La acción conjunta de los
factores que condicionan la formación y evolución
del suelo conduce al desarrollo de diferentes perfiles o tipos de suelos. La
clasificación de los mismos puede basarse en criterios
diversos. Entre otros, podemos citar:
- características intrínsecas del suelo,
dependientes de los procesos genéticos que los
desarrollan.
- propiedades del suelo como permeabilidad, salinidad,
composición,... y que se relacionan estrechamente con los
factores de formación.
- según su aptitud para diferentes usos, fundamentalmente
agrícola.
Es frecuente realizar una primera agrupación en
función del factor o factores predominantes en su
desarrollo. Así, se distingue entre:
- Suelos azonales: corresponden a suelos inmaduros,
que se encuentran en las primeras etapas de su desarrollo por no
haber actuado los factores edafogenticos durante el tiempo
suficiente (
aclimácicos), en los que los caracteres predominantes
son los debidos al tipo de roca madre. Son los presentes por
ejemplo sobre sedimentos recientes (alóctonos),
desiertos, suelos helados.
Escaso o nulo desarrollo y diferenciación de horizontes.
- Suelos intrazonales: son los desarrollados bajo
condiciones en que predominan los factores edafogenéticos
pasivos, como roca madre, pendiente, acción
humana,... Son suelos aclimáticos, ya que el factor clima no
es determinante en su formación, y (
climácicos).
- Suelos zonales: desarrollados bajo la
acción de los factores activos de formación
del suelo, en especial el clima, durante el tiempo suficiente. Son,
por tanto,
climácicos y climáticos. Se trata de suelos
maduros y bien evolucionados.
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Existen numerosos sistemas de clasificación, entre los
que hay que destacar:
- Thorp, Baldwin y Kellog (1938,1949). Distingue tres
órdenes: suelos zonales, intrazonales y azonales, y, en cada
uno de ellos, subórdenes y grupos. En esta
clasificación se basan las más utilizadas
tradicionalmente, como la tabla, muy resumida siguiente:
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