A propósito de un viaje a Moscú

y San Petersburgo

 

Aurelio Mena Hornero

 

JULIO

Día 19, jueves 

A las 9:00 horas los viajeros se encuentran con el grupo de ANPE en la terminal 1 del aeropuerto de Barajas, pero no despegan hasta las 11:00 h. Cinco horas de vuelo hasta Moscú, durante el que se sirve un almuerzo al estilo de antes de la crisis. ¿Acaso a ellos no les ha llegado o Aeroflot pretende abrirse un hueco en el mercado de las aerolíneas?

La aproximación a Moscú fue muy hermosa entre nubes de evolución, como los vapores que exhalaban las viejas locomotoras o fumarolas de un volcán. Abajo todo es un extenso tapiz verde, un inmenso bosque en el que se abren cuadros de campos cultivados, que luego se tornan casas de campo, las famosas “dachas”, todas muy ordenadas.

Un crucero recorre el río Moscova, que como una culebra gigante se retuerce sobre sí mismo en numerosos meandros.

Entran los viajeros en la capital de la Federación Rusa por la Leningradsky Prospekt, la avenida que se continúa con la carretera que lleva a la capital de los zares. El atasco circulatorio es clásico. También en el centro de la ciudad abundan los grandes edificios decorados con motivos clásicos, esta vez grecolatinos, como en NY, lo que sorprende a los viajeros. Alexia, la guía, los lleva en rápida visita panorámica antes de conducirlos al hotel. La muralla del Kemlin, vocablo que significa fortaleza o ciudadela, en cuyo interior se aloja la sede del Gobierno de la Federación, de donde el desplazamiento semántico, la catedral de San Basilio, el teatro Bolshoi... Se ven los rótulos de las grandes firmas mercantiles o industriales: Alcampo, KFC, Hyunday... Pero no han desaparecido los símbolos soviéticos: estatuas de Marx, Lenin, la hoz y el martillo... Nos hemos cansado de pelear con las piedras, dirá más adelante Svta.

El hotel, adonde llegan finalmente, es cómodo y la cena de buffet.

Viernes, día 20

¡Qué paliza! La vida del turista es muy dura, dice Alexia. La primera visita del día es para la Universidad Estatal de Moscú, situada en una de las siete torres construidas por Stalin, que preside la estatua del prestigioso científico Mijaíl V. Lomonósov, todas similares: una torre central y dos alas que se abren en ángulo con otras dos torres menores, los primeros rascacielos de la Unión Soviética, inmensos, monumentales. Fueron residencia de funcionarios y ciudadanos destacados, artistas plásticos, escritores, científicos... En una de ellas residían los viejos bolcheviques, compañeros de Lenin, que Stalin mandó detener y fusilar una noche porque criticaban su política.

Luego el Kremlin y la Plaza Roja, que ya lo era antes de la Revolución, contrariamente a lo que se creía en España. El rojo significa para los rusos color bonito y por extensión todo lo rojo es bonito y agradable. Es un rectángulo de 400 por 200 metros que cierran en sus extremos la catedral de San Basilio de múltiples cúpulas bulbosas y el Museo de Historia, y en los lados la muralla, de ladrillo rojo, junto a la que se alza el mausoleo de Lenin, y una galería comercial que semeja un palacio del Renacimiento. Dice la guía que es la plaza más hermosa de Rusia. Tal vez lo sea, pero yo me quedo con la del Obradoiro de Santiago, comenta para los suyos el redactor de estas líneas, que acaba de regresar del Camino. Construida a mediados del siglo XVI, San Basilio tiene algo de pastiche por lo pintado, hasta los ladrillos lo están. Cuenta Alexia que el zar Iván el Terrible mandó sacar los ojos al arquitecto que la proyectó para que no volviera a construir un templo semejante. Quizá ya entonces puso la primera piedra en el camino de la revolución.

Comida en un restaurante ubicado junto a la muralla servida por muchachas ataviadas con el traje típico. El local, una especie de bodega abovedada con decoración neobizantina y mobiliario de madera tallada, resulta mejor que la comida.

Antes había llovido y el grupo había aprovechado para refugiarse en una tienda de artesanía tradicional, miles de matrioskas de todos los tamaños y estilos, incluso con los rostros de Lenin y Putin. La matrioska fue un invento de los campesinos, explica Alexia, que tenían muchas hijas y carecían de espacio en sus casas miserables para las muñecas de todas ellas.

