|
Este trabajo
corresponde al curso de doctorado El Anglicismo en los Medios de Comunicación de
la UNED, curso 1996/97. En mi tarea diaria como profesor de inglés en un Instituto de
Enseñanza Secundaria tengo la responsabilidad de enseñar a las nuevas generaciones la
lengua que representa a la cultura predominante de nuestra civilización. Como usuario de
los ordenadores y aficionado a las nuevas tecnologías, estoy fomentando dentro del
Claustro de profesores la utilización de las nuevas redes para mejorar las posibilidades
de aprendizaje de nuestro alumnado. La entrada de Internet en la educación está
representando una revolución en los métodos y en los sistemas de aprendizaje. La
educación integral de nuestros jóvenes requiere de los docentes una preocupación
constante por respetar las propias raíces de los educandos para que el conocimiento de
otras culturas no represente el rechazo de la propia, sino el valorarla en un contexto
más rico.
Es aquí donde Internet tiene la virtud y el
peligro. A las grandes oportunidades que nos ofrece su gran capacidad de darnos
comunicación e información se opone el peligro de crear realmente una aldea
global de cyborgs, de seres indistintos sin cultura propia. El fuerte poder de la cultura
anglosajona, combinado con la capacidad de Internet de llegar a todos los rincones del
planeta, puede aumentar de manera dramática la dependencia cultural y lingüística del
resto de los pueblos. Internet está suponiendo un proceso de exposición directa al
inglés que gradualmente se va a acelerar. Algunos lo llaman síndrome de Puerto Rico y ya
se percibe leyendo algunas publicaciones periódicas informáticas (muy especialmente la
publicidad). Esta preocupación personal como docente es la que me ha llevado a estudiar
la penetración de lo norteamericano en nuestra lengua a través de Internet.
Un compañero mío señalaba que decir el anglicismo
en Internet es como decir la bellota en Extremadura o el olivo en Andalucía. No cabe duda
de que en nuestra lengua, la del "que inventen ellos", hay que abrir hueco a
extranjerismos nacidos de los nuevos descubrimientos científicos y técnicos, pero, como
dice Lázaro Carreter, "el estado de necesidad no puede, no debe justificar infinidad
de términos que se han introducido por falsa afectación de cientificismo y por
distanciamiento del habla vulgar"(1) El neologismo innecesario es tan abundante, que
sólo puede compararse al barbarismo innecesario(2). Y el anglicismo es sólo reflejo de
lo que ocurre en el resto de parcelas de la cultura hispana:
"Considerado el anglicismo en un marco más amplio, dentro
del creciente proceso de transculturalización que están viviendo las diferentes
comunidades humanas, podría afirmarse que la difusión internacional que alcanzan los
usos lingüísticos ingleses no es más que complemento, o corolario, de la penetración
pacífica, pero incesante, de usos, costumbres y actitudes de origen británico o
norteamericano."(3)
Tomé como punto de
partida dos trabajos generales sobre el anglicismo: el completo estudio de Chris Pratt en El
anglicismo en el español peninsular contemporáneo y el recientemente publicado Anglicismos
Hispánicos de Emilio Lorenzo. Sobre el lenguaje informático he tenido una estupenda
referencia en el Diccionario Comentado de Terminología Informática de Guadalupe
Aguado.
Al comenzar el trabajo me pareció que la toma de
datos de Chris Pratt, al menos en lo referido a la prensa escrita, resultó bastante
parcial, ya que tomó como base un periódico (el diario YA, cuatro números de junio de
1973). Cada medio tiene sus propios criterios y he observado que diferentes publicaciones
tienen diferentes puntos de vista a la hora de recurrir a anglicismos, incluso a la hora
de entrecomillarlos, dar una traducción o definición de los mismos(4). Esta cultura
interna se refleja en ocasiones en Libros de Estilo, aunque en ciertas publicaciones,
diferentes columnistas aplican criterios diversos, sobre todo cuando se trata de
traducciones de artículos de revistas extranjeras.
  
|