Sierra de Grazalema

 

Aurelio Mena Hornero

 

Desde hace algunos años, cuando llega octubre viajamos al encuentro del otoño que viste de amarillo bosques y alamedas. Esta vez tocaba el Pirineo catalán, pero hace un mes estuvimos en la sierra del Cadí, de modo que decidimos bajar de nuevo a Andalucía, a la sierra de Grazalema, en la provincia de Cádiz.

 

OCTUBRE

Viernes, día 31. Avería en la ruta.

Salimos de Madrid poco después de las 9:00, cuando todos los que acuden a sus obligaciones laborales, cada vez menos, ya se han ubicado. Viaje por tanto desahogado en el primer tramo. El segundo desayuno lo tomamos en una venta de un lugar de La Mancha a la memoria del incorruptible hidalgo, del que tanto ejemplo debieran tomar algunos. Por Despeñaperros Ana advierte que el coche no tira como de costumbre y le cuesta subir las pendientes.

Comemos en el mismo lugar que en Semana Santa, en “Los Cansinos”, a quince kilómetros de Córdoba, rabo de toro naturalmente.

Me pongo al volante cuando reanudamos la marcha y al intentar salir a la autovía en leve subida el coche se resiste. Piso más fuerte y se para. Repito la operación y vuelve a pararse.

Llamamos a la Mutua, viene una grúa y el operario repite de nuevo la arrancada con el mismo resultado. Nos transporta a un taller de Córdoba. ¿Lo han llevado a un taller recientemente? Nos pregunta el mecánico tras echarle un vistazo. Sí, para la revisión anual. Le han dejado el manguito del carburador flojo, por eso se para al exigirle.

Aprieta las abrazaderas y el coche funciona perfectamente. No hay que pagar nada, que todo lo cubre el seguro. Doy al mecánico una generosa propina y me da las gracias muy expresivo. Es un error muy habitual en los talleres, nos ha explicado: El mecánico deja algo a la mitad porque lo llaman y luego se olvida.

El resto del viaje hasta Arahal, en la Campiña de Sevilla, discurre sin otra incidencia.

 

NOVIEMBRE

Sábado, día 1. Día de Todos los Santos

En Sevilla nos encontramos el Tenorio en todas las plazuelas: En la del Pan asistimos al desafío en la Hostería del Laurel. En la del Salvador a la escena del sofá. En el arco del Ayuntamiento al encuentro de don Juan con su entierro. Junto a la Telefónica al diálogo final en el cementerio con los muertos que en su camino dejó. Hay expectación, pero menos, que aún es pronto para un día de fiesta. Muy interesante y apropiado, el Tenorio en su escenario natural.

Almorzamos en la freiduría “La Isla” de la calle García de Vinuesa, en el Arenal, casi, esas freidurías de "pescao" tan características de la Andalucía atlántica, aunque no todas sirven bebidas ni tienen mesas. El café lo tomamos en la Alfalfa, una de las plazas más castizas.

Ha crecido el ambiente. Comentamos con los familiares que nos acompañan cómo desaparecen los comercios antiguos devorados por el aumento de los alquileres de los locales, igual que en Madrid, y se sustituyen por cadenas multinacionales. Desaparece toda una cultura de siglos arrasada por el capital internacional. Será cosa de la globalización.

Domingo, día 2. Día de Difuntos

Vamos a misa a la Victoria, que la última de mis tías acaba de fallecer con 96 años, y comulgo, aunque no sabría explicar por qué. Supongo que en memoria del Nazareno, ese rebelde radical y revolucionario antisistema, finalmente vencido y prostituido por los poderosos, de mi tía y porque la liturgia ha cambiado.

Ya en Arahal, en la Peña Bética tomo un vino con los amigos del pueblo. Uno de ellos comenta la ilusión de “Podemos”, que llena el vacío dejado por los partidos del régimen.

La charla de la tarde inevitablemente gira de nuevo sobre lo mal que está todo y la corrupción de los políticos y gestores de la cosa pública.

***

Lunes, día 3. Grazalema

Los viajeros que salen de Arahal son ahora cuatro. Los pueblos de la ruta, El Coronil, Montellano, Puerto Serrano, Zahara con el puerto de las Palomas, van quedando atrás hasta llegar a Grazalema, en medio de la sierra de su nombre. El Hotel “Las Piedras”, una casona reconvertida, está en la calle del mismo apelativo, a cincuenta metros de la plaza, donde la iglesia de Nª Sª de la Aurora, de planta oval al modo de Borromini, es muy interesante.

Almuerzan los viajeros en un restaurante de la misma plaza: migas y bacalao con tomate. Las migas son muy espesas, con chorizo y morcilla, y al que esto escribe no le sientan bien. El bacalao también fue un error.

Por la tarde dan un paseo y salen al campo por una calzada medieval, ¿o era romana? Hay una peña enorme y varios pinsapos.

El pinsapo (Abies pinsapo) es una especie de abeto, perteneciente a la familia Pinaceae y de distribución restringida a sierras mediterráneas del sur de la península ibérica y el Rif.

Fue descrito para la ciencia por el botánico suizo Pierre Edmond Boissier, en su obra Voyage botanique dans le Midi de l´Espagne (Viaje botánico por el sur de España), 1838

(Wikipedia).

Al anochecer pasean por el pueblo de calles empinadas y casas blancas, con ventanas de zócalos de obra semejantes al de aquella ventana de Utrera que pintó hace tiempo quien esta memoria redacta. Muchas amontonan buganvillas, jazmines o geranios junto a la puerta. El conjunto resulta muy armónico y agradable.

Martes, día 4. El Parque de la Memoria

Se trasladan los viajeros a El Bosque por los permisos para visitar el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, donde está el pinsapar. Entre una y otra población se alza el puerto de El Boyar: Se sube por el lado suave y se baja por el lado fuerte, que hace años el que escribe escaló en la Marcha Ciclista de Ubrique: Muy duro, le recordó el la Morcuera en la sierra de Madrid.

En el Centro de Visitantes, muy bien puesto y pedagógico, se expide la solicitud para ver el Parque, luego se va a otra dependencia cercana donde dan la autorización para visitarlo, pero se accede a él ¡¡¡por Grazalema!!! La burocracia no tiene remedio.

El Museo del Agua está cerrado y pasean los viajeros por la ribera del río de El Bosque poblada de pinsapos, acebuches y abedules que comienzan a amarillear. Hay una fuente dispuesta de tal modo que el agua mana a través del agujero del eje de una piedra de molino. Un paraje encantador, pero no surgió ningún duende ni hada.

Se detienen luego en Benamahoma, Ben Muhammad o Hijos de Mahoma, una pedanía del término municipal de Grazalema, que tiene dos calles paralelas, una plaza pública circular con graderíos para utilizarla también como plaza de toros, y una tapia en el Cementerio Viejo con una pintura mural de veinte o treinta siluetas que honra la memoria de los fusilados durante la Guerra del 36 por los franquistas, es el Parque de la Memoria inaugurado el 19 de junio de 2010. Las siluetas de los fusilados le recuerdan al visitante las siluetas de hierro que rinden homenaje a los soldados que el 6 de junio de 1944 desembarcaron en las playas de Normandía:

Este I Parque de la Memoria se erige sobre lo que ha sido siempre el "Cementerio Viejo de Benamahoma" que fue camposanto hasta 1920. A partir de 1936 se convirtió en lugar de fusilamiento y enterramiento de los represaliados por el regimen franquista.

Se estima que se perpetraron desde 1936 los asesinatos de casi 150 hombres y mujeres inocentes de toda la sierra, de localidades como Grazalema, Villaluenga del Rosario, Benaocaz, Ubrique, El Bosque, Prado del rey y Villamartín además de la propia Benamahoma.

(Radio Grazalema)

De vuelta almuerzan en Grazalema.

Por la tarde visitan el Museo Textil: En realidad es la vieja fábrica donde se conserva la “antigua maquinaria textil del siglo XIX”, desde los vetustos telares de madera hasta los más recientes de hierro y acero, pero sin ningún cuidado museístico. Hay sin embargo una tienda donde los visitantes compran prendas de abrigo.

Luego pasean de nuevo por el pueblo que no deja de maravillarlos por lo bien cuidado que está y el gusto exquisito de la ornamentación floral que se exhibe en zaguanes, puertas y ventanas: costilla de Adán, aspidistras, geranios...