Luego de la comida el grupo visita el Museo de la Armería, que no es exactamente lo que su nombre indica, porque, aparte de las armas tradicionales, hay carrozas y trajes de ceremonia. En los trajes se percibe claramente la evolución de la sociedad y el Estado: Pedro I el Grande (1672-1725) europeíza la corte, que antes seguía modelos asiáticos. La crueldad de Iván el Terrible (1530-1584), que mandó asesinar a seis de sus siete esposas, no era sólo el producto de un paranoico, sino la costumbre de los zares que repudiaban a sus esposas cuando se cansaban de ellas o se enamoraban de otra mujer y las mandaban asesinar o las recluían en el convento de las Doncellas. Destaca el traje gala de Isabel I (1709-1762), la “Gastadora” dice Alexia, que tiene un largo velo tejido en plata, y añade la guía que se cuentan por miles los vestidos que se mandó hacer, muchos de los cuales dejó sin estrenar. Las coronas, tronos y otros emblemas del poder son de incalculable riqueza, pero cabe destacar la carroza trineo que en dos días trasladó de San Petersburgo a Moscú, reventando decenas de caballos naturalmente, a Catalina I (1684-1727), Marta la Lavandera, para ser coronada. Urgía llegar antes de que cualquier conspiración palaciega la depusiera, porque no era de sangre real, sino plebeya, una bellísima mujer de la que se enamoró el poderoso Pedro I, que luego, consagrada ya por la Iglesia, era más difícil. El concubinato Iglesia Estado funcionaba como un reloj bien engrasado.

Se acercan luego los viajeros a la Plaza de las Catedrales, que en la Iglesia Ortodoxa las dignidades se conceden sin límite, la de San Miguel Arcángel o panteón de los zares, en la que excepcionalmente Iván IV, el Terrible (1530-1584), está enterrado en el iconostasio o ámbito celeste, reservado sólo a los celebrantes, pero es que el mencionado zar tenía pánico a condenarse por sus crímenes, exigió que se le enterrara allí para garantizarse de esta forma el paraíso y la Iglesia complaciente accedió o no tuvo alternativa. Hay además otras 53 tumbas, todas ellas de una sencillez tal que nadie diría que pertenecen a los zares.

La catedral de la Asunción de la Virgen se utilizaba para la coronación y la de la Anunciación para el bautismo. Hay también una pequeña iglesia llamada del Manto de la Virgen para las zarinas, las cuales estaban excluidas de las anteriores.

Las iglesias son pequeñas para distinguirse de las católicas, están totalmente recubiertas de pinturas o mosaicos en el estilo del Trecento y siguen el modelo griego.

En el exterior está la Campana Zarina, de 6,14 metros de altura y 210 toneladas, la más grande del mundo, ordenada fundir por la zarina Anna Ivanovna y terminada en 1737, pero un desgraciado accidente la rompió y permanece inútil expuesta en el lugar donde quedó. En su fundición se usó todo tipo de monedas que los devotos pudientes donaban.

Muy cerca el Cañón Zar tiene 890 mm. de calibre, pesa 40 toneladas y se fundió el año 1586. Lleva un relieve con el retrato de su comitente, el Zar Fyodor. Nunca se disparó, pero sirvió para atemorizar al enemigo. La cureña y las balas imposibles se le añadieron en el siglo XIX.

Son dos muestras de la megalomanía de los zares.

Por la noche algunos viajeros inquietos salen a dar un paseo en autocar y ver el Moscú nocturno. Muy cerca del estadio olímpico hay un mirador desde el que se alcanza casi toda la ciudad: Las Siete Hermanas, los rascacielos de Stalin, las chimeneas de una central geotérmica, que alimenta la calefacción de todo un barrio, el trampolín de saltos de esquí...

Hay movida de gente que organiza carreras ilegales: Si tengo un coche que puede correr a 250 km/h, ¿por qué me voy a limitar a lo que dictan las normas de tráfico? Así razonan o hacen y no les importa pagar las multas o sobornar a los policías, en general muy corruptos. Es el post comunismo: Las mafias están en Gobierno y en Marbella, comenta la guía, y según la revista “Forbes” Moscú es la ciudad con mayor concentración de fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares. ¡Viva Rusia libre! Naturalmente la situación de las clases trabajadoras ha empeorado, aunque también en China sucede lo mismo, que lo ha visto hace un mes. Claro, también allí ha vuelto el capitalismo salvaje. Sin embargo, aunque muy deterioradas, la educación y la sanidad siguen siendo gratuitas. El pueblo odia a Mijaíl Gorbachov que trajo la situación actual y vendió la patria rusa a los EEUU.

Otros lugares iluminados fueron el Lago de los Cisnes y el Convento de las Doncellas detrás. Cuenta la leyenda que en el primero Chaikovski vio dos cisnes, uno blanco y negro el otro, pero en ese lago nunca hubo cisnes, sino patos, y llegó a estar tan deteriorado y seco que la gente lo llamó el Charco de los Patos. El convento, rodeado por un muro como todos los visitados luego, está detrás y sirvió de cárcel a todas las zarinas repudiadas por sus esposos, los zares, autócratas de todas las Rusias, señores de vida y haciendas.

Sábado, día 21

A 70 kms. al NNE de Moscú se encuentra Sergiyev Posad, sede del monasterio de la Trinidad y San Sergio, fundado por Sergio de Rádonezh en el siglo XIV, que se ha convertido en centro espiritual de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El Cisma de Oriente tuvo ocasión 1054, recuerda Alexia, porque la Iglesia de Constantinopla se negó a aceptar que el Espíritu Santo procediera “del Padre y del Hijo”, el famoso filioque, según postulaba la Iglesia de Roma. Naturalmente ese detalle teológico (¿En algún lugar el Nazareno dejó dicho algo sobre cuestión tan espinosa? ¿Algún matemático encontró la ecuación sagrada? ¡Lástima que entonces no tuviesen el acelerador de partículas del CERN para buscar el bosón de Higgs o "partícula de Dios"!) encubría la pugna por el poder territorial de Roma y el afán de independencia de Constantinopla, y el Cisma se produjo. Como siempre los políticos presentaban sus miserias en intrincados envoltorios míticos.

