Vía de la Plata
Día quinto, 22 de junio, viernes
Torremejía - Cáceres, 86,4 kms.
Cuando el Peregrino se levanta poco antes de las siete, ya salen los belgas. Hoy Pretende llegar a Cáceres, una etapa más larga que las anteriores. La mañana es luminosa y fría.
Desayuna con el portugués y se pone en camino. No tarda en adelantar a Fernando que marcha por la senda paralela a la carretera. Luis quedaba buscándote, le dice. Ya me alcanzará, que él anda mucho, le responde despreocupado. Singular.
Entra a Mérida por el puente romano, pasa bajo el arco de Trajano y se detiene junto al acueducto de los Milagros, que se tiene en pie por un milagro del Altísimo, decían los antiguos, de hermosas arcadas con dovelas bicolores. Las cigüeñas han encontrado fácil habitación sobre sus pilares y arcos rotos.
El Peregrino se detiene un par de veces a descansar, en mitad de un paisaje agreste salpicado de afloraciones graníticas, particularmente los pies, que se le hinchan con la calor, y comer. Poco antes de Aldea del Cano lo hace junto a un mínimo puente que permanece intacto en la calzada, sólo visible en aquel pequeñísimo tramo. Evocador, es extraordinariamente evocador y el Peregrino sueña legiones o trajinantes romanos caminando sobre el puente. Sin embargo al paso por Valdesalor, olvida otro magnífico sobre el río Salor, también romano.
Cerca de Cáceres aumenta el calor y el tráfico. Treinta grados marca un termómetro al entrar en la ciudad, son las 14:30. El Peregrino se aloja en un hotel próximo a la plaza, 51 euros; por lo mismo en Fuente de Cantos le cobraron 20. Cosas de la ciudad. ¿Quién se embolsa la diferencia? Pero hoy no tenía ganas de albergue, que además no existe. El menú del día, cuya diferencia sin embargo no es mayor de uno o dos euros, tampoco se puede tomar bajo los arcos vacíos de la plaza, sino en el interior. ¡Cómo son en la ciudad!
Por la tarde el Peregrino recorre las ya conocidas calles del casco viejo, entre torres altivas, almenas aguerridas y oscuras saeteras, todo un mundo ya fenecido. Detrás de la iglesia de los jesuitas puede ver una exposición de artefactos usados en el teatro clásico para reproducir los sonidos de la naturaleza, la lluvia, el trueno, el mar... Interesantísima. Unos chavales se divierten haciéndolos funcionar.
En la concatedral de Santa María hay ambiente de boda y mujeres vestidas de gitana. Pertenecen a un grupo rociero. Vamos a cantar la misa, le dice una de ellas. El Peregrino espera el comienzo y entretanto encuentra el Santísimo Cristo del Calvario entre Santa María y San Juan, un tríptico en madera sin policromar, de esbeltez manierista, debido a Roque Balduque, el imaginero flamenco establecido en Sevilla, que el peregrino es estudioso, aunque modesto, matiza él, de la iconografía e iconología de los Crucificados.