| Introducción
La salida de campo que pone fin a las actividades del Seminario Permanente en el curso 2001-2002 se desarrolló el sábado día 27 de Abril de 2002, saliendo del CAP de Coslada a las 9,00 horas, a donde regresamos hacia las 18,00 tras un caluroso día de campo. El recorrido inicialmente previsto se modificó ligeramente adaptándolo a las circunstancias y desarrollo de la actividad, quedando como a continuación se detalla (ver mapa): |
|
|
1.1. Los Santos de la Humosa (®situación) Desde la altura que proporciona el borde del páramo de San Torcaz, a unos 800m de altitud, sobre el valle del río Henares, que se encuentra a unos 600m, se obtiene una hermosa panorámica del mismo, sobre la que observamos multitud de aspectos relacionados con ordenación del territorio y los usos a que éste ha sido destinado, relacionándolos con la vocación agrícola que le proporciona el tipo de suelo (vertisoles) y la disponibilidad de agua. |

|
La localidad de Los Santos de la Humosa se sitúa en el mismo borde del páramo. Durante el ascenso desde el fondo del valle se ve claramente la diversidad del territorio en esta zona, configurado como un mosaico de pequeñas parcelas dedicadas a cultivos, actividad ésta en clara regresión. En los alrededores de la localidad, aprovechado los afloramientos de agua en la parte alta del talud que conecta la paramera con el valle, hubo en otra época numerosos huertos, la mayoría ya abandonados en aras de la ocupación urbana. La cubierta vegetal es muy escasa, habiendo desaparecido el encinar original ( encina, Quercus rotundifolia). Se pueden ver algunos pies aislados de coscojas ( Quercus coccifera) además de la característica atocha o esparto (cuatro nuevas fotos de Stipa tenacissima). El poco olivar que aún se conserva como cultivo propio de esta zona de pendiente, muestra un escaso desarrollo denotando la dureza climatológica de la zona. Un aspecto a destacar es la frecuencia con que el valle queda sometido a una situación de inversión térmica durante el invierno, ocasionando la acumulación de las emisiones de la industria y el intenso tráfico de vehículos, que no se dispersan hasta que, ya avanzada la primavera, el incremento de temperaturas favorece la convección. Se pueden apreciar algunos de los diferentes niveles de terrazas del río, por el segundo de los cuales circula la autovía A-2, favoreciendo además el desarrollo urbanístico e industrial que ha venido ocupando el valle para dar lugar al llamado corredor del Henares. Actualmente se halla en fase de construcción la vía alternativa que, como autopista de peaje, unirá en un futuro próximo Madrid y Guadalajara. Si la mencionada A-2 hubiese seguido este trazado, cerca del margen norte del valle, el crecimiento asociado a la vía de comunicación habría dejado libres de ocupación los suelos aluviales, permitiendo dedicarlos al uso para el que resultan óptimos: la agricultura. En cambio, actualmente se prevé que continúe el crecimiento industrial con la construcción de nuevos polígonos. En la actualidad, la implantación industrial en el valle ha evolucionado desde la industria pesada (de la que dan fe los restos de una antigua cementera junto a la carretera de Meco), hacia otra tecnológicamente más avanzada. Estos cambios condicionan a su vez el tejido urbano y los movimientos de población en el valle y entre las localidades del mismo. Así, la urbanización a lo largo del corredor se ha visto influenciada por la evolución del mercado laboral y la demanda de mano de obra desde la capital, que desde hace décadas ha atraído mano de obra no cualificada hacia el sector de la construcción, mientras que el crecimiento de estas nuevas industrias atraía mano de obra cualificada desde la ciudad. Este crecimiento, tanto de la industria como de la ocupación residencial, ha traído consigo un incremento en la demanda de algunos recursos, como el agua que ya es suministrada por el Canal de Isabel II. 1.2. Trayecto Daganzo-Torrelaguna(®situación) A lo largo del recorrido vemos el crecimiento que han experimentado algunas urbanizaciones, como Santo Domingo, las cuales se implantaron originalmente en el seno del encinar autóctono, cuya imagen (vivir en plena naturaleza a tantos o cuantos minutos del centro de Madrid) fue vendida por los promotores urbanísticos durante la época de crecimiento en los años 60 y 70. Pero el riego de los jardines de esas viviendas terminó por hacer desaparecer las encinas, árboles adaptados a las sequías propias de este clima y que soportan mal el riego continuado. La eliminación de la vegetación natural ha dejado en cambio paso a esas especies ornamentales triviales cuyo cultivo propició desaparición de aquella. Tal es el caso de los numerosos eucaliptos, árboles de clima cálido que muestran el efecto de las intensas heladas del invierno último: la práctica totalidad aparecen secos en mayor o menor medida. 