 

La carretera atraviesa un espeso bosque de abedules, blancos y delgados, el árbol más típico de Rusia, explica Alexia, tanto que de una chica guapa y esbelta se dice que parece un abedul, en cambio a los chicos se los compara con un roble, que también sirve para llamarlos tontos en sentido cariñoso. A trechos entre los árboles se vislumbran dachas, casas de recreo, e isbas, casas campesinas

Al llegar al santuario lo primero que deslumbra a los viajeros es una muralla blanca de la que sobresale un ramillete de cúpulas doradas y azules, muy brillantes. Todos los turistas que bajan de los autocares apuntan sus cámaras hacia ese reluciente objetivo y luego hacia la cabaña, semejante a una isba, de ventanas y puertas ornadas de tableros tallados como encajes de bolillos, donde se ubica el restaurante.

 

Un espeso mercadillo de artesanías y recuerdos recibe a los viajeros, entran luego en el recinto sagrado a través de una puerta en cuya bóveda aparece pintado una imagen de la Trinidad que da nombre al monasterio: Padre, Espíritu Santo e Hijo, por este orden, sin duda expresión del dogma ortodoxo. Visitan luego tres templos de espacios angostos revestidos totalmente de pinturas murales, dorados iconostasios e iluminados por enormes lámparas de bronce. Ante el de San Sergio y la Santísima Trinidad hay una larga fila de fieles que esperan orar ante la tumba del santo fundador mientras un coro de monjas canta con voz celestial. Se celebra una misa que dura doce horas, aunque celebrantes y coro se relevan cada hora.

Todo en el interior del recinto monacal invita al recogimiento, aunque la muralla recuerda su función militar frente a los numerosos invasores que a veces recorrían la llanura rusa y asolaban campos y poblaciones.

De regreso a la capital del Moscova, los viajeros visitan el metro, inaugurado en 1935, el “palacio subterráneo”, porque Stalin quiso que el pueblo también dispusiera de uno, cuyas estaciones recubiertas de mármoles, mosaicos y vidrieras, e iluminadas con lámparas de bronces parecen verdaderamente salones de baile. Los trenes en cambio se asemejan a los de Madrid, pero corren tanto como los de New York.

Finalmente los viajeros disponen de una hora libre para recorrer la calle Arbat, cuyo nombre tal vez alude a que en ella se alojaron en otro tiempo comerciantes de origen árabe. Está formada por una doble hilera de palacios y casonas ilustres, los viajeros quedan citados ante el de Alexander Puskin, el poeta más popular de Rusia, más incluso que los grandes novelistas, remarca Alexia.

En la calle artistas de todo tipo, mujeres y hombres, muestran sus habilidades: Una muchacha canta con voz prodigiosa mientras otra la acompaña con un instrumento de muchas cuerdas, alguien que pasa les deja un billete y las muchachas se miran contentas. Un tipo reta a cualquier viandante a jugar a las damas y lo hace con una rapidez increíble, una chica exhibe una bicicleta que gira en sentido contrario al del manillar, otro tipo imita a Michael Jackson, un niño toca el violín, pintores, retratistas... En un muro lateral se superponen diversas pintadas con un resultado rítmico digno de cualquier museo contemporáneo.

 

Junto al monumento a Puskin y esposa, ante el que los enamorados se hacen fotos, se reúne de nuevo el grupo.

Domingo, día 22

Visita a Vladimir y Zúsdal, otra paliza, un pueblo monacal el segundo y una ciudad, antigua capital y estación del Transiberiano, la primera, situadas al ESE de Moscú. También la carretera recorre la llanura entre abedules, coníferas y robles.

La comida tiene lugar en un recinto hotelero formado por varias construcciones a la manera de isbas distribuidas en un prado que protege una empalizada.

Llegan luego a Vladímir, una ciudad de 330.000 habitantes, fundada en 1108 por el Príncipe Vladímir Monomaj, que desde Kiev trasladó allí su capital. Se había casado con una princesa bizantina y en la religión ortodoxa encontró la solución política al problema de la división de los pueblos rusos, cuenta Alexia, que entonces eran paganos y adoraban a infinidad de dioses, tantos como unidades políticas formaban. El cristianismo ortodoxo, como el romano para Constantino y Teodosio o el islam para los primeros califas, fue la herramienta y el cemento con el que Vladímir se propuso religar, subraya la guía, a todos los pueblos de la llanura rusa. Puso así la primera piedra del Gran Imperio Ruso, que su nombre significa emperador o señor del mundo.

