Teoría de la historia



UNA CRÓNICA DEL HORROR



Ensayo de Historia de España



© Aurelio Mena Hornero


 

La guerra es el padre de todas las cosas.

(HERÁCLITOS)

 

Mirad que os envío como a ovejas en medio de lobos.

(JESÚS de Nazaret, Mateo, 10, 16).

 

[Los neanderthales dominaban el fuego, pero no fue suficiente...] Porque no tenían bandera, que es algo muy útil y al tiempo una tragedia. Llegamos nosotros después y formamos grupos, parentesco, ideología, símbolos. Cuanto mayores eran los grupos que se formaban, más grandes eran sus cerebros. Pero también cuanto más crecían, más competían entre sí [...] Eso es tan humano como la tecnología. Pero hay más. En la biología hay algo análogo a las empresas. En la selección natural nos diferencia la competencia. A todos los niveles. Las crías de la misma camada compiten por la leche materna. Hay una jerarquía de la competencia. A nivel de biosfera, con otras especies; a nivel de especie, con otros grupos; a nivel de familia, con individuos [...] Pero no es ésa la cuestión. La cuestión es si somos más felices ahora que antes, que los de Altamira, que los griegos. Yo creo que la tecnología no nos hace más felices. No aporta ni un átomo, ni un gramo a la felicidad.

(Juan Luis ARSUAGA, EL PAÍS, 8-VIII-06)


Soy francés y peruano, puro producto de cinco siglos de idas y vueltas de la historia de dos continentes.

No sé si en España se enseña la historia de la conquista de la misma manera que en América Latina; recuerdo que de niño me sorprendió mucho la historia del rescate propuesto por los incas para recuperar a Atahualpa: se llenó un lugar enorme de oro y plata venida de todo el imperio para salvar a nuestro soberano. No sirvió de nada, los conquistadores se lo cargaron igual.

Cuál sería mi sorpresa al contar esta historia a amigos del culo del mundo y descubrir que todos teníamos historias de rescates pagados, promesas incumplidas y soberanos finalmente ajusticiados o exiliados en el mejor de los casos.

Para simplificar el problema y visualizarlo mejor, todo individuo del tercer mundo que creció en un país colonizado es potencialmente un Inca: pagó un rescate, pagó su idioma, a veces su religión, su culpa, su trauma sin poder salvar a su inca...

(Jota CASTRO, La lucha de los Incas, en Madrid abierto 08).

 

El día 8 de agosto de 1936, hace setenta años, un grupo de falangistas fue a buscar a Daniel González Linacero a la casa de Arévalo en que pasaba las vacaciones con su familia y lo asesinó. Su partida de defunción dice, con elocuente simplicidad, que falleció" a consecuencia del Movimiento Nacional existente". Tenía treinta y tres años y dejaba esposa, que vive todavía, y tres hijas de corta edad. La casa fue cerrada y saqueada.

(Josep FONTANA, EL PAÍS, 10-VIII-2006)


 

 

Un poco de biología

El predador social

¿Evolución biológica v.s. progreso cultural?

No es el Maligno, sino los genes

Hijos del Mal

Señas de identidad

Privilegios del liderazgo

La sumisión de los pobres

Doctrinas de salvación

La conflictividad humana

Una teoría de la historia

La Revolución urbana

 

O sea, el horror, como decía el personaje de Joseph Conrad, mostró Francisco de Goya o pretendía hacerlo el pintor de batallas de Arturo Pérez Reverte, porque la ferocidad y crueldad con que competimos los humanos sin duda es muy superior a las de otras especies animales y los avances científico técnicos no han hecho más que multiplicar el horror y el espanto; porque a los poderosos tan sólo el poder y la riqueza importan, aunque el mundo se hunda con ellos, ya lo dijo cínicamente uno: Después de mí, el diluvio.

Seguramente todos hemos visto en los reportajes de National Geografic cómo una leona solitaria tiene que defender su presa, y a veces renunciar a ella, ante el acoso de las hienas; cómo el guepardo la abandona ante el ataque de un león; cómo los buitres huyen cuando las hienas aparecen; cómo los lobos se la disputan entre sí y la hembra ñu ve impotente cómo las hienas le arrebatan su cría recién nacida... No de otro modo nos hemos comportado y comportamos los humanos. ¿Qué otra cosa hizo Cortés en México, si no disputar la presa a Moctezuma? Como manadas de lobos hambrientos cayeron los castellanos sobre las Indias. ¿Qué, si no, hicieron los gringos que arrebatar su espacio y recursos a las naciones indias y mexicana? ¿Qué han pretendido hoy cuando han desembarcado ya por dos veces en Irak? ¿Qué han sido, si no, las Guerras Mundiales y todas las guerras?