Miércoles, día 5. El pinsapar

Van los excursionistas al Parque de la Sierra de Grazalema para adentrarse en el pinsapar. Por la cara suave suben el puerto de las Palomas, desde cuyo mirador las vistas son espectaculares, y bajan por la cara fuerte, ocho o diez kilómetros de curvas continuas. Abajo está el embalse de Zahara-el Gastor que quien suscribe recordaba de cuando aún tenía piernas y subió esa vertiente como partícipe de la Marcha Ciclista "Palomas 99", que partió y concluyó en Ronda, una zona ideal para los ciclistas y amantes de los retos, se los ve que incluso suben por la carretera con bicicleta de montaña.

Les habían dicho que se entraba poco antes de Zahara, pero allí les dan información contradictoria: uno habla de una verja, otro de una cancela poco antes del puerto... Pasan el puerto de nuevo sin ver nada, bajan por el otro lado y ya otra vez cerca de Grazalema surge la señal junto a un aparcamiento, pero por el lado contrario, el de subida, nada advierte la entrada. Con el Barranco de la Garganta Verde, por el que alguien les preguntó, sucede lo mismo, se indica por un sentido, pero no por el contrario.

Dejan el coche e inician la marcha por una pista pedregosa y zigzagueante de una inclinación de 20 ó 25º que atraviesa un bosque de encinas, acebuches y pino negro.

En veinte o treinta minutos llegan al collado y por la umbría siguen el camino, paralelo a la línea de cumbres, hacia el Oeste. Delante a la derecha se ve una mancha verde oscuro sobre una fuerte pendiente, es el pinsapar, el abeto más meridional de Europa, con el que se ha repoblado la ladera para evitar su erosión. La vista hacia el ONO con Benamahoma al fondo, blanca como una mancha de nieve, es grandiosa. A poco se cruzan con un grupo de veinte o treinta adolescentes parlanchines y una de las monitoras les dice que su empresa se dedica a organizar excursiones semejantes para los colegios. Los tiempos cambian: Cuando el viajero y su esposa estaban en activo eran los profesores quienes llevaban y traían a los chicos.

Alcanzan el pinsapar de jóvenes abetos, hacen algunas fotos y se vuelven, que no quieren retrasarse en exceso. Al paso examinan un pozo de nieve que habían dejado a la ida: un cilindro de unos cinco metros de ancho por algunos más de hondo revestido de piedra sin labrar, que se usaba para acumular y guardar nieve, y hacer hielo por presión antes de que lo fabricaran las máquinas. Por la noche lo transportaban en acémilas al pueblo.

A poco de iniciar el regreso al que escribe se le pone un fuerte dolor en los músculos medios delanteros del muslo, ¿el recto del fémur o el cuadriceps femoral?: al parecer el ciclismo no es compatible con el senderismo de montaña.

En el parque base comen de las provisiones que trajeron y vuelven a Grazalema.

Pasan la tarde en el hotel, en un amplio salón muy agradable con chimenea donde arden gruesos troncos y decoración de grandes lienzos con temas de paisajes serranos. El redactor tan sólo se mueve para acompañar a su hermana a comprar una bufanda en la vieja fábrica, pero un vecino les informa que tiene tienda en la calle de los Corrales Terceros, muy cerca del hotel. Ya conocen esa callecita en pendiente de tiendas puestas con mucho gusto.

Ha bajado la temperatura y la luna llena luce espléndida.

Jueves, día 6. La cueva de La Pileta y Ronda

Hacia las 10:00 inician el viaje por la carretera de Algodonales, luego toman el desvío de Montejaque hasta la cueva de La Pileta, ya en el municipio de Benaoján, en un extremo del Parque de la Sierra, que se abre en una pared caliza. Durante el recorrido han visto un corzo echado en lo alto de una peña. Ante la cueva se reúnen unas veinte personas. Llega una pareja mayor con la que los viajeros comparten hotel: son australianos de Melbourne y ahora que están jubilados se dedican a viajar.