A paso ligero visitan los viajeros la catedral, de riquísimos relieves en piedra que recuerdan el plateresco español, el museo del vidrio y corren al autocar que los llevará a Zúsdal. Al salir por la puerta de la muralla, refiere Alexia que, cuando Catalina la Grande visitó la ciudad, su carroza era tan acorde a su grandeza que hubo que tirar parte de la muralla para que pudiera pasar. ¿Se imaginan a tan egregia señora esperando a que abrieran el boquete? ¿Cuántas cuadrillas de trabajadores reclutó el Ayuntamiento para la tarea? Sin duda la alta dama esperó sentada en la carroza, porque no habría silla de mano ni lugar alguno digno de ella. Verdaderamente la estupidez humana no tiene límites, como ya se ha podido ver.

Dice el folleto de mano que el sindicato organizador proporcionó a los viajeros que la ciudad tiene tantos edificios antiguos, iglesias y monasterios en su mayoría, que «cuando se pasea por sus calles»... A quien este informe redacta le gusta pasear por las calles de las ciudades que visita, pero lamentablemente no hubo tiempo.

La catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Súzdal tiene cúpulas azules de cuento y puertas de bronce con dibujos dorados embutidos absolutamente magistrales, y el recinto del monasterio de San Eufemio Redentor es mágico, que recuerda los beaterios holandeses. En este último lugar asisten los viajeros a un concierto de campanas que se produce cada vez que el reloj del convento da la hora, porque el campanero, mediante un complejo sistema de cuerdas, consigue tañer con pies y manos lo menos veinte campanas a un tiempo.

Durante casi dos siglos, de 1764 hasta 1950, el monasterio sirvió también de cárcel para disidentes religiosos y políticos, y formó parte del sistema GULAG, o sea, a la prisión zarista siguió la soviética sin solución de continuidad. Los presos convivían en celdas estrechas, explica Alexia, muchos enloquecían, pero no se les apartaba. Tal vez muchos de los crímenes que se atribuyen en exclusiva a la extinta URSS eran sólo parte de la tradición histórica rusa y así Stalin ha sido comparado con Iván el Terrible.

También el convento de María Protectora fue lugar de exilio para damas de alta cuna repudiadas por sus volubles esposos, entre ellas las de Iván III, Basilio III y Pedro I el Grande.

Cuentan que el monasterio de San Eufemio Redentor y el convento de María Protectora estaban conectados por un pasadizo subterráneo. Nada nuevo bajo el sol. En un pueblo de Huelva a este redactor le contaron una historia similar.

El regreso a Moscú fue como circular en vivo por el túnel del tiempo: Cinco horas para recorrer 230 kilómetros por una carretera, dos carriles por sentido desde Vladímir, atascada de domingueros que volvían de sus dachas, autobuses de línea llenos de trabajadores que regresaban después de un fin de semana en familia y camiones de todos los formatos. No había pasos elevados y el tráfico se detenía cada vez que un semáforo cedía el paso a los lugareños de las ciudades y pueblos que atravesaban, no demasiados por fortuna. A trechos había carteles que advertían que en caso de incendio podían salir del bosque osos y otros animales. Sorprendente, aún el bosque primigenio.

Ya sólo quedan 30 kilómetros, anunció Alexia para animar a los viajeros, después de la última travesía: Una hora exacta fue. Sin duda para entretener el tedio Alexia, la guía, habla y cuenta: A Vladímir Putin lo sacó Borís Yeltsin de la nada, era funcionario de la KGB. Nadie confiesa haber votado a su partido, Rusia Unida, un apelativo que dice poco y por defecto lo dice todo, piensa el que escribe, nadie de los familiares o amigos, ni los amigos de los amigos, ni los amigos... Pero ahí está. Cambió la Constitución y se turna cada seis años con su amigo y colega Dimitri Medvédev.

Las clases populares odian a Gorbachov, no sólo porque entregó Rusia a los EEUU, sino también por la crisis de los años 90 y su estilo americano: Fue el primer Presidente de la URSS, que antes eran sólo Secretarios Generales del Partido, y se presentaba siempre con su esposa, Raisa, tan occidental y glamorosa ella, algo totalmente inusitado.

Paralelamente a la situación política ha cambiado la organización económica: «Tras la disolución de la Unión Soviética en diciembre de 1991, Yeltsin se comprometió a transformar la economía socialista de Rusia en una economía de libre mercado e implementó la terapia de choque económico, la liberalización de los precios y los programas de privatización. Debido al método de privatización, una buena parte de la riqueza nacional cayó en manos de un pequeño grupo de oligarcas» (Wikipedia).

¡Tres golpes de Estado consecutivos!

La tierra se ha privatizado y ya no se cultiva toda, como en la época soviética, sino sólo la necesaria, no para que el alimento llegue a todos los ciudadanos, sino para que los precios no bajen. En provincias los precios son los de Moscú, o sea, altísimos, pero los salarios ínfimos y la gente viene a trabajar a la capital, como se ve en la carretera: Vienen a principio de semana y se van para sábado y domingo.

El pueblo vive en una situación miserable, agravada por el deterioro de los servicios públicos: sanidad, enseñanza y pensiones. O sea, la economía al servicio de los mercados, ese escurridizo ente sin rostro, y no de los ciudadanos.