Un poco de biología

La vida aparece cuando determinadas estructuras moleculares logran, utilizando para ello la energía solar, captar, elaborar e integrar materiales del medio ambiente, para crecer y reproducirse.

Más tarde algunas de esas estructuras encontrarán más cómodo, porque el trabajo de los fotosintetizadores es continuo mientras hay luz, capturar los materiales que otras habían elaborado y así las devoraron: 

«Cuando la primera ameba se tragó a una bacteria viva para alimentarse, el mundo ya nunca fue el mismo».  

(Ken Nealson, biólogo de la NASA, cit. en Eduardo Punset, El viaje a la felicidad, p. 94).

Con el tiempo las especies evolucionaron, se diversificaron e hicieron cada vez más complejas con un objetivo único: conseguir nutrientes más concentrados para ahorrar trabajo. En el estado actual del proceso encontramos en el vértice de la pirámide trófica a los super predadores, grandes cazadores especializados también en robar lo que otros cazan: hienas, buitres, leones a veces y el hombre por encima de todos, el cazador universal sólo accidentalmente cazado, la bestia más letal y sanguinaria de todas. Nada de lo que vemos en hienas, leones o lobos es ajeno al género humano, un formidable cazador social, que, como todos ellos y muchos otros que no son predadores, compite por la jerarquía, el territorio y el sexo.

Sorprende sin embargo que algunos de sus representantes más eximios se hayan espantado de que un científico, cuyo segundo centenario acabamos de conmemorar, haya establecido que procedemos en línea directa de las bestias. Pero ese espanto forma parte del combate ideológico, como enseguida veremos, igual que la Capilla Sixtina, el contrapunto de su patrono y mecenas, el papa Julio II, colérico y ambicioso, «guerrero, político, estratega, maquinador, absolutista y maquiavélico», un predador arquetípico, más parecido a los reyes de su tiempo que al humilde y pacífico Jesús de Nazaret, de quien se decía sucesor y representante. También es hermosa la carrera del guepardo y la silueta del tiburón. La belleza no se contradice con el horror y la muerte.

El predador social

«El crimen siempre existió: El ser humano, antes de llevar corbata, era un depredador que consiguió llegar a la cima de la evolución matando... es algo que no se puede olvidar. Lo llevamos en nuestros genes».

(José CABRERA, especialista en Psiquiatría y Medicina Legal).

Sin duda el linaje humano, en todos sus géneros y especies, es el más eficaz y mortífero predador que ha recorrido y colonizado el planeta, particularmente la especie Homo sapiens, la única que subsiste, que ha cazado presas mucho más voluminosas que sus propios individuos, combatido permanentemente para conseguir y defender presas y cazaderos, territorios y recursos, y arrasado casi todos los ecosistemas hasta el exterminio de las especies que los habitaban, incluidas las de sus parientes más próximos, los grandes simios, casi extinguidos ya, los neandertales y demás especies humanas, y por supuesto todas las culturas distintas de la suya propia, consideradas inferiores: naciones "indias" de Norteamérica, aborígenes australianos, tribus amazónicas y pigmeos africanos entre las más recientes... hasta que se ha quedado solo sin competidor posible, aunque aún no se cansa.

En 1787 la ordenanza del Noroeste establecía que los territorios del Oeste eran propiedad federal, así el Gobierno de los EEUU de Norteamérica inició una política de venta de tierras a los colonos que fue denunciada con vehemencia por Tecumseh, jefe de los shawnee, una nación india del noroeste:

La tierra, proclamó, «jamás estuvo dividida, y pertenece a todos para el uso de cada uno. Nadie tiene el derecho de vender la menor parcela, ni siquiera a este o a aquel de nosotros, y menos todavía a esos extranjeros que lo quieren todo y no transigirán jamás. Los blancos no tienen ningún derecho sobre la tierra de los indios: ellos fueron los primeros en habitarla, es su tierra».

(cit. por Antonio BARNADÁS, en La conquista del Oeste: indios, colonos y soldados, en “Historia. National Geographic”, nº 75).