1.3. Torrelaguna(®situación) Esta población, cuna de Santa María de la Cabeza y del Cardenal Cisneros, merece por sí misma una detenida visita en la que poder apreciar la magnífica Colegiata de Santa María Magdalena (iniciada en el siglo XV), la ermita gótica de San Sebastián (s. XV), la barroca de San Miguel (s. XVII) o el Hospital de la Santísima Trinidad (s.XVII). No obstante, en esta ocasión, la falta de tiempo hizo que la parada se dedicase únicamente a la reposición de fuerzas con que afrontar el próximo camino de las cárcavas. El avituallamiento tuvo lugar en Casa Patata, donde degustamos su afamada tortilla... de patata, claro. Durante el desplazamiento hasta las inmediaciones del Pontón de la Oliva, donde realizaremos la siguiente parada, recorremos el valle del Jarama en su contacto con el afloramiento calcáreo cretácico, que lo limita por el noroeste. A nuestra izquierda queda la superficie estructural que originan las calizas y dolomías, recorrida por las conducciones del canal de Isabel II, que forman sifones para salvar los barrancos que disectan la cuesta, labrados por las aguas procedentes del macizo metamófico paleozoico situado a mayor cota. A la altura del azud de derivación de Valdentales, vemos una torre de elevación de agua drenada del seno del aluvión fluvial por una serie de galerías que, con disposición radial, parten de ella. 1.4. Pontón de la Oliva y cárcavas(®situación) La presa del Pontón de la Oliva fue construida en 1852 sobre una anterior del siglo XVIII, que alimentaba el canal de Cabarrús. Se trata de una presa de gravedad, de piedra, en la que el empuje del agua embalsada es soportado por el peso de la obra. Tiene una altura de 27 m y sección trapezoidal, con una anchura de 39 m en la base y de 6,72 m en la coronación, la cual mide 72,44 m de longitud. La cara interna del muro, la que mira aguas arriba del Lozoya, aparece escalonada desde la base hasta la cima. |
|
|
|
|
En lo que fue el vaso, la ausencia de agua permite ver la acumulación de sedimentos cubiertos de vegetación. Con motivo del 150º aniversario del inicio de las obras, el Canal de Isabel II ha emprendido trabajos de limpieza, restauración y construcción de un itinerario, señalizado mediante diez paneles informativos, que se inicia en el aparcamiento construido en la carretera hacia El Atazar y sigue el camino utilizado por los presos que trabajaron en la construcción, en el que podemos ver las ruinas de la iglesia y el hospital, hasta la presa (podéis encontrar más información en http://www.fundacioncyii.org).
La presa del Pontón de la Oliva se construyó como punto de partida del Canal de Isabel II (creado por Real Decreto de 18 de junio de 1851), proyectado para cubrir la creciente demanda de agua ocasionada por el aumento de población de la ciudad, que por entonces superaba por poco el cuarto de millón de habitantes. Hasta entonces la disponibilidad de agua dependía de las fuentes públicas y privadas alimentadas por los viajes de agua, galerías de origen árabe (qanats), construidas entre los siglos XIV (y quizá ya a principios del XIII) y XIX, que drenaban los acuíferos para conducir el agua hasta la ciudad (para más datos consúltese, por ejemplo, el texto Geología, Geomorfología, Hidrogeología y Geotecnia de Madrid, AA.VV. Ed. Ayuntamiento de Madrid, Col. Temas Urbanos, 10. Ecología). En aquel primer trazado del Canal de Isabel II, y construido siendo ministro de obras públicas Juan Bravo Murillo, trabajaron penosamente más de 2.000 obreros y unos 1.500 presos para construir, durante siete años, los 77 kilómetros de canal que llevarían el agua del Lozoya hasta Madrid. La inauguración tuvo lugar en junio de 1858 con presencia de la reina Isabel II, subiendo desde ese momento la dotación de agua de los madrileños de unos 6 a 200 litros por habitante y día (para la población de entonces). Desde ese momento la demanda de agua no ha dejado de crecer al igual que la capacidad de agua embalsada, hasta tal punto que hoy día prácticamente se captan la totalidad de aportaciones de nuestros ríos y parece que no siempre se respetan sus caudales ecológicos (véase la fotografía adjunta: valle del río Lozoya en su llegada a la presa del Pontón). El consumo actual asciende a unos 282 litros por habitante y día, variando el doméstico entre 92 y 345 según distritos (datos de El medio ambiente en Madrid, Análisis y alternativas ecologistas, AA.VV. Ecologistas en Acción, 1999. http://www.nodo50.org/ecologistas/).
Desde la presa del Pontón iniciamos el camino hacia las cárcavas tomando la carretera que conduce a Alpedrete de la Sierra hasta la primera curva pronunciada hacia la izquierda, lugar en que abandonamos aquélla a mano derecha por un olivar. El camino nos conducirá directamente hasta el cauce del arroyo de la Lastra, que hay que cruzar y seguir en línea recta para remontar el curso del torrente que nace en las cárcavas, caminando por el abanico de depósitos torrenciales y luego por el propio canal.