Lunes, día 23

Desayuno, que es lo mejor de las comidas, y tiempo libre. El autocar deja a los viajeros cerca de la Plaza Roja, frente al Ministerio del Exterior, que aún conserva la hoz y el martillo en su fachada. El grupo se dispersa y el redactor de este informe sube con tres colegas por las calles Tverskaya y Tsepckaa. En la primera hay una tienda de exquisiteces gastronómicas semejante al salón de baile de un palacio. Ni se detienen a ver los precios. En la segunda, en una cafetería también exquisita, toman un café y dos tés, el té tan aguado como el café, servido en sendas teteras enormes: 1.235 rublos, 31,66 €. ¿Tan cara está allí el agua? En el bulevar de Strastnoy hay una estatua de Puskin. En la calle Petroska, ya de regreso, se topan con el monasterio de San Pedro, íntimo y recoleto, como todos, encantador.

Ante el teatro Bolshoi, de fachada clasicista, con cuadriga incluida, los viajeros se hacen fotos. Enfrente, al otro lado de la avenida, Karl Marx, como los esclavos de Miguel Ángel, pugna por salir de la piedra. Uno y otros tardarán aún siglos.

Dan un último paseo por la Plaza Roja: junto al Museo de la Historia Nicolás II y otros protagonistas del pasado tratan de atraer a los turistas. Cuando se reúnen con el resto del grupo van a comer a un restaurante que imita en su decorado los despachos oficiales de los años cincuenta. En el techo hay una vidriera con una enorme estrella roja. Hasta el aseo tiene los lavabos y grifería de entonces.

El tren que los traslada a San Petersburgo, 743 kms.,, aunque parecido, es algo más lento que el AVE, salen a las 16:30 y llegan a las 20:45. El paisaje ha sido similar al ya conocido, una llanura interminable, tal vez menos boscosa, con lagos y tierras bajas encharcadas. Los ha acompañado Darian, una estudiante de español, que sentencia: Una sociedad no puede vivir sin médicos ni profesores y este régimen está hundiendo su prestigio. La sanidad y la educación se deterioran. ¿Les suena?

En la ciudad de los zares, donde llovizna, los espera la nueva guía, Svta, que los conduce al hotel, una torre de catorce plantas junto a la Puerta del Triunfo Moscovita, que conmemora la victoria en la guerra Ruso Turca de 1828-1829.

Martes, día 24

Bajo un cielo gris y lluvioso los viajeros acuden a visitar San Nicolás, la Catedral del Mar, una extraña iglesia de dos plantas, de un barroco clasicista, columnas blancas sobre fondo azul, como el Hermitage.

San Isaac, del s. XIX, es rica y espectacular como un vaticano en pequeño, pero se inspira en el Panteón de Roma y tiene grandiosos pórticos de columnas. Agustín de Betancourt y Molina, un canario del Puerto de la Cruz, fue el ingeniero, llamado por el zar Alejandro I, que cimentó la catedral, construida según proyecto del francés Auguste Monferrand, sobre el suelo pantanoso del delta del Neva: El metro de la ciudad circula a cien metros de profundidad precisamente para soslayar ese problema.

San Petersburgo, fundada por Pedro I el Grande en 1703 para tener una salida al mar y acercar Rusia a Occidente, fue capital del Imperio desde 1712 a 1918. El clima extremado provocó muertes incontables entre los trabajadores, que eran sustituidos con levas continuas de siervos, cuyos nombres nadie recuerda.

San Salvador de la Sangre Derramada o Iglesia de la Resurrección de Cristo fue construida entre 1883-1908 para honrar la memoria del zar Alejandro II, el Libertador, asesinado en el mismo lugar en 1881. El 3 de marzo de 1861, último Estado europeo que lo hacía, había concedido la libertad a los siervos, los cuales sin embargo quedaron en una gran indefensión porque no se les concedió la propiedad de la tierra. ¿De qué sirve la libertad si no se tienen medios para ejercerla? De esta situación explosiva surgió el hondo malestar que acabó con la vida del autócrata.

 

El templo recuerda a San Basilio, aunque no tiene su colorido, y sus ricos mosaicos interiores muestran ya la influencia de la pintura coetánea en la aparición de paisajes y perspectiva.

Después del almuerzo visitaron el Hermitage, el museo más grande del mundo, que ocupa un complejo de varios palacios. Catalina II la Grande se estableció en el recién construido Palacio de Invierno (1762) e inmediatamente dio orden a sus embajadores de comprar todo cuanto de valor saliera a la venta en Europa. Así comenzó la colección. Rembrandt, Hals, Leonardo, Rafael, Tiziano, Murillo, Ribera, Zurbarán... Salas increíbles por los materiales y el arte con que están trabajados: Puertas Boullée, lámparas de bronce, columnas de mármol y oro, un reloj con forma de pavo real a tamaño natural... En el salón del trono se podría jugar al tenis... Contenido y continente, la escalera imperial de acceso a la planta noble, producen una sensación ambigua: Una formidable muestra del arte, el ingenio y la estupidez humanas. De los contemporáneos que pudieron ver quizá lo mejor sean Matisse y la “Mujer con sombrero negro” de Van Dongen, que recién estuvo en el Prado.

En salas y corredores se amontonaba una muchedumbre heterogénea y se oían las más variadas lenguas.

