El agua ya se puede beber. Entonces se conduce por medio de unos tubos enormes, llamados canalizaciones, hasta unos depósitos cubiertos o unos tanques elevados, situados en grandes torres. El agua se almacena en los depósitos y en las torres de agua hasta que hace falta. Cuando abrimos el grifo, el agua circula por las grandes tuberías que componen la red y llega hasta nuestras casas.