A las 11:30 entran en la cueva dirigidos por una joven guía, que les reparte linternas y advierte del peligro del recorrido: muy largo, con subidas y bajadas continuas, y muy resbaladizo por la humedad, que ahora alcanza el 80 ó 90% y en invierno llega al 100%. El viajero observa que una gota de agua tarda de dos a tres minutos en caer, pero un depósito de un centímetro se forma durante un siglo, dice la guía. Las estalactitas y estalagmitas están sucias del humo producido por los primitivos habitantes de la cueva, había una cascada de estalactitas completamente negra, y de los óxidos del agua, nada que ver con el blanco marmóreo de la Cueva del Águila en Arenas de San Pedro o del Drach en Manacor.

Las pinturas son esquemático-simbólicas en su mayoría y sólo unas pocas tienen carácter realista: varios caballos muy pequeños, aunque de una notable belleza, un pez grande con varios animales en su interior, una foca y otro pez... Sólo el perfil en negro o amarillo.

El viajero pudo observar que el sexo no era tabú para aquella gente como lo es para nosotros: ¿Alguien sabe qué representa este dibujo?, preguntó la guía señalándolo con su linterna direccional: Era un ángulo con el vértice hacia arriba, rodeado de pequeños trazos rectos y paralelos entre sí, dibujado en medio de una pared, en el lugar más visible. Ése es el origen del deseo y el amor —comenta el viajero a su esposa—: Un homenaje a la divina Afrodita. Pero nadie despegó los labios, aunque sin duda todos lo sabían. Es una vulva —explica la guía. Quizá es la representación más arcaica de la infinita serie a la que pertenecen las Venus de Lespugue, Milo y Botticelli. El origen del mundo, según Gustave Courbet, que tanto escándalo ocasionó, cuando para los hombres y mujeres paleolíticos era algo absolutamente natural y digno de culto. Pero no pudieron ver la yegua preñada, quizá la obra maestra del conjunto, porque estaba en un lugar de muy difícil acceso, así dijo la guía.

En un agujero hay restos óseos humanos... Al viajero le habría gustado conocer y conversar con aquellos humanos de hace varias decenas de siglos, aunque algo ya le habían dicho. No obstante la cueva le decepcionó un tanto: demasiado espacio para tan escaso contenido. Aunque su esposa no está de acuerdo con esa opinión.

Por una carretera que sigue el valle del Guadiaro y la vía del tren llegan a Ronda hacia las 13:45. Aparcan y bajan por la calle Espinel, peatonal y comercial, que recuerda el ambiente humano y mercantil de la calle Sierpes, en Sevilla, o Preciados, en Madrid, aunque es más ancha y permite a los bares poner mesas y sillas. Desde la Plaza del Socorro, donde está el casino, la calle Pedro Romero los lleva a la plaza de Toros:

Plaza de piedra de Ronda,

la de toreros machos:

Pide tu balconería

una carmen cada palco,

un Romero cada toro,

un Maestrante a caballo

y dos bandidos que pidan

la llave con sus retacos.

Plaza de piedra de Ronda,

la de toreros machos.

 

Así la cantó el poeta y ganadero Fernando Villalón.

Custodian la puerta principal dos grandes toreros rondeños, padre e hijo, fundidos en bronce: Cayetano y Antonio Ordóñez.

Detrás de la plaza discurre la balconada que da al valle del Guadalevín y a la Sierra de Grazalema. La siguen los viajeros hacia el Sur, atraviesan el profundo tajo del río, de más de cien metros, por el puente construido en la segunda mitad del siglo XVIII y entran en la ciudad vieja, de entrañable sabor castizo y añejo. Me recuerda a Córdoba, dice Rafael. Casonas señoriales siempre blancas e iglesias con resonancias mudéjares, palmeras y naranjos cargados de frutos, buganvillas y jazmines.

Una estatua de bronce recuerda y homenajea a Vicente Espinel, clérigo, músico y poeta, nacido en Ronda en 1550.

Viernes, día 7. Regreso a Arahal

La noche anterior la AEMET anunció lluvia que llegaría a medio día, pero lo hizo antes, cuando los viajeros se levantan ya lloviznaba. Desayunan en la cafetería “Rotacapa”, como de costumbre, y salen hacia Algodonales por la carretera CA-531, la de El Boyar, Zahara y el embalse de El Gastor.