En la explanada frente al palacio, que ensangrentó la multitud que pretendió manifestar sus quejas al zar Nicolás II, autócrata de todas las Rusias, llovía cuando los viajeros volvieron al autocar. Un joven había sustituido a Svta, la guía oficial. ¿Dijo su nombre?

Tratan los viajeros de volver al hotel para asearse y cambiarse de ropa e ir luego a una cena en el palacio Nicolaevsky, que según pudieron comprobar luego se dedica a estos eventos. Hay 630 palacios en San Petersburgo, nos informó Svta, cada uno de los cuales sobrevive como puede. Pero el atasco monumental de todas las tardes les impide llegar y el guía decide dar la vuelta y acudir directamente al palacio. En un momento del largo recorrido por la ciudad, que también se llamó Petrogrado y Leningrado, el guía hizo una breve exposición histórica:

En Rusia, dijo, ha habido tres revoluciones:

  •           1905. Una manifestación pacífica de plebeyos se acercó al Palacio de Invierno, no sabían que el zar, Nicolás II, se había ausentado, temeroso o aconsejado por quienes velaban por su seguridad, para presentarle una petición de mejoras laborales. Marchaban familias enteras y los dirigía un pope. Pero los cosacos los recibieron a tiros. [En una situación similar, el Motín de Esquilache (1766), Carlos III recibió y escuchó en el Palacio de Oriente a los representantes de los amotinados]. La masacre, ¿cientos o miles?, incendió el país y el zar tuvo que claudicar y conceder una constitución y un parlamento, la Duma.

  •           1917, febrero. Las derrotas en la I GM y la hambruna subsiguiente a un duro invierno desataron una serie de huelgas que provocaron la abdicación del zar y el final de la monarquía. El Gobierno Provisional se enfrentó entonces a un enjambre de partidos y sobre todo a una muchedumbre entusiasta de obreros, campesinos y soldados hambrientos que se organizaban en asambleas, soviets.

  •         1917, octubre. Los soviets, dirigidos por la sección bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata, toman el poder y establecen la dictadura.

Más o menos.

En un rellano de la escalinata de acceso a la planta noble del palacio Nicolaevsky un cuarteto de cuerda interpreta la Primavera de Vivaldi.

La sala del palacio preparada para la cena tiene las paredes blancas y desnudas, aunque todavía conservan relieves de yeso de formas rococós. Los reciben con una copa de champaña y luego se sientan a la mesa mientras una muchacha toca al piano melodías diversas, más tarde salieron dos espontáneas sucesivas al toque y al canto. El servicio cumple rigurosamente el orden de todas las comidas que han tenido durante el viaje, excluidas las de buffet: Una ensalada de primero, una sopa de verdura de segundo, con alguna brizna de carne a veces, y carne de pollo en el tercer plato presentado de maneras diversas. El postre suele ser un pastel y raramente un helado. Por último el café es de tipo americano, o sea, muy aguado, como el té. Más de uno y una se queja también de la cerveza caliente. Terminada la cena, entra dos bailarinas, guapísima una de ellas, con trajes típicos que cantan y bailan. Pero la actuación tenía truco, porque luego pretendieron venderles unos pañuelos.

Miércoles, día de Santiago

Visita al palacio de verano o dacha de Pedro I, Petergof, una especie de palacio de La Granja, con jardines, fuentes y cascadas, a lo grande, reconstruido después de la II GM, con mirador sobre el mar Báltico incluido.

Toda la economía del Imperio puesta al servicio exclusivo de los zares y sus nobles caballeros. El zar era legalmente el propietario de toda la tierra, con la que hacía regalos, dachas, a los caballeros, que construían sobre ellas sus residencias de verano o casas de campo, “dachas” por desplazamiento semántico. El resto de la población eran siervos que trabajaban para ellos. El régimen soviético prestó luego un piso a cada familia de trabajadores en la ciudad y le alquiló de por vida a bajo precio un terreno en el campo sobre el que ellos construyeron sus dachas.

Por la tarde visitan la fortaleza de San Pedro y San Pablo, construida sobre el Neva, el río más caudaloso de Europa, insiste una y otra vez Svta, el más largo, que corre de mar a mar, para su defensa. La catedral del mismo nombre también es panteón donde los zares reposan a dos metros bajo el suelo, según el rito ortodoxo, no obstante el abultado mausoleo que los identifica. En una capilla aparte están los restos del último de ellos, Nicolás II, y su familia, ¿asesinados o ejecutados? por los bolcheviques en 1917 y rehabilitados en 2008 por el Tribunal Supremo de Justicia, luego de que se hicieran las comprobaciones de ADN pertinentes.

Cuando van a salir un coro de cuatro monjes les ofrecen una breve muestra de sus cantos litúrgicos, una especie de canto gregoriano.

Antes se han detenido en el pequeño parque, flanqueado por dos columnas rostratas, en la confluencia del Malaya Neva y el Bolshaya Neva desde donde las vistas del Neva y el Palacio de Invierno son espectaculares. Por eso allí los novios recién casados se detienen a hacerse fotografías, tiran monedas y caramelos a los viandantes y sueltan palomas blancas.

