita en otras actividades: las finanzas, los negocios
y empresas multinacionales o trasnacionales. Conquistar mercados es hoy
equivalente a conquistar reinos o territorios en otro tiempo, una forma más
sutil de conquista, pero no menos eficaz en cuanto a obtener botín y dominar
naciones. Especuladores financieros, banqueros, empresarios, políticos... son
los predadores legales. Ilegales hay muchos otros, políticos corruptos, mafias, traficantes,
sicarios, atracadores, piratas, mercenarios..., porque los predadores siempre se
han resistido a aceptar normas que limiten su afán y capacidad de conquista. Aunque la linde entre unos y
otros siempre ha sido muy elástica y fluida:
Justamente en mitad de la crisis
financiera y económica que sacude al mundo se acaba de descubrir (12-XII-2008)
en el corazón financiero mundial, Nueva York, una estafa por valor de 50.000
millones de dólares llevada a cabo por el ex presidente del NASDAQ. En enero de
2011, poco antes de la caída de Ben Alí en Túnez, su esposa huyó con tonelada y
media de oro, unos 45 millones de euros. En 2008 las
veinticinco mayores fortunas del mundo
sumaban 480.900
millones de dólares,
más que los 99 estados más pobres, 469.947 millones.
Toda la historia tiene el sello de la condición de
super predador del linaje humano, que cinco milenios de historia no han alterado
cinco millones de años de evolución biológica, tan sólo le ha dotado de un lindo
ropaje: somos personas, no animales, eso dicen avergonzados de lo que son. ¿Se
avergüenzan realmente?
Es fácil que un líder controle una banda de
veinte miembros, pero se hace complicado controlar una multitud de miles o
millones de individuos y surgen conflictos de toda índole, aunque indudablemente las culturas
generan nuevos mecanismos de control. Pero no son suficientes ni interesan a los
líderes.
No es el Maligno
son los genes
Hay por tanto en las sociedades humanas un
permanente conflicto entre el cazador y el ciudadano. Tal vez se podrían
encontrar medios más eficaces de integración, que el cerebro, dicen los
especialistas, es de una plasticidad extraordinaria, pero ello supondría la
renuncia, al menos parcial, de los líderes políticos y económicos a sus
privilegios de cazadores legales, algo a lo que no están dispuestos. Y así las
disfunciones sociales se agudizan y los crímenes de toda índole son continuos:
«Se
han desdeñado de manera escalofriante las consecuencias de no poder ejercer el
instinto primario de competición, que se remonta a los tiempos primordiales de
la especie».
(PUNSET, Eduardo, El viaje a la felicidad,
p. 108)
Los hombres han inventado luego toda una
serie de mitos para explicar ese carácter contradictorio de la vida, de su vida,
inexorablemente unida a la violencia y la muerte, el Bien y el Mal, dicen: Dios,
principio del Bien, y Satanás, principio del Mal. Ormuz, príncipe de luz, y
Ahrimán, príncipe de las tinieblas. El Bien, representado por un cordero o una
paloma, que eran los animales que se ofrecían como víctimas propiciatorias a los
dioses, y el Mal, representado por un superpredador, el lobo, la serpiente.
Mitos. La vida es así y el hombre, aunque en su tremenda soberbia se crea hecho
a imagen y semejanza de Dios (¿El Dios-Amor también es un asesino? Los griegos
no tuvieron ningún pudor en inventar dioses que eran replicas superlativas de
ellos mismos, con todas sus pasiones y virtudes. ¿O son blasfemos los
creyentes?), no es distinto de otros seres vivos, un magnífico predador, tan
refinado que cría ovejas que parirán corderos, que luego matará, sacrificará
dice eufemísticamente, antes del destete, porque un cordero lechal asado es un
manjar exquisito (leo en un libro de cocina que el cordero de dos meses es más
sabroso que el recién nacido y es cierto: el lechal sabe demasiado lechoso). En el siglo XIX los empresarios contrataban niños
porque eran más baratos y menos conflictivos que los adultos, pura mercancía,
no reconocían en ellos a un ser humano porque tampoco ellos lo eran. Todavía lo hacen.
Igual que las gaviotas roban huevos o pollos en nidos ajenos y las leonas
persiguen a los individuos más débiles de cualquier manada. Predadores.