Ha desarrollado para ello una agresividad, capacidad de organización y conocimiento de su entorno, que lo ha llevado a proclamarse rey de la creación y considerar a las demás especies e incluso a los individuos sometidos de la suya propia meras máquinas animadas: Así, según Descartes, «los animales son puros autómatas, máquinas maravillosamente ensambladas, pero carentes en absoluto de todo lo que de cerca o de lejos pueda llamarse espíritu». Malebranche lo resumía así: «comen sin placer, lloran sin dolor, actúan sin conocimiento, no desean nada, no saben nada». Los romanos decían de los esclavos que eran instrumenta vocalia, instrumentos parlantes, y el general Philip Sheridan afirmó en 1875 que «el único indio bueno es el indio muerto». La ideología, o sea, el mito, cuando no la mentira pura y simple, compañera e instrumento siempre del dominio.

Tremendamente agresivo y predador social. ¿Cómo, si no, habría podido enfrentarse con éxito a mamuts, ballenas y otras grandes presas? El instinto social, alimentado por la necesidad, lo ha llevado a buscar la máxima cohesión en distintos sistemas sociales, familia, clan, tribu, linaje, nación, para asegurar la supervivencia y el éxito vital, un éxito absoluto como vemos, al que ha contribuido un invento fundamental en la evolución humana: los lenguajes, no sólo el hablado, sino también los icónicos, el de las banderas, que dice Arsuaga. Los pueblos mueren por una bandera, por todo lo que una bandera representa.

¿Evolución biológica v.s. progreso cultural?

¿Es la especialización como super predador social lo que disparó al género humano? Porque las técnicas y estrategias de caza en grupo son más complejas que la caza individual o la simple recolección y favorecen el desarrollo inteligente. Los cazadores lo son más que los recolectores.

El problema surge cuando el cazador nómada se vuelve sedentario. El cazador explora entonces otros ámbitos, el control de la naturaleza, el dominio y explotación de multitudes, la guerra predatoria. Surge la historia, el progreso cultural reemplaza a la evolución biológica y el ritmo se acelera. Pero la cultura no modifica el capital genético acumulado durante millones de años: Así la guerra se convierte en el más lucrativo medio de vida, a veces por falta de recursos, pero en general porque resulta más cómodo o atractivo robar lo que otros producen en vez de producirlo, como las hienas, pero con una agresividad muy superior. Los aqueos alardeaban orgullosos de ser "destructores de ciudades", los caballeros feudales tenían la guerra como profesión eminente y hasta el siglo XVI no se la ha puesto en cuestión como actividad legítima y honrosa.

Hoy sin embargo la caza se ha metamorfoseado y la guerra, aunque subsiste como último recurso, está muy devaluada ideológicamente en determinadas culturas, y así el instinto cazador se ejercita en otras actividades: las finanzas, los negocios y empresas multinacionales o trasnacionales. Conquistar mercados es hoy equivalente a conquistar reinos o territorios en otro tiempo, una forma más sutil de conquista, pero no menos eficaz en cuanto a obtener botín y dominar naciones. Especuladores financieros, banqueros, empresarios, políticos... son los predadores legales. Ilegales hay muchos otros, políticos corruptos, mafias, traficantes, sicarios, atracadores, piratas, mercenarios..., porque los predadores siempre se han resistido a aceptar normas que limiten su afán y capacidad de conquista. Aunque la linde entre unos y otros siempre ha sido muy elástica y fluida: 

Justamente en mitad de la crisis financiera y económica que sacude al mundo se acaba de descubrir (12-XII-2008) en el corazón financiero mundial, Nueva York, una estafa por valor de 50.000 millones de dólares llevada a cabo por el ex presidente del NASDAQ. En enero de 2011, poco antes de la caída de Ben Alí en Túnez, su esposa huyó con tonelada y media de oro, unos 45 millones de euros. En 2008 las veinticinco mayores fortunas del mundo sumaban 480.900 millones de lares, más que los 99 estados más pobres, 469.947 millones

Toda la historia tiene el sello de la condición de super predador del linaje humano, que cinco milenios de historia no han alterado cinco millones de años de evolución biológica, tan sólo le ha dotado de un lindo ropaje: somos personas, no animales, eso dicen avergonzados de lo que son. ¿Se avergüenzan realmente?