Poco antes también han hecho escala en un lugar donde hay dos grifos de bronce cuyas cabezas brillan del manoseo de los visitantes: Los rusos son muy supersticiosos, ha repetido varias veces la guía, y creen que si pasan la mano por la lengua del bicho al tiempo que le piden dinero, lo pueden conseguir. En otro lugar había un león de piedra en cuya boca se metía la mano y se pedía un deseo. Digamos que tienen un sentido mágico de la realidad, como Iván el Terrible cuando manda que lo entierren en el sancta sanctorum para, no obstante sus crímenes, llegar cuanto antes al paraíso celeste. Las mentalidades son cárceles de larga duración, decía un historiador.

Luego la guía deja a los viajeros en la avenida Nevsky, junto a la estación Nevsky Prospekt, con tiempo libre hasta la cena. El grupo se deshilacha un tanto, algunos caminan hacia la aguja dorada del Almirantazgo y se detienen ante la catedral de la Virgen de Kazan, que evoca vagamente la plaza y basílica de San Pedro del Vaticano, aunque la cúpula se asemeja más a la de los Inválidos de París. Al otro lado de la avenida un suntuoso edificio modernista hace esquina con un canal, al fondo del cual se ve la iglesia de San Salvador de la Sangre.

 

En un mundo globalizado e interconectado las mujeres asumen rápidamente las modas mundiales y casi todas las muchachas lucen esos tacones como zancos, con plataformas aptas para sortear cualquier diluvio, calzones o faldas mínimos para lucir muslos de bronce y escotes abiertos al angosto desfiladero por donde discurre un río de miradas. Pasa un muchacha con una blusa semitransparente que deja entrever los pezones, lleva un sujetador mínimo que sujeta pero no cubre. Nunca lo había visto. Quizá sea la última expresión de la moda, aunque en algún cuadro manierista, Veronés acaso, recuerda haber contemplado algo semejante.

Todo el lujo y esplendor de la nueva Rusia está en la avenida Nevsky, todas las primeras firmas del mundo, Zara ocupa dos magníficos edificios. Su secreto ha sido que siempre ha acertado a la hora de invertir y haber sabido rodearse de un equipo de excelentes colaboradores, dice un gallego del grupo que conoce bien a la familia del empresario. También el lado oscuro o canalla: Varios moteros recorren reiteradamente la avenida, en uno y otro sentido, haciendo rugir sus máquinas, uno de ellos incluso se levanta sobre la rueda trasera. ¿Dónde estaban los policías urbanos? Curioso, ni en Moscú ni en San Petersburgo los ha visto. Claro, Rusia es ahora un país libre. Comentaba Svta que, si pudiera, uniría la seguridad de la época soviética con la libertad de ahora y recuerda que, cuando ella era niña, iba sola a todas partes, pero ahora no se atreve a dejar solo a su hijo.

Jueves, día 26

El grupo visita el palacio de verano de Isabel I (1741-1762), hija de Pedro I el Grande y Catalina I (1725-1727), Marta la Lavandera, la Gastadora o la Clemente, porque abolió la pena de muerte, hecho inusitado entonces. Fue modificado y ampliado luego por Catalina II la Grande, que no soportaba las formas de su antecesora, con dorados de estilo rococó o barroco ruso que dicen ellos. Todo magnífico y grandilocuente, lujo y boato en estado puro, fuego de artificio, semejante al Hermitage.

Cuando llegaban por una de los paseos del parque que lo rodea, una banda de cuatro músicos los agasajó con el himno del Reino de España.

Está en proceso de reconstrucción porque fue destruido durante la II GM, pero aparentemente se conserva igual. ¿Cómo con las penurias de la posguerra el Estado emprende estos gastos? ¿Acaso un país arrasado por la guerra no tenía otras prioridades? Seguro que había asuntos más urgentes, aunque ahora se autofinancie con el turismo. Svta no sabe contestar, pero dice que no solo el Estado, sino muchos otros organismos internacionales, como la UNESCO, financian la reconstrucción. Reconstrucción científica, insiste Svta, porque se hace con los materiales y técnicas coetáneos. Orgullo patrio fundamentado en el patrimonio histórico, apunta el viajero. Posiblemente, concede Svta, a la que se le nota un gran amor por su país, la gran patria rusa, y su ciudad, lo que reconocerá luego. Todos en definitiva necesitamos tener un suelo cultural, una madre patria, todos pertenecemos a un clan y una tribu, sin cuyo soporte tal vez nos sentiríamos demasiado solos, demasiado huérfanos.

Cuando salen del palacio y caminan hacia el restaurante, se topan con una pareja de recién casados que se hace fotos: ella es caucásica y él subsahariano un tanto pálido, mulato quizá, le recuerda a Obama, el presidente USA, muy guapos los dos y el viajero les pide permiso para hacerles una foto. ¿De dónde eres? De Sevilla, contesta el joven con acento inconfundible. ¡Válgame la Macarena, yo también soy sevillano, de la Campiña! El muchacho sonríe, señala a su novia y dice: Esta mujer me ha traído hasta aquí. Ella también sonríe. Le da la mano y les desea felicidad eterna.

