Vida y formación de Murillo


Inmaculada de El EscorialBartolomé Esteban Murillo había nacido en Sevilla en 1617, se había formado con un modesto pintor, Juan del Castillo (h. 1580-1657), y en 1645 contrata su primera obra importante, la serie del claustro chico del convento de San Francisco, hoy dispersa. Desde entonces hasta su muerte en 1682, a consecuencia de una caída del andamio cuando pintaba el retablo mayor de los Capuchinos de Cádiz, su vida profesional fue una carrera de éxitos. En 1660 fue el principal impulsor y primer presidente de la Academia de Pintura establecida en la Lonja, en la que colaboraron Herrera el Mozo, Juan Valdés Leal y Pedro Roldán, pero pronto dejó de interesarse en ella por desavenencias con los dos primeros.

Sus verdaderos maestros, sin embargo, fueron Zurbarán y Ribera, de quienes aprendió el naturalismo tenebrista. De Juan de las Roelas y de Herrera el Mozo habría asumido el colorido de los venecianos, los contraluces tardotenebristas y el movimiento teatral del barroco decorativo. Seguramente conoció a Alonso Cano, en quien se ve un antecedente para el lirismo de sus Vírgenes. Aníbal Carraci y Guido Reni, en los que aprendería el clasicismo de la composición; Rubens, para el impulso ascensional y las glorias de ángeles niños de sus Inmaculadas, y Van Dyck, por su mesura y elegancia compositiva, tan de acuerdo Inmaculada de los Venerablescon su espíritu, se citan también entre sus fuentes, conocidos a través de numerosas estampas, según era norma frecuente, o alguna copia. Se discute la visita que Palomino le atribuye a Madrid en 1642, donde permanecería invitado por Velázquez hasta 1645 y estudiaría las colecciones reales; está documentada empero la de 1658, que le afirmaría en los aprendizajes ya adquiridos.

Aunque de evolución lenta, llegó a ser un maestro consumado, de una excelencia en el dibujo y un virtuosismo técnico sin parangón tras la muerte de Velázquez, que manejaba el color con una riqueza de matices y exquisita sensibilidad, y componía con una sabiduría e imaginación superior a la de sus contemporáneos. Su fama llegó a Madrid desde donde en 1670, según cuenta Palomino, lo llamó Carlos II; pero no era Murillo hombre para las complejidades de la Corte y rechazó la invitación.

Entre 1671 y 1673 pinta la serie de grandes cuadros para el Hospital de la Caridad, donde acaso alcanza su expresión más alta, y en 1678 la Inmaculada de los Venerables, la más hermosa.

Durante el siglo XX Murillo se devaluó por el cansancio de su obra reproducida Virgen del Rosarioen miles de estampas, por la laicización de la cultura y porque la crítica lo acusó de blando sentimentalismo. No obstante, cuando se abandonaba la exposición antológica de 1982 y ésta de 2001, se tenía la sensación de que si Murillo hubiese tenido la ambición de Velázquez, tal vez habría llegado como él a lo más alto y hubiese asegurado al maestro un relevo generacional parejo. Pero las circunstancias ya eran otras.

Estuvo casado con Beatriz Cabrera y Sotomayor, de una familia de plateros, con la que tuvo diez hijos, de los cuales sólo el menor, Gaspar, pudo estar junto a su lecho de muerte. Había enviudado en 1663 y no se volvió a casar.