Es fácil que un líder controle una banda de veinte miembros, pero se hace complicado controlar una multitud de miles o millones de individuos y surgen conflictos de toda índole, aunque indudablemente las culturas generan nuevos mecanismos de control. Pero no son suficientes ni interesan a los líderes.

No es el Maligno son los genes

Hay por tanto en las sociedades humanas un permanente conflicto entre el cazador y el ciudadano. Tal vez se podrían encontrar medios más eficaces de integración, que el cerebro, dicen los especialistas, es de una plasticidad extraordinaria, pero ello supondría la renuncia, al menos parcial, de los líderes políticos y económicos a sus privilegios de cazadores legales, algo a lo que no están dispuestos. Y así las disfunciones sociales se agudizan y los crímenes de toda índole son continuos:

«Se han desdeñado de manera escalofriante las consecuencias de no poder ejercer el instinto primario de competición, que se remonta a los tiempos primordiales de la especie».

(PUNSET, Eduardo, El viaje a la felicidad, p. 108)

Los hombres han inventado luego toda una serie de mitos para explicar ese carácter contradictorio de la vida, de su vida, inexorablemente unida a la violencia y la muerte, el Bien y el Mal, dicen: Dios, principio del Bien, y Satanás, principio del Mal. Ormuz, príncipe de luz, y Ahrimán, príncipe de las tinieblas. El Bien, representado por un cordero o una paloma, que eran los animales que se ofrecían como víctimas propiciatorias a los dioses, y el Mal, representado por un superpredador, el lobo, la serpiente. Mitos. La vida es así y el hombre, aunque en su tremenda soberbia se crea hecho a imagen y semejanza de Dios (¿El Dios-Amor también es un asesino? Los griegos no tuvieron ningún pudor en inventar dioses que eran replicas superlativas de ellos mismos, con todas sus pasiones y virtudes. ¿O son blasfemos los creyentes?), no es distinto de otros seres vivos, un magnífico predador, tan refinado que cría ovejas que parirán corderos, que luego matará, sacrificará dice eufemísticamente, antes del destete, porque un cordero lechal asado es un manjar exquisito (leo en un libro de cocina que el cordero de dos meses es más sabroso que el recién nacido y es cierto: el lechal sabe demasiado lechoso). En el siglo XIX los empresarios contrataban niños porque eran más baratos y menos conflictivos que los adultos, pura mercancía, no reconocían en ellos a un ser humano porque tampoco ellos lo eran. Todavía lo hacen. Igual que las gaviotas roban huevos o pollos en nidos ajenos y las leonas persiguen a los individuos más débiles de cualquier manada. Predadores.

No es que Satanás u otro mítico principio del Mal nos persiga o que Dios nos castigue por nuestros pecados, simplemente tratamos de construir algo, es la eterna aspiración de los pobres, que no de los poderosos, una sociedad armoniosa y equilibrada, justa e igualitaria, de ciudadanos responsables y solidarios, con un material inadecuado, la herencia genética, el programa de comportamiento, de un superpredador social. ¿Recuerdan lo que sucede con el mandamiento bíblico de controlar el impulso sexual? No es el demonio meridiano quien nos tienta, sino la especie, el código genético que llevamos en las células, el inexorable mandato de las leyes de la genética. Lo mismo acontece con el impulso predatorio. No tenemos opción, casi. Recuerden el cuento de la rana y el escorpión, la condición del escorpión lo lleva a matar a la rana que lo ayuda a cruzar el río.

Hijos del Mal

Pero aún hay más: ¿Por qué para sobrevivir unos tienen que devorar a otros? ¿Por qué para que unos vivan otros tienen que morir? ¿Por qué la vida se alza sobre la muerte? Dicen los sabios que no se percibe intencionalidad en la evolución, simplemente es así. Un error al replicarse las células trajo la evolución, dicen. Y añaden que la inteligencia se ha desarrollado en los homínidos a consecuencia de la interacción con sus semejantes. El cazador es más inteligente que el herbívoro y la competencia entre los superpredadores humanos, posiblemente el sufrimiento, el dolor nos hace humanos, dijo don Miguel de Unamuno, alumbró la conciencia. Dicho de otra manera, hemos llegado a ser lo que somos porque hemos matado y asesinado, acaso también porque hemos sido fratricidas y caníbales. Somos hijos del mal. Tal vez ése sea nuestro pecado original. El Génesis lo cuenta simbólicamente y acaso no le falte razón.