La visita a las cárcavas puede hacerse por el camino indicado, accediendo a su interior, o por un camino que se aprecia a la izquierda de las mismas para verlas desde arriba. En esta visita hicimos ambos recorridos, ascendiendo al borde desde el interior y empleando aquel camino para el regreso. Es recomendable así el recorrido ya que permite apreciar primero sobre qué materiales se han desarrollados y tener luego una visión de conjunto de las formas resultantes. Además, podremos abordar temas como la madurez de los sedimentos torrenciales, granulometría, litologías, grado de redondeamiento y esfericidad, y es posible apreciar el efecto de los procesos de meteorización sobre rocas habitualmente compactas como el granito. |

|
Tras ascender por una escarpada senda hasta el borde de las cárcavas obtendremos una magnífica vista de las mismas. Dando un corto paseo por el borde apreciaremos multitud de crestas y torres de erosión entre profundos canales. A lo lejos veremos la superficie estructural ya mencionada de la cuestas de Patones formada por las dolomías y calizas cretácicas, limitando el valle del Jarama entre el Pontón de la Oliva y Torrelaguna. En el cerro de Guadarrama encontramos un matorral de degradación, en el que abundan las retamas (Lygos sphaerocarpa), la mayoría parasitadas por plantas del género Orobanche. También abundan las jaras ( Cistus ladanifer), cantuesos ( Lavandula stoechas) y algunos enebros ( Juniperus oxycedrus). En esta zona del cerro Guadarrama es fácil encontrar lascas de pedernal en forma de puntas de flecha. 1.5. Embalse de El Atazar(®situación) Camino del mirador sobre el embalse de El Atazar, la carretera cruza un barranco en la cuesta de Patones y se adentra en el macizo metamórfico, caracterizado por la presencia de esquistos y pizarras negras (Ordovícico), lo que queda registrado también por un cambio en la vegetación. Durante el trayecto, que sigue el curso del río Lozoya aguas arriba del Pontón, se disfruta una buena vista sobre su valle, distinguiéndose claramente un meandro abandonado por el río. Volviendo la vista atrás se ve claramente la superposición de la serie estratigráfica que venimos recorriendo en la zona: la unidad inferior formada por las rocas metamórficas paleozoicas, una zona intermedia como una banda claramente marcada por su competencia erosiva formada por las calzas y dolomías cretácicas que buzan al sureste, y la unidad superior de edad terciaria sin deformar, sobre las que están excavadas las cárcavas. ![]() El embalse de El Atazar es el mayor de la región: con una capacidad de 425,3 Hm3 representa el 46% de la capacidad total de embalse de la Comunidad de Madrid. La presa es de bóveda, con una altura de 134 metros sobre cimientos y una longitud de 484 metros en la coronación. El espesor varía entre 45 metros en la base y 7 metros en la coronación. La construcción se inició en 1965, siendo Ministro de Obras Públicas Juan Vigón, con un presupuesto inicial que rondaba los mil millones de pesetas de entonces. Las obras se prolongaron hasta 1972 con un coste final que quintuplicó las previsiones por causa de los problemas geotécnicos ocasionados por la litología de la zona.
Cerca del extremo sur de la presa, a la izquierda en la foto anterior, se ve la torre de toma que capta el agua del embalse a distinto nivel según la estación del año. Durante el verano, cuando el plancton prolifera en superficie, la toma se realiza en profundidad, mientras que en invierno el plancton desciende y se toma el agua de superficie. Desde el mirador situado en el poblado junto al embalse se nos ofrece la panorámica de la vertiente del valle del Lozoya cuya foto apareció en las pruebas de acceso LOGSE en Madrid en Junio de 2000 (Opción B, pregunta 1; ®ver) y que a continuación se reproduce junto a una foto tomada el día de esta actividad (27 de abril de 2002). Se ve como la repoblación ha avanzado hacia zonas más altas que, con anterioridad, estaban pobladas de matorral. En general, la cubierta vegetal aparece algo más densa en la actualidad, con la salvedad de esa nueva zona repoblada en la parte superior.
En las márgenes del embalse pudimos ver huellas claras de una incipiente erosión que supone la llegada de toneladas de depósitos a aquél, acelerando su colmatación y reduciendo su capacidad real para embalsar agua. Se puede consultar más información relativa a recursos hidraúlicos de Madrid en la dirección del Canal de Isabel II en http://www.cyii.es 1.6. Trayecto El Atazar-El Berrueco(®situación) A lo largo de esta primera parte del viaje de regreso hacia el punto de partida no se realizaron paradas pero desde el autobús pudimos hacer algunas observaciones de interés.
Toda esta zona está viendo una reforestación natural, muy rápida en términos ecológicos, a consecuencia de la casi total ausencia de ganadería extensiva de ovino en la actualidad. Podemos ver numerosos pies de enebro recolonizando los jarales, al no ser estos quemados periódicamente para obtener pastos. |
Información elaborada por
César Martínez Martínez
cmarti3@platea.pntic.mec.es