Entran en Algodonales, pero todo el pueblo está modificado, no conserva el encanto de Grazalema, que casi todas las casas tienen ese arrimadero horrible, de azulejos o baldosas, tan generalizado en Arahal...  En ningún pueblo llueve más que en Grazalema, sin embargo allí no usan esos zócalos espantosos, para proteger las casas de la humedad al parecer. La iglesia de Sta. Ana, de hermosa torre, también está cerrada.

Suben por una senda que conduce a una fuente. Llegan a un manantial que tal vez sea la fuente y dan la vuelta. Hay hermosas vistas de Zahara al fondo, una mancha blanca en la ladera verde, y Algodonales en primer término con el cielo nublado.

Compran los viajeros alfajores y aceite del lugar.

En Montellano, un pueblo desierto, se detienen a almorzar en la taberna “Viñita”. Razonablemente bien: Berenjena frita, tiras de costillas deshuesadas, una ensalada con nueces, escarola y lombarda muy buena…

Cuando siguen empieza a llover suavemente. Por la carretera de Morón de la Frontera, toda la comarca fue frontera durante dos siglos, que sigue tan mala, estrecha y bacheada como siempre, concluyen el viaje en Arahal. Son las 16:30.

Comentan de nuevo lo triste de este país que produce la mejor aceituna y aceite del mundo, pero es incapaz de comercializarlo. Todas las empresas del tipo que sean fracasan, porque la gente, los propietarios de los olivares, sólo quiere enriquecerse al momento: Es la cultura del pelotazo que practican los políticos. Quizá la Reconquista y luego la Conquista están en el origen de este modo de entender la economía, una economía de predadores y sanguijuelas.

El corporativismo de Franco hizo algo por los trabajadores, pero luego llegó el liberalismo y hasta los sindicatos se corrompieron. ¿Qué podrá hacer "Podemos", el partido emergente, en este panorama? ¿Lo dejarán o acabarán corrompiéndose como todos?

***

Sábado, día 8. Un cuadro de Velázquez

Ya solos vamos a Sevilla, aparcamos en la Puerta de Carmona y entramos por San Esteban, Águilas y Alfalfa. En el convento de Santa María de Jesús contemplamos el Cristo de la Misericordia y el Perdón, cuyo rostro recuerda al de la Sed y tiene todo el aspecto de un Cristo barroco, aunque parece actual.

La acrisolada exquisitez de siempre en locales y escaparates. Por la calle Jesús del Gran Poder avanzamos hacia San Lorenzo para visitar al Señor.

Desde niño guardo una especial relación con el Señor del Gran Poder, porque durante años mi padre vistió su hábito. De niño siempre lo recuerdo con una camisa morada y el cordón amarillo de corbata. Se lo puso cuando nuestra madre cayó enferma y estuvo un año y pico lejos de nosotros en un sanatorio de Palencia.

Sale una boda de rumbo de su capilla, ellos de chaqué y ellas con tocados Belle Époque. Otra vez la exquisitez.

Pasamos a saludar al Señor que viste túnica ricamente bordada con hilo de oro. No le sienta, era un revolucionario radical y antisistema. Un edil del partido en el Gobierno ha manifestado el deseo de que al líder de “Podemos”, Pablo Iglesias, le den un tiro en la nuca. Del Cristo habría dicho que se mereció la muerte que le dieron, porque enseñó que los ricos no entrarían en el reino de los cielos si no repartían su riqueza entre los pobres, o sea, porque era comunista. Primero lo asesinan y luego lo llaman Señor y lo visten con ropas de príncipe. Si no puedes derrotar a tu enemigo, hazte su amigo: A Maquiavelo atribuyen el consejo.

Buscamos el Espacio Santa Clara, en la calle Becas, donde se expone un lienzo juvenil de Velázquez, que pertenece a la Universidad de Yale, recién descubierto y restaurado, "La educación de la Virgen", en el que Santa Ana enseña a leer a María observada por San Joaquín. Recuerda la Adoración de los Magos y San Joaquín a San José. Es verosímil. Se compara a uno de Juan de Roelas y otro de Luis Tristán de estilo manierista para establecer la distancia y el naturalismo de Velázquez.

Volvemos por la Alameda y el cielo se cubre.

El regreso a Madrid el lunes día 10 no tiene historia.

 

Fotos