Ahora debemos redimirnos. Pero los poderosos, que no quieren ciudadanos sino súbditos, se oponen a ello.

Señas de identidad

Predador social hemos indicado. En los orígenes los clanes se identificaron con un animal totémico, luego vinieron diversas formas de identidad social, los caudillos, los reyes, el linaje, la religión, la raza, la nación, la patria, todas ellas con sus banderas y emblemas. Hoy en día, en un mundo globalizado en que la identidad se diluye en espacios inabarcables y multitudes anónimas, sin rasgos claramente definidos, son muchos los que buscan seguridad, no olvidemos que el grupo sirve para defenderse y sobrevivir frente a un medio hostil, en pandillas, peñas, clubes, sectas, naciones reinventadas... Como sabemos muchos de estos grupúsculos, no sólo buscan una identidad, sino que a veces la ejercen mediante la violencia contra otros grupos paralelos o dominantes, o sea, el instinto predador como seña de identidad del clan. Es la llamada de la especie o de la sangre, que dicen otros, la pervivencia de unos rasgos genéticos que la cultura no ha podido cambiar. Desde antiguo los políticos saben bien que los deportes y espectáculos de masas son un buen instrumento para canalizar la agresividad y necesidad de identificación grupal. Aquello de que ser cola de león satisface a muchos pequeños.

Privilegios del liderazgo

Pero los grupos necesitan un líder, que siempre se arroga unos privilegios, también está en la propia naturaleza, no ya de los predadores, sino también de los herbívoros. En las manadas el macho dominante cubre a las mejores hembras, a todas incluso, o come siempre el mejor bocado y se sacia, mientras el resto de individuos espera, o se reserva el mejor refugio.

Hasta aquí nada o casi nada que nos diferencie del resto de los predadores sociales, como leones o lobos, tan solo unos comportamientos más elaborados por el mayor peso de la cultura, que cada especie tiene sus armas propias y la cultura, a medida que crece el cerebro, tiene mayor importancia, que hoy nadie niega que las otras especies animales también tienen cultura: «Percibir, relacionar, sentir, recordar, formar conceptos, calcular medidas, comparar valores, comunicarse con los semejantes, son operaciones mentales generosamente repartidas por todo el reino animal... También compartimos comportamientos como la conjura, las alianzas o las intrigas palaciegas... [Y Jane Goodall se pasma ante] la habilidad con que construyen herramientas los chimpancés» (J. M. Marina, Ética para náufragos, p. 17).

Los humanos tienen experiencias de liderazgo similares a otras especies

«Los chimpancés podrían dar lecciones de liderazgo político. Como todos los grandes simios, son capaces de planificar y engañar, tienen recuerdos temporales, sentido del humor, distinguen lo que es justo de lo que no y sienten miedo, felicidad, curiosidad y empatía. Pero hay más: los chimpancés viven en sociedades jerárquicas, en las que el líder no es el más fuerte sino el que logra más apoyos, en un hábil ejercicio de transacción política, y para mantener la posición alfa deben afirmar su dominancia, tener contentos a sus aliados y evitar que el resto se rebele. Pero no todo es alta política en estos primates genéticamente muy cercanos al hombre. En el lado oscuro está su obsesión por el poder y el territorio, que les lleva a emplear una extrema violencia, sobre todo con otros grupos. Nada nuevo, por otra parte, en el universo humano».

(Silvia HINOJOSA, La Vanguardia, Barcelona, 14/12/2008)

Entre los comportamientos humanos quizá quepa resaltar la capacidad simbólica, esos lujosos atuendos, coches ostentosos y casas ricas para destacar el status, y una exacerbación de la agresividad y violencia, que ha llevado a una crueldad y ensañamiento con las víctimas sin igual con ninguna otra especie, aunque es sabido que algunas, zorros, comadrejas, orcas, hienas, osos, también matan más de lo que necesitan a veces. En la especie humana sin embargo la conciencia del tiempo multiplica el fenómeno. Sin duda el general Franco siguió matando después de conseguir sus objetivos para extender el terror entre los vencidos durante generaciones.

