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La memoria de la vida cotidiana de un siglo tiene Aurelio en
su casa, de mucho más de un siglo, porque allí están las medidas tradicionales: el
celemín, la fanega y la media fanega; las trébedes, las sartenes y los peroles; los
pucheros, las orzas y las tinajas de barro; la paridera de cuando las mujeres parían en
casa, la andadera para los niños que empezaban a andar; la vasija de latón, con forma de
botella, para indagar si una muchacha era moza o había dejado de serlo; los moldes y la
tabla para hacer queso, «para que los niños sepan cómo se hacía el queso, que hoy creen
que todo procede del supermercado»; una cacerola con el fondo hecho de la tapadera de otra.
—Entonces sí que había necesidad —dice Aurelio— y no hoy que se queja la gente de
vicio, que iba el latonero remendando ollas y perolas tres y cuatro veces cuando hoy se
tirarían a la primera.
Colgado de una viga tenía el viejo soldador que los
latoneros llevaban en un cubo lleno de brasas de carbón de encina, hecho a veces con medio
jarro de zinc de los que había en los lavabos.
Los extranjeros y particularmente los japoneses, que le
saludan muy ceremoniosos, son los que más interés muestran por su colección. Los médicos
quedan entusiasmados con la paridera y los profesores con todo. Dice que los profesores son
los que más aprecian su colección y allí tiene un rótulo de agradecimiento escrito con
letra y ortografía de párvulo.
Sin embargo Aurelio tiene ya setenta y muchos años, está
cansado y teme que su colección se disperse o tenga que venderla a algún comprador
extranjero, que ya ha tenido varias ofertas, cuando él ya no pueda mantenerla.
Ni el Municipio, ni la Comunidad Autónoma han respondido a
su petición de ayuda. ¿A qué político puede interesar algo que despierta tan poco
interés entre el electorado? (Que ya se sabe cómo los políticos no están para educar a
la ciudadanía sino para utilizarla como peldaño hacia el poder).
Sólo a los chiflados que pensamos que la memoria histórica
es fundamental para la educación de los pueblos, para entender y valorar los logros del
presente, las necesidades y afanes de las generaciones pretéritas, para humanizar a las
gentes, para que no seamos sólo una civilización de consumidores, como pretenden hacer de
nosotros los líderes de la globalización y de la nueva economía, puede interesarnos algo
semejante.
Por eso, este sitio y estas líneas pretenden ser una voz de
alarma para que no se pierda una parte importante de nuestro patrimonio cultural, que no
sólo es patrimonio lo que se guarda en el Museo del Prado, para que nuestros nietos no
tengan que lamentar nuestra desidia y falta de sensibilidad.
En algunos pueblos del Pirineo hay museos etnográficos
admirables como el que se podría montar en la Vera con la colección de este hombre digno
de admiración. ¿Alguien puede hacer algo más?
Aurelio
Gironda Pedraza
c.
La mimbre, nº 6
Tfno.:
927 566 191
10490
VALVERDE DE LA VERA
(Cáceres)
SPAIN
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