No es que Satanás u otro mítico principio
del Mal nos persiga o que Dios nos castigue por nuestros pecados, simplemente
tratamos de construir algo, es la eterna aspiración de los pobres, que no de los
poderosos, una sociedad armoniosa y equilibrada, justa e igualitaria, de
ciudadanos responsables y solidarios, con un material inadecuado, la herencia
genética, el programa de comportamiento, de un superpredador social. ¿Recuerdan
lo que sucede con el mandamiento bíblico de controlar el impulso sexual? No es el
demonio meridiano quien nos tienta, sino la especie, el código genético que
llevamos en las células, el inexorable mandato de las leyes de la genética. Lo
mismo acontece con el impulso predatorio. No tenemos opción, casi. Recuerden el
cuento de la rana y el escorpión, la condición del escorpión lo lleva a matar a
la rana que lo ayuda a cruzar el río.
Hijos del Mal
Pero aún hay más: ¿Por qué para sobrevivir
unos tienen que devorar a otros? ¿Por qué para que unos vivan otros tienen que
morir? ¿Por qué la vida se alza sobre la muerte? Dicen los sabios que no se
percibe intencionalidad en la evolución, simplemente es así. Un error al
replicarse las células trajo la evolución, dicen. Y añaden que la inteligencia
se ha desarrollado en los homínidos a consecuencia de la interacción con sus
semejantes. El cazador es más inteligente que el herbívoro y la competencia
entre los superpredadores humanos, posiblemente el sufrimiento, el dolor nos
hace humanos, dijo don Miguel de Unamuno, alumbró la conciencia. Dicho de otra
manera, hemos llegado a ser lo que somos porque hemos matado y asesinado, acaso
también porque hemos sido fratricidas y caníbales. Somos hijos del mal. Tal vez
ése sea nuestro pecado original. El Génesis lo cuenta simbólicamente y
acaso no le falte razón.
Ahora debemos redimirnos. Pero los poderosos,
que no quieren ciudadanos sino súbditos,
se oponen a ello.
Señas de identidad
Predador social hemos indicado. En los orígenes los
clanes se identificaron con un animal totémico, luego vinieron diversas formas
de identidad social, los caudillos, los reyes, el linaje, la religión, la raza,
la nación, la patria, todas ellas con sus banderas y emblemas. Hoy en día, en un
mundo globalizado en que la identidad se diluye en espacios inabarcables y
multitudes anónimas, sin rasgos claramente definidos, son muchos los que buscan
seguridad, no olvidemos que el grupo sirve para defenderse y sobrevivir frente a
un medio hostil, en pandillas, peñas, clubes, sectas, naciones reinventadas...
Como sabemos muchos de estos grupúsculos, no sólo buscan una identidad, sino que
a veces la ejercen mediante la violencia contra otros grupos paralelos o
dominantes, o sea, el instinto predador como seña de identidad del clan. Es la
llamada de la especie o de la sangre, que dicen otros, la pervivencia de unos
rasgos genéticos que la cultura no ha podido cambiar. Desde antiguo los
políticos saben bien que los deportes y espectáculos de masas son un buen
instrumento para canalizar la agresividad y necesidad de identificación grupal.
Aquello de que ser cola de león satisface a muchos pequeños.
Privilegios del liderazgo
Pero los grupos necesitan un líder, que siempre se
arroga unos privilegios, también está en la propia naturaleza, no ya de los
predadores, sino también de los herbívoros. En las manadas el macho dominante
cubre a las mejores hembras, a todas incluso, o come siempre el mejor bocado y
se sacia, mientras el resto de individuos espera, o se reserva el mejor refugio.
Hasta aquí nada o casi nada que nos diferencie del
resto de los predadores sociales, como leones o lobos, tan solo unos
comportamientos más elaborados por el mayor peso de la cultura, que cada especie
tiene sus armas propias y la cultura, a medida que crece el cerebro, tiene mayor
importancia, que hoy nadie niega que las otras especies animales también tienen
cultura: «Percibir,
relacionar, sentir, recordar, formar conceptos, calcular medidas, comparar
valores, comunicarse con los semejantes, son operaciones mentales generosamente
repartidas por todo el reino animal... También compartimos comportamientos como
la conjura, las alianzas o las intrigas palaciegas... [Y Jane Goodall se pasma
ante] la habilidad con que construyen herramientas los chimpancés»
(J. M. Marina, Ética para náufragos, p. 17).