Pero con la revoluciones neolítica y metalúrgica, digamos la agrícola primero y la urbana después, comienza el modo de vida y la competición específicamente humana, la lucha por los excedentes de producción o plusvalía. Porque hasta entonces las distintas especies humanas han sido cazadoras y recolectoras, como las demás especies animales, y muy poco han podido acumular. Sin embargo con las revoluciones técnicas que descubren la manera de producir alimentos primero, la agricultura y ganadería, y aprovechar la energía natural después, las fuerzas animal, fluvial y eólica, la capacidad de producción aumenta muy por encima de la capacidad de consumo. Surge por tanto la necesidad de acumular y reconvertir los excedentes, y con ello la lucha por su control y reparto.

La acumulación exitosa de recursos y excedentes inspira a los poderosos dos cambios fundamentales, origen de ese proceso que llamamos historia, la propiedad privada y la explotación sistemática del trabajo ajeno. Todo ello nos ha llevado a cotas inimaginables en el desarrollo científico y técnico, aunque a costa de un sufrimiento y dolor sin cuento que ha ensangrentado y desnudado la tierra hasta el borde del suicidio, que la voracidad del predador humano es insaciable, porque no se agota con el estómago lleno, como en otras especies, sino que siempre necesita más: el hombre es un animal enfermo, decía don Miguel de Unamuno. ¿Somos ahora más felices que el hombre de Altamira?

La sumisión de los pobres

Este comportamiento de los líderes, que obviamente también se pelean entre ellos por el liderazgo, ha puesto muchas veces en peligro la cohesión del grupo con sus excesos, cuando el reparto del botín se ha hecho insoportablemente desproporcionado, cuando los fieles y súbditos se han visto sometidos a una explotación que los ha llevado al límite de la subsistencia, a la muerte incluso. Entonces se han producido rebeliones para cambiar al líder, la forma de ejercer el liderazgo o aun el modo de promoción y criterios para el reparto del botín. 

Es lo que está pasando en Túnez, Egipto, Libia, Yemen (2011)... y es el miedo que tienen todos los Estados árabes, acostumbrados a siglos de despotismo... 

Entre nosotros ha surgido el Movimiento 15M que denuncia una democracia tramposa y una clase política corrupta que sólo vela por sus intereses.

Naturalmente los líderes han criminalizado y perseguido a los rebeldes, y tratado preventivamente de sacralizar su persona o cargo: dioses o elegidos por los dioses se autoproclaman, “Caudillo de España por la gracia de Dios”, se decía no hace mucho el último dictador de la nación española, pueden comprobarlo si aún conservan monedas de una o varias pesetas. Dios como bandera, como tantas veces, un invento ideológico de hace cuatro milenios, coetáneo del ladrillo, la rueda y el arado, probablemente el "arma de destrucción masiva" más eficaz, que todavía resulta útil y ha sido pretexto para las más atroces matanzas y los expolios más inicuos.

También han insistido los caudillos en la necesidad de la unión sagrada del grupo, sea cristiandad, nación, patria..., para combatir al enemigo exterior, siempre hay un enemigo exterior según los líderes. Frente a lo cual los rebeldes suelen argüir que no hay más enemigo que los poderosos, que son los poderosos quienes destruyen al grupo con sus demasías, subrayan la fractura en dos mitades, explotados y explotadores, opresores y oprimidos, y tratan de suscitar una conciencia de grupo en los oprimidos de todas las naciones. Unos intentaron construir una sociedad paralela, fundamentada en el amor y hermandad en Dios. Los explotados no tienen patria ni bandera, deben conquistarla, gritaron otros más agresivos. Todos fracasaron. 

¿Saben que en nuestro país, según Cáritas (2008), la organización eclesial, aún hay más de ocho millones de pobres, el 21% de la población, a pesar de que, según el Gobierno y las estadísticas, somos la octava potencia económica mundial? En EEUU, la primera potencia, la cifra es menor, el 12,5%, porque exporta la pobreza a otros países. Hoy los pobres o no ven alternativa al sistema y han perdido toda esperanza o se creen las fábulas que los líderes cuentan, el sueño americano, la salvación eterna y cosas por el estilo. El enemigo, como un virus, ha colonizado el cerebro de los pobres, la última frontera.

Doctrinas de salvación

Sin embargo el cazador social también ha desarrollado una cualidad que refuerza la solidaridad y cohesión del grupo, la empatía, la capacidad de ponerse en lugar del otro y sentir sus emociones, su alegría y sufrimiento, una cualidad que nuestra sociedad cultiva y alienta muy poco, porque los programas de estudio sólo atienden la capacidad intelectual, la preparación instrumental al servicio del mercado, nunca la educación emocional o afectiva. Evidentemente no interesa a los líderes de multitudes, que tratan de desviar las emociones y afectos hacia fórmulas rituales, sin compromiso humano, social o político, que sería pernicioso para su liderazgo. 