Cuenta Heródotos el caso de un soldado griego que abandona a sus compañeros por seguir a una mujer al sur de Egipto y, cuando sus camaradas le reprochan que abandone la patria, se lleva la mano a los testículos y contesta que su patria está donde vayan ellos.

El palacio de Pablo I (1796-1801), hijo de Catalina II la Grande, y María es más modesto e íntimo. De estilo neoclásico, Svta dice que es el más glamoroso al servicio de una pareja culta y enamorada. En el pórtico sin embargo tiene estatuas adosadas de estilo egipcio, señal inequívoca de que ya habían llegado noticias de la campaña de Napoleón. Pero su neoclasicismo no es el ostentoso y grandilocuente de los edificios oficiales, sino el doméstico y personal de las porcelanas y los gabinetes privados. Hay varios tapices con temas del Quijote.

 

Cuenta Svta que en invierno se gana la vida traduciendo telenovelas hispanoamericanas y refiere que las argentinas son disparatadas y usan un lenguaje muy deteriorado. Conoce bien España y el idioma oficial.

Junto a estos palacios crecían ciudades para su servicio. Por la mañana pasaron junto a la Ciudad de los Niños porque allí vivieron los niños que la República Española envió durante la Guerra Civil, muchos de los cuales combatieron luego en la II GM. Por la misma zona hay un cementerio donde reposan los restos de los españoles de uno y otro bando, republicanos y voluntarios de la División Azul, y alemanes. Que éstos últimos cercaron San Petersburgo durante toda la guerra, pero no pudieron tomarla.

Durante el trayecto el autocar pasa junto a algunos edificios de la época de Stalin y un monumento a Lenin

Al principio se quitaron algunos, explica Svta, pero luego decidimos no pelearnos con las piedras, a fin de cuentas son un testimonio de nuestra historia.

El que escribe queda cansado de tanto palacio. ¿Sólo hay palacios en Rusia? En Moscú vieron iglesias y conventos, en San Petersburgo palacios: El trono y el altar. Parece una confabulación... También vieron las torres de Stalin y el metro, es cierto... ¿Y la vanguardia rusa? Curiosamente el hotel donde se alojan identifica todas sus salas con sus nombres: Kandisky, Malevich, Tatlin, Ródchenko...

Viernes, día 27

Mañana libre hasta la hora de ir al aeropuerto. El grupo viaja en metro hasta la avenida Nevsky donde se divide. Una sección visita la catedral de Nª Sª de Kazan, la que se parece exteriormente a San Pedro del Vaticano, representada la Virgen en un hermoso icono. El interior sin embargo es desconcertante, porque, aunque al entrar parece de cruz griega, es de cruz latina, pero sucede que se accede por la puerta izquierda del transepto y no se descubre el eje principal hasta llegar al crucero, seguramente el arquitecto se acomodó al espacio disponible. La segunda sorpresa la tienen cuando se topan con un gran retrato de toda la familia real fusilada en 1917, todos en posición frontal como un icono y rodeadas sus cabezas con el aura dorada de la santidad. Enseguida encuentran otro icono que representa de medio cuerpo al zar y al zarevich, también con el aura de la santidad. La Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio los canonizó en 1981 y el sínodo de la Ortodoxia Rusa refrendó la decisión en 2000. ¡Glorioso! ¡Lucha de clases en estado puro hasta después de la muerte! ¿Recordaron los popes en el momento de tomar semejante decisión que el zar fue el responsable último de la matanza del Palacio de Invierno donde murieron no una sino muchas familias inocentes? También el Vaticano beatificó no hace mucho a una legión de curas del bando vencedor que cayeron durante la Guerra Civil española. Siempre las iglesias de cualquier credo han servido para legitimar el poder y los poderosos, son uña y carne, desde los faraones, que se decían dioses vivos, hasta nuestros días, en que el último dictador se proclamaba "Caudillo de España por la gracia de Dios" y los obispos lo llevaron bajo palio como a la hostia consagrada, o sea, el Hijo de Dios transubstanciado.

En el exterior una pareja vestida a la moda de Pedro I se ofrece a los turistas para hacerse fotos con ellos. Se han visto varias.

Pasea el grupito por la avenida en dirección contraria, donde encuentran  otros edificios con decoración modernista, el museo Puskin algunas calles por detrás, de fachada neoclásica, y una gran estatua del poeta. Luego, a las 11:00, acude al canal Fontanka para hacer un recorrido de una hora en barca: Espectaculares vistas del brazo principal del Neva con un submarino y un barco de guerra anclados. Pasan también debajo de la iglesia de la Sangre Derramada.

Algunos que han visitado un museo de arte dicen que no han visto gran cosa de las vanguardias.

Almuerzo en el hotel y espera hasta que llega el autocar y lleva a los viajeros al aeropuerto. En poco menos de una hora aterrizan en Moscú, recorren pasillos y salas hasta llegar a la terminal internacional y pasar el control, y otra nueva espera. Despegan con 45 minutos de retraso y el avión se eleva entre nubes de evolución y estratos grises. Todo el aeropuerto está rodeado de bosque, posiblemente virgen. El vuelo tarda 4:50 horas. En Madrid se han alcanzado casi los 40º.


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