Los humanos tienen experiencias de liderazgo
similares a otras especies
«Los
chimpancés podrían dar lecciones de liderazgo político. Como todos los grandes
simios, son capaces de planificar y engañar, tienen recuerdos temporales,
sentido del humor, distinguen lo que es justo de lo que no y sienten miedo,
felicidad, curiosidad y empatía. Pero hay más: los chimpancés viven en
sociedades jerárquicas, en las que el líder no es el más fuerte sino el que
logra más apoyos, en un hábil ejercicio de transacción política, y para
mantener la posición alfa deben afirmar su dominancia, tener contentos a sus
aliados y evitar que el resto se rebele. Pero no todo es alta política en
estos primates genéticamente muy cercanos al hombre. En el lado oscuro está su
obsesión por el poder y el territorio, que les lleva a emplear una extrema
violencia, sobre todo con otros grupos. Nada nuevo, por otra parte, en el
universo humano».
(Silvia HINOJOSA, La Vanguardia, Barcelona, 14/12/2008)
Entre los comportamientos humanos quizá quepa resaltar
la capacidad simbólica, esos lujosos atuendos, coches ostentosos y casas ricas
para destacar el status, y una exacerbación de la agresividad y violencia, que
ha llevado a una crueldad y ensañamiento con las víctimas sin igual con ninguna
otra especie, aunque es sabido que algunas, zorros, comadrejas, orcas, hienas, osos,
también matan más de lo que necesitan a veces. En la especie humana sin embargo la conciencia del tiempo
multiplica el fenómeno. Sin duda el general Franco siguió matando después de
conseguir sus objetivos para extender el terror
entre los vencidos durante generaciones.
Pero con la revoluciones neolítica y metalúrgica,
digamos la agrícola primero y la urbana después, comienza el modo de vida y la
competición específicamente humana, la lucha por los excedentes de producción o
plusvalía. Porque hasta entonces las distintas especies humanas han sido
cazadoras y recolectoras, como las demás especies animales, y muy poco han
podido acumular. Sin embargo con las revoluciones técnicas que descubren la
manera de producir alimentos primero, la agricultura y ganadería, y aprovechar
la energía natural después, las fuerzas animal, fluvial y eólica, la capacidad
de producción aumenta muy por encima de la capacidad de consumo. Surge por tanto
la necesidad de acumular y reconvertir los excedentes, y con ello la lucha por
su control y reparto.
La acumulación exitosa de recursos y
excedentes inspira a los poderosos dos cambios fundamentales, origen de
ese proceso que llamamos historia, la propiedad privada y la
explotación sistemática del trabajo ajeno. Todo ello nos ha llevado a cotas
inimaginables en el desarrollo científico y técnico, aunque a costa de un
sufrimiento y dolor sin cuento que ha ensangrentado y desnudado la tierra hasta
el borde del suicidio, que la voracidad del predador humano es insaciable,
porque no se agota con el estómago lleno, como en otras especies, sino que
siempre necesita más: el hombre es un animal enfermo, decía don Miguel de
Unamuno. ¿Somos ahora más felices que el hombre de Altamira?
La sumisión de los pobres
Este comportamiento de los líderes, que obviamente
también se pelean entre ellos por el liderazgo, ha puesto muchas veces en
peligro la cohesión del grupo con sus excesos, cuando el reparto del botín se ha
hecho insoportablemente desproporcionado, cuando los fieles y súbditos se han
visto sometidos a una explotación que los ha llevado al límite de la
subsistencia, a la muerte incluso. Entonces se han producido rebeliones para
cambiar al líder, la forma de ejercer el liderazgo o aun el modo de promoción y
criterios para el reparto del botín.
Es lo que está pasando en Túnez, Egipto,
Libia, Yemen (2011)... y es el miedo que tienen todos los Estados árabes, acostumbrados a
siglos de despotismo...
Entre nosotros ha surgido el Movimiento 15M que
denuncia una democracia tramposa y una clase política corrupta que sólo vela
por sus intereses.
Naturalmente los líderes han criminalizado
y perseguido a los rebeldes, y tratado preventivamente de sacralizar su persona
o cargo: dioses o elegidos por los dioses se autoproclaman, “Caudillo de España
por la gracia de Dios”, se decía no hace mucho el último dictador de la nación
española, pueden comprobarlo si aún conservan monedas de una o varias pesetas.
Dios como bandera, como tantas veces, un invento ideológico de hace cuatro milenios, coetáneo del ladrillo, la rueda y el arado, probablemente el "arma de
destrucción masiva" más eficaz, que todavía resulta útil y
ha sido pretexto para las más atroces matanzas y los expolios más inicuos.
También han insistido los caudillos en la necesidad de
la unión sagrada del grupo, sea cristiandad, nación, patria..., para combatir al
enemigo exterior, siempre hay un enemigo exterior según los líderes. Frente a lo
cual los rebeldes suelen argüir que no hay más enemigo que los poderosos, que
son los poderosos quienes destruyen al grupo con sus demasías, subrayan la
fractura en dos mitades, explotados y explotadores, opresores y oprimidos, y
tratan de suscitar una conciencia de grupo en los oprimidos de todas las
naciones. Unos intentaron construir una sociedad paralela, fundamentada en el
amor y hermandad en Dios. Los explotados no tienen patria ni bandera, deben
conquistarla, gritaron otros más agresivos. Todos fracasaron.
¿Saben que en
nuestro país, según Cáritas (2008), la organización eclesial, aún hay más de
ocho millones de pobres, el 21% de la población, a pesar de que, según el
Gobierno y las estadísticas, somos la octava potencia económica mundial? En EEUU, la primera
potencia, la cifra es menor, el 12,5%, porque exporta la pobreza a otros países.
Hoy los pobres o no ven alternativa al sistema y han perdido toda esperanza o se
creen las fábulas que los líderes cuentan, el sueño americano, la salvación
eterna y cosas por el estilo. El enemigo, como un virus, ha colonizado el
cerebro de los pobres, la última frontera.
Doctrinas de
salvación
Sin embargo el cazador social también ha
desarrollado una cualidad que refuerza la solidaridad y cohesión del grupo, la
empatía, la capacidad de ponerse en lugar del otro y sentir sus emociones, su
alegría y sufrimiento, una cualidad que nuestra sociedad cultiva y alienta muy
poco, porque los programas de estudio sólo atienden la capacidad intelectual, la
preparación instrumental al servicio del mercado, nunca la educación emocional o
afectiva. Evidentemente no interesa a los líderes de multitudes, que tratan de
desviar las emociones y afectos hacia fórmulas rituales, sin compromiso humano,
social o político, que sería pernicioso para su liderazgo.
El caso de la Iglesia
Romana, única institución que sobrevivió al Imperio, es
paradigmático: Surge portadora de un mensaje de salvación y acaba
convertida en instrumento de opresión, no podía ser de otro modo, que por eso
y para eso la asimilaron los césares. Surge como misionera del amor y acaba
imponiendo por la fuerza un credo y un culto. En las J. M. J. 2011 de Madrid
el Pontifex Maximus ha
vuelto a condenar el aborto, la eutanasia y el amor libre, pero ha olvidado los
pecados económicos que nos han metido en la
crisis de 2008 y se ha limitado a decir que la economía debe estar al servicio
del hombre. ¿Por qué no condena con igual intensidad la evasión de impuestos
y
los paraísos fiscales, la especulación financiera y la codicia de los
ejecutivos multinacionales, la ambición desmedida y el despilfarro del dinero
público de los políticos?
Sucede lo mismo con una educación
ciudadana que convertiría al individuo masa en responsable de su destino.
Hace dos mil quinientos años, en el tiempo eje
que dijo Karl Jaspers, comenzaron a surgir filósofos y profetas que propusieron
diversos modos de superar la contradicción predador-presa y el desgarro o padecimiento que
los pobres sufrían, el faraón Ajenatón ya lo intuyó casi un milenio antes, mediante
la ataraxia o el amor. Quizá los más interesantes sean Jesús de Nazaret entre
los profetas o Buda entre los filósofos. El desasimiento y la inmersión en el
todo como fórmula de liberación, o el amor y solidaridad con el otro.
Pero una cosa son los maestros y otra muy
diferente los discípulos. Normalmente éstos no pueden o no quieren romper los
vínculos con la sociedad de su tiempo y se convierten en legitimadores del
sistema e instrumentos de los predadores legales, de los poderosos, tanto en
China como en Europa. Incluso la teoría del último filósofo, Karl Marx, que puso
todo su entusiasmo y trabajo en superar la contradicción opresores oprimidos
mediante la política, sirvió luego para legitimar los despotismos más
sangrientos, que el poder corrompe siempre o atrae como un imán a los
predadores, como ya denunciaron los anarquistas.
La
conflictividad humana
Por tanto, en todas las sociedades humanas
encontramos dos tipos de conflictos específicos básicos:
-
El biológico o derivado de la
construcción, en muy poco tiempo, de una sociedad cultural, es decir,
histórica, que entra en contradicción con la herencia genética elaborada
durante millones de años. Algo así como pretender formar una orquesta
sinfónica con chimpancés.
-
El histórico, que hoy da forma y
encubre al primero, derivado de la contradicción entre la clase dirigente,
que pretende una sociedad hábil y sumisa, pero a la que que no
interesa el desarrollo de otras aptitudes y capacidades, que
indudablemente mejorarían la convivencia, distintas de las instrumentales,
porque cuestionarían sus excesivos privilegios de caudillaje, y la
multitud de los sometidos y marginados. Este conflicto engloba como
veremos otros varios, de entre los cuales me importa destacar un tercero
que acaso tenga personalidad propia.
El humanista, de quienes aspiran a la comunión de toda la raza humana en libertad e
igualdad de derechos frente a la alienación de quienes sólo ven su interés
o beneficio particular, después de mi el diluvio, dijo uno, porque no se
sienten comprometidos como personas.
Una teoría
de la historia
Dos claros procesos
se advierten en el desarrollo de la Historia:
Por el primero el ser humano conoce su
entorno, su país, su planeta, el universo. Por el segundo siente empatía o se identifica con los
individuos de su especie, más allá de las fronteras familiares, tribales,
clasistas, nacionales o raciales y los considera iguales en derechos, en vez de
instrumentos con que lograr la satisfacción de una necesidad, es decir, supera
la alienación que le impide ver la humanidad del otro.
Hoy conocemos la
naturaleza mejor que nunca, dicho de otro modo, en la historia el Universo se
hace consciente de sí mismo, el ser humano es la conciencia del Cosmos, la
conciencia brota de la materia en el curso de la historia que la especie humana
va tejiendo (hasta donde conocemos, que puede que haya otros mundos con especies
vivas más conscientes que nosotros) y no al revés.
Por otro lado hoy
se extiende cada vez más la cultura de unos derechos humanos universales que
por primera vez incluyen a la mujer, históricamente marginada hasta ahora, al
menos desde la aparición del Estado, o sea, de la historia. Su
respeto y ejercicio no es una realidad, sino un horizonte utópico, que ya es
mucho, porque hasta hace poco más de dos siglos ni se planteaban y aún entonces
no incluían a la mujer, la mitad de la humanidad: La Revolución Francesa
encarceló y decapitó a Olimpia de Gouges por reclamar igualdad para las mujeres.
La necesaria solidaridad frente a la naturaleza u otros grupos de
cazadores generó la empatía y de ésta y la conciencia surgió el desarrollo
teórico de los derechos, la invención de los derechos humanos, ha escrito Lynn Hunt,
como ámbito necesario para
la evolución superior de la humanidad.
Es decir, estamos
inmersos en un vastísimo proceso que está alumbrando la conciencia del Cosmos y
una persona plenamente libre e integrada en una sociedad también libre. ¿Lo
conseguiremos o destruiremos antes nuestro planeta y con él nuestra
civilización?
Sin duda los
obstáculos han sido, son y serán enormes. Todo lo que se oponga al desarrollo
del conocimiento y a la plenitud de los derechos será un obstáculo. La historia
está llena de censores y hogueras donde han ardido libros de todo tipo, también
de científicos condenados por ampliar las fronteras del saber. ¿Se acuerdan de
Hypatia de Alejandría y Giordano Bruno? Ayer se condenaba el heliocentrismo, hoy aún se
discute el evolucionismo y se cuestiona la investigación con células madre.
Incluso Pío IX condenó, en la encíclica Quanta cura, los derechos humanos,
singularmente la libertad de conciencia. Y siempre detrás de las hogueras y las
condenas había o hay un poder que veía o ve peligrar sus privilegios
particulares.
En
definitiva, no es una cuestión científica, sino de poder. El saber nunca se
impone por la fuerza. El saber nos hace
libres y eso no lo soportan los poderosos, que necesitan la sumisión de los
pequeños.
Es una contienda universal cuyas múltiples escaramuzas, grandes o
pequeñas, salpican el planeta:
nuestro debate en torno a la moralidad de las corridas de toros, la más
generalizada controversia en torno a la pena de muerte o la guerra justa, la
reciente pugna en los EEUU del presidente Obama contra el partido republicano y
las grandes aseguradoras, el partido de los predadores o halcones, por la
sanidad pública, nuestros halcones particulares contra el juez Garzón y la
"memoria histórica" o su campaña contra la "Educación para la
ciudadanía", que los halcones no quieren ciudadanos, sino súbditos fácilmente
manejables...
Porque hoy nos
enfrentamos a un nuevo reto, un daño colateral inesperado derivado de nuestro propio
éxito: Hemos roto todos los contrapesos que mantenían el equilibrio del sistema
terrestre,
que se degrada a toda velocidad, quizá el cambio climático sea sólo el vértice
del iceberg. ¿Cuándo las élites dirigentes se darán cuenta de que la destrucción
del planeta será nuestra propia destrucción? Cada vez se parecen más al
individuo que en el incendio de su casa muere abrasado por entretenerse a salvar
sus tesoros.
Aunque me surge una
duda: ¿Será la destrucción de este planeta y otros muchos planetas el precio por
una humanidad conciencia del Cosmos?
La Revolución urbana
La hominización y
la humanización finalmente como marco del devenir de la conciencia. Desde
entonces, desde la revolución urbana, hace unos seis milenios, con la
formación del Estado y las religiones -se inventa el arado, el ladrillo y la
rueda, comerciantes y artesanos controlan la economía y surgen finalmente los reyes, sacerdotes y
dioses-, muy
poco ha cambiado la estructura de las sociedades humanas. Decía Tuñón de Lara
que para entenderla basta preguntarse quién tiene el poder, cómo se ejerce y
cómo se legitima. Lo que sigue es un intento de explicación de esa estructura.
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Índice
Apunte
bibliográfico
DITTMER, Kunz, Etnología General. Formas y evolución de la cultura
(México, FCE, 1960), 342 págs.
CHARON, Jean E., Tiempo, Espacio, Hombre (Barcelona, Ed. Kairós, 1969),
190 págs.
CHARON, Jean E., De la materia a la vida (Madrid, Ed. Guadarrama, 1971),
413 págs.
GORZ, André, Historia y enajenación (México, F.C.E., 1969), 350 págs.
MASSON, Jeffrey M. y Susan MCCARTHY, Cuando lloran
los elefantes (Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1998), 349 págs.
MOSTERÍN, Jesús,
La naturaleza humana
(Madrid, Ed. Espasa-Calpe, 2006), 418 págs.
PUNSET, Eduardo, El viaje a la
felicidad.
Las nuevas claves científicas (Barcelona, Ed. Destino, 2005),
212 págs.
PUNSET, Eduardo,
Por qué somos como somos
(Madrid, Aguilar, 2008), 295 págs.
RODRÍGUEZ DE LA FUENTE, Féix, Enciclopedia Salvat de la Fauna (Pamplona,
Ed. Salvat, 1970), 10 vols.
SAMPEDRO, José Luis y Carlos BERZOSA, Conciencia del
subdesarrollo veinticinco años después (Madrid, Taurus, 1996), 284 págs.
TUÑÓN DE LARA, Manuel, Por qué la Historia (Barcelona, Salvat Ed., 1981),
64 págs.

 
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