Teogonía de los griegos


 

¡Salud hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos Inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. Decid también cómo nacieron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ilimitado mar de agitadas olas y, allí arriba, los relucientes astros y el ancho cielo. Y los descendientes de aquéllos, los dioses dadores de bienes, cómo se repartieron la riqueza, cómo se dividieron los honores y cómo además, por primera vez, habitaron el muy abrupto Olimpo. Inspiradme esto, Musas que desde un principio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo que de ello fue primero.

HESÍODO

 

Cuando los griegos abrieron los ojos al mundo, vieron el cielo y la tierra, y entre ellos innumerables seres de diversa índole y linaje, animados unos, dioses y hombres, bestias y plantas, semidioses y monstruos...; inanimados otros, montañas y ríos, mares y desiertos... Luego se preguntaron dónde comienza la genealogía o linaje de las cosas, de los dioses, de los hombres, de la naturaleza toda; y del mismo modo que los reyes micénicos ordenaban la vida de un territorio, muchas veces en lucha con otros territorios y reyes, así imaginaron que había sucedido en el mundo. A partir de ese hilo comienzan a tirar y la madeja se va devanando poco a poco, cortando y cosiendo, remendando y ensamblando cuentos y relatos procedentes de edades y lugares diversos, acomodándolos al sentir de cada momento, en un presente continuo  que sin embargo actualiza lo sucedido hace mil años o viceversa.

Las diferentes teorías de la creación, que se reúnen bajo el término "cosmogonía", buscan una explicación a la existencia de los primeros dioses, no de los humanos, como ocurre en la concepción judeocristiana, porque para los griegos era obvio que los hombres eran producto del ingenio y poder de sus dioses.

La idea de la gran diosa madre, dentro de una concepción religiosa matriarcal, en la que el concepto de paternidad aún no se había descubierto, permaneció durante mucho tiempo en la mentalidad griega, igual que sucedió en todas las culturas primitivas. Adorada y temida, obedecida y bendecida por todos, la matriarca, única deidad existente, cuya misión era defender el hogar y la fecundidad materna, recibía un culto público y doméstico. 

Sin embargo, cuando se conoció claramente la relación entre coito, embarazo y parto, aquel modelo explicativo se rompió y el mundo se les hizo añicos; todos los elementos vagaron sin orden ni jerarquías y comenzaron a abrirse paso nuevas teorías sobre el origen. Así, el sol no iluminaba, la luna no salía por las noches y el mar no tenía riberas. El frío y el calor, la sequía y la humedad, lo pesado y lo ligero, todo chocaba entre sí. El Caos era, pues, la nada o la antimateria, un magma formado por todos los elementos en completo desorden, las esencias y los atributos.

Sea cual fuere la explicación de esta compleja concepción, pronto surgieron diversas narraciones que se ocuparon de precisar el tránsito desde el Caos hasta los dioses conocidos.

 

"En el principio existió el Caos"

Uno de los relatos más conocidos que da este paso, instituido luego como versión tradicional de los acontecimientos, fue el elaborado por Hesíodo, según el cual, tras el Caos, surgió Gea o Gaya, su hija, personificación de la Madre Tierra, quien «sin mediar el grato comercio... alumbró al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y fuera así habitación siempre segura para los felices dioses». Esta es la versión castellana de su relato:

En el principio existió el Caos. Después Gea, la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro. Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos. Del Caos surgieron Érebo y la negra Noche...

Ambos fueron los padres de las primeras criaturas vivas: Hecatónquiros, Cíclopes y Titanes, encerrados luego por Urano, porque eran monstruosos o porque temía que lo destronasen. Gea, enojada y contrariada por esta hazaña, alentó a los Titanes y a su hijo Cronos a derrocar a Urano.

Pero los hechos fueron al parecer más complejos: En un principio, no existía la Tierra, sólo un conglomerado informe compuesto por los cuatro elementos, agua, tierra, cielo y aire, en el cual reinaba el Caos, una deidad sin rostro, al lado de su hija y esposa, Nyx, la negra diosa de la Noche, habida de la Oscuridad, la noche primigenia, la que reina en las esferas celestes, de la que tuvo a Erebo, el silencioso y helado lugar donde vagan los espectros y habita el olvido.

Erebo destronó y suplantó a su padre en el lecho de su madre, Nyx, de la que tuvo a las Parcas, que hilan el destino, a Hipnos, inspirador del Sueño, y a Thánatos, portador de la Muerte, las perversas deidades que sigilosamente acechan a los humanos desde las sombras; a Némesis, la terrible diosa de la venganza, a Eros, el impulsivo dios del amor (aunque algunos dicen que este dios nada tiene que ver con el infante que acompaña a Afrodita), y a una legión de dioses o demonios sin forma que luego habitarán y parasitarán el corazón de los humanos, para bien o para mal. Finalmente tuvieron a Éter, el aire, y a Hémera, el día.

También estos últimos destronaron a sus padres y se propusieron, con la ayuda de su hermano Eros, transformar el mundo caótico en algo bello. Era el comienzo de la creación entendida, no como génesis desde la nada, sino como organización de los elementos.

Por fin de esta unión nació Gea, la Tierra, un lugar sin límites provisto de todo lo necesario para construir la morada de los seres vivos. Eros embelleció a Gea con todos los dones naturaleza virgen. Y ella correspondió separando de su seno a Urano, el Cielo, de igual extensión que ella misma, y a Pontos, las inconmensurables aguas marinas.

 

Gea

Como en otras culturas Gea, la Madre Tierra, está relacionada con el aspecto femenino del Cosmos y consiguientemente con la fecundidad de la tierra y de las hembras, con la guerra y con la muerte, con las diosas Cibeles, Hera, Démeter, Maya, Sémele, Hécate y alguna más, porque además es la primera de los dioses que tiene aspecto humano, en tanto que los dioses antiguos, anteriores a ella, no lo tenían. De hecho, a excepción de Gea, muchos de estos dioses degeneraron y se convirtieron en demonios o entes parásitos que sobrevivían alimentándose del fluido vital de otros seres vivos.

En el mito más directamente referido a Gea hallamos que es hija del Caos, madre y esposa a un tiempo de Urano, o sea, el Cielo personificado.

Según otras versiones Gea sería resultado de la unión entre el Tártaro, región espectral de las más hondas profundidades, y Eros, el amor.

Hesíodo cuenta y ordena la estirpe de Gea en Tres Generaciones Divinas que se fueron sucediendo en el Universo:

1.  La generación de Gea y Urano,

2.  la de Cronos y Rhea, y por último

3.  la de los Olímpicos, el reinado de Zeus y Hera.

 


Memoria de un viaje a Grecia

Aurelio Mena Hornero