El caso de la Iglesia Romana, única institución que sobrevivió al Imperio, es paradigmático: Surge portadora de un mensaje de salvación y acaba convertida en instrumento de opresión, no podía ser de otro modo, que por eso y para eso la asimilaron los césares. Surge como misionera del amor y acaba imponiendo por la fuerza un credo y un culto. En las J. M. J. 2011 de Madrid el Pontifex Maximus ha vuelto a condenar el aborto, la eutanasia y el amor libre, pero ha olvidado los pecados económicos que nos han metido en la crisis de 2008 y se ha limitado a decir que la economía debe estar al servicio del hombre. ¿Por qué no condena con igual intensidad la evasión de impuestos y los paraísos fiscales, la especulación financiera y la codicia de los ejecutivos multinacionales, la ambición desmedida y el despilfarro del dinero público de los políticos?

Sucede lo mismo con una educación ciudadana que convertiría al individuo masa en responsable de su destino.

Hace dos mil quinientos años, en el tiempo eje que dijo Karl Jaspers, comenzaron a surgir filósofos y profetas que propusieron diversos modos de superar la contradicción predador-presa y el desgarro o padecimiento que los pobres sufrían, el faraón Ajenatón ya lo intuyó casi un milenio antes, mediante la ataraxia o el amor. Quizá los más interesantes sean Jesús de Nazaret entre los profetas o Buda entre los filósofos. El desasimiento y la inmersión en el todo como fórmula de liberación, o el amor y solidaridad con el otro.

Pero una cosa son los maestros y otra muy diferente los discípulos. Normalmente éstos no pueden o no quieren romper los vínculos con la sociedad de su tiempo y se convierten en legitimadores del sistema e instrumentos de los predadores legales, de los poderosos, tanto en China como en Europa. Incluso la teoría del último filósofo, Karl Marx, que puso todo su entusiasmo y trabajo en superar la contradicción opresores oprimidos mediante la política, sirvió luego para legitimar los despotismos más sangrientos, que el poder corrompe siempre o atrae como un imán a los predadores, como ya denunciaron los anarquistas.

La conflictividad humana

Por tanto, en todas las sociedades humanas encontramos dos tipos de conflictos específicos básicos:

  1. El biológico o derivado de la construcción, en muy poco tiempo, de una sociedad cultural, es decir, histórica, que entra en contradicción con la herencia genética elaborada durante millones de años. Algo así como pretender formar una orquesta sinfónica con chimpancés.

  2. El histórico, que hoy da forma y encubre al primero, derivado de la contradicción entre la clase dirigente, que pretende una sociedad hábil y sumisa, pero a la que que no interesa el desarrollo de otras aptitudes y capacidades, que indudablemente mejorarían la convivencia, distintas de las instrumentales, porque cuestionarían sus excesivos privilegios de caudillaje, y la multitud de los sometidos y marginados. Este conflicto engloba como veremos otros varios, de entre los cuales me importa destacar un tercero que acaso tenga personalidad propia.

  3. El humanista, de quienes aspiran a la comunión de toda la raza humana en libertad e igualdad de derechos frente a la alienación de quienes sólo ven su interés o beneficio particular, después de mi el diluvio, dijo uno, porque no se sienten comprometidos como personas.

Una teoría de la historia

Dos claros procesos se advierten en el desarrollo de la Historia: 

  • un saber de la realidad y 

  • una consideración del otro como semejante. 

Por el primero el ser humano conoce su entorno, su país, su planeta, el universo. Por el segundo siente empatía o se identifica con los individuos de su especie, más allá de las fronteras familiares, tribales, clasistas, nacionales o raciales y los considera iguales en derechos, en vez de instrumentos con que lograr la satisfacción de una necesidad, es decir, supera la alienación que le impide ver la humanidad del otro.

Hoy conocemos la naturaleza mejor que nunca, dicho de otro modo, en la historia el Universo se hace consciente de sí mismo, el ser humano es la conciencia del Cosmos, la conciencia brota de la materia en el curso de la historia que la especie humana va tejiendo (hasta donde conocemos, que puede que haya otros mundos con especies vivas más conscientes que nosotros) y no al revés. 

Por otro lado hoy se extiende cada vez más la cultura de unos derechos humanos universales que por primera vez incluyen a la mujer, históricamente marginada hasta ahora, al menos desde la aparición del Estado, o sea, de la historia. Su respeto y ejercicio no es una realidad, sino un horizonte utópico, que ya es mucho, porque hasta hace poco más de dos siglos ni se planteaban y aún entonces no incluían a la mujer, la mitad de la humanidad: La Revolución Francesa encarceló y decapitó a Olimpia de Gouges por reclamar igualdad para las mujeres. La necesaria solidaridad frente a la naturaleza u otros grupos de cazadores generó la empatía y de ésta y la conciencia surgió el desarrollo teórico de los derechos, la invención de los derechos humanos, ha escrito Lynn Hunt, como ámbito necesario para la evolución superior de la humanidad.

Es decir, estamos inmersos en un vastísimo proceso que está alumbrando la conciencia del Cosmos y una persona plenamente libre e integrada en una sociedad también libre. ¿Lo conseguiremos o destruiremos antes nuestro planeta y con él nuestra civilización?

Sin duda los obstáculos han sido, son y serán enormes. Todo lo que se oponga al desarrollo del conocimiento y a la plenitud de los derechos será un obstáculo. La historia está llena de censores y hogueras donde han ardido libros de todo tipo, también de científicos condenados por ampliar las fronteras del saber. ¿Se acuerdan de Hypatia de Alejandría y Giordano Bruno? Ayer se condenaba el heliocentrismo, hoy aún se discute el evolucionismo y se cuestiona la investigación con células madre. Incluso Pío IX condenó, en la encíclica Quanta cura, los derechos humanos, singularmente la libertad de conciencia. Y siempre detrás de las hogueras y las condenas había o hay un poder que veía o ve peligrar sus privilegios particulares. 

En definitiva, no es una cuestión científica, sino de poder. El saber nunca se impone por la fuerza. El saber nos hace libres y eso no lo soportan los poderosos, que necesitan la sumisión de los pequeños. 

Es una contienda universal cuyas múltiples escaramuzas, grandes o pequeñas, salpican el planeta: nuestro debate en torno a la moralidad de las corridas de toros, la más generalizada controversia en torno a la pena de muerte o la guerra justa, la reciente pugna en los EEUU del presidente Obama contra el partido republicano y las grandes aseguradoras, el partido de los predadores o halcones, por la sanidad pública, nuestros halcones particulares contra el juez Garzón y la "memoria histórica" o su campaña contra la "Educación para la ciudadanía", que los halcones no quieren ciudadanos, sino súbditos fácilmente manejables...

Porque hoy nos enfrentamos a un nuevo reto, un daño colateral inesperado derivado de nuestro propio éxito: Hemos roto todos los contrapesos que mantenían el equilibrio del sistema terrestre, que se degrada a toda velocidad, quizá el cambio climático sea sólo el vértice del iceberg. ¿Cuándo las élites dirigentes se darán cuenta de que la destrucción del planeta será nuestra propia destrucción? Cada vez se parecen más al individuo que en el incendio de su casa muere abrasado por entretenerse a salvar sus tesoros.

Aunque me surge una duda: ¿Será la destrucción de este planeta y otros muchos planetas el precio por una humanidad conciencia del Cosmos?

La Revolución urbana

La hominización y la humanización finalmente como marco del devenir de la conciencia. Desde entonces, desde la revolución urbana, hace unos seis milenios, con la formación del Estado y las religiones -se inventa el arado, el ladrillo y la rueda, comerciantes y artesanos controlan la economía y surgen finalmente los reyes, sacerdotes y dioses-, muy poco ha cambiado la estructura de las sociedades humanas. Decía Tuñón de Lara que para entenderla basta preguntarse quién tiene el poder, cómo se ejerce y cómo se legitima. Lo que sigue es un intento de explicación de esa estructura.

 


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Apunte bibliográfico

DITTMER, Kunz, Etnología General. Formas y evolución de la cultura (México, FCE, 1960), 342 págs.

CHARON, Jean E., Tiempo, Espacio, Hombre (Barcelona, Ed. Kairós, 1969), 190 págs.

CHARON, Jean E., De la materia a la vida (Madrid, Ed. Guadarrama, 1971), 413 págs.

GORZ, André, Historia y enajenación (México, F.C.E., 1969), 350 págs.

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