La crucifixión


Durante la época romana, la Crucifixión era aplicada como pena capital. El condenado, por lo general, portaba sobre sus hombros el patibulum, palo transversal de la cruz, hasta el lugar de la ejecución. Por el contrario, el stipes, palo vertical de la misma, estaba hincado en el suelo. Razón por la que podía ser reutilizado.

Una vez clavado el reo en el patibulum, se colocaba este barrote horizontal sobre el vertical. De esta forma, si se apoyaba en lo más alto, se configuraba la cruz en tau o crux commissa o decapitata (unida). En cambio, si se fijaba más abajo, se formaba la crux immissa o capitata (en intersección). De inmediato fijaban los pies del réprobo en el extremo inferior del stipes. En este poste, con frecuencia, se hallaba el sedile, madero que servía para apoyar y descansar el periné. En consecuencia, este palo, donde reposaba el reo a horcajadas, prolongaba la agonía al disminuir la tracción ejercida sobre los brazos.

En la Crucifixión solían emplearse cuatro clavos, uno por cada mano y pie, remachados por detrás. Estas piezas, denominadas de «herrero», tenían forma de pirámide alargada. Medían unos 10 ó 12 cms. de longitud, aproximadamente.

Por último, debemos reparar en el titulus o tablilla que se fijaba sobre el madero. Se exponía, como escarmiento y advertencia, en la parte superior del stipes, para explicar el delito cometido por el ajusticiado. Dicho rótulo era portado, desde el Tribunal hasta el lugar de la ejecución, por un soldado o pregonero o por el propio réprobo colgado del cuello. La tablilla en cuestión, o una copia, se remitía a Roma para su archivo.

Según los textos sagrados, Cristo muere en la Cruz para la Salvación del género humano. Muere, pues, para liberar al hombre del pecado original. Por eso, los escritores medievales relacionan la Caída y la Crucifixión. Con tal motivo, comentan que la Cruz estaba realizada con madera del Árbol del Conocimiento del Paraíso Terrenal, o de alguno nacido de sus semillas. E incluso llegan a decir que Adán fue enterrado en el lugar de la Crucifixión. Por tanto, la calavera que suele aparecer al pie del madero, en las representaciones iconográficas del tema, encierra una doble significación. Por un lado, alude al Gólgota, «el lugar de la calavera»; y por otro, representa la propia calavera de Adán.

Se supone que Cristo fue clavado en una cruz immissa y sublimis, ya que las elevadas proporciones del madero, propias de personajes principales, permitía que el Crucificado fuese muy visible y sirviese de correctivo para todos. Los ladrones, al parecer, usaron cruces commissa y humilis. Eran las más frecuentes, dada la condición social de los ajustíciados. Su escasa altitud permitía que las fieras, pájaros y buitres despedazaran los cadáveres. Sobre las dimensiones y peso de la cruz de Jesucristo no hay una opinión generalizada. En ella se debió omitir el sedile pues, al ser vísperas del Sábado, Jesús debía morir rápido. También hay que descartar el suppedaneum, aditamento lignario sobre el que apoyan los pies en algunas representaciones, ya que es una aportación del siglo IV. Por el contrario, sí ostentó el titulus en el palo vertical. En dicha tablilla Poncio Pilato mandó redactar en hebreo, latín y griego: «Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos» Jn 19, 18-22).

(GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel, Cuando Cristo pasa por Sevilla: Escultura, iconografía y devoción, en Sevilla Penitente, II (Sevilla, 1995), pp. 145-146).


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Aurelio Mena Hornero