Narciso Yepes.


Contenidos tomados del diario "El Pais" de fecha 4 de mayo de 1997.


Muere un intérprete universal.

El concertista y compositor Narciso Yepes falleció el sábado, 4 de mayo de 1997, a causa de un cáncer linfático.

La enfermedad le sorprendió hace siete años, aunque la discreción con la que llevó los momentos más dolorosos la recluyó a la esfera familiar. Desde el año 1993 se vio obligado a aligerar su hasta entonces apretada agenda de conciertos por todo el mundo aunque todavía sacaba, de vez en cuando, fuerzas para reaparecer en los escenarios. Su último concierto fue el 1 de marzo de 1996, en los festivales de Santander.

Se retiró entonces a descansar frente al mar, en su querida casa de Cabo Roig (Alicante). Allí le volvió a sorprender la enfermedad el pasado mes de agosto y tuvo que ingresar en el hospital Morales Meseguer de Murcia, donde permaneció un mes. Recuperado, alternó sus visitas al convento cisterciense de Buenafuente del Sistar (Guadalajara), donde según su esposa, Marysia Szummakowska, encontraban el recogimiento adecuado para la oración, con las estancias en la costa alicantina. Visiblemente desmejorado, Yepes apareció en publico, pero como espectador las pasadas navidades, para presenciar en el Auditorio de Murcia el Concierto de Año Nuevo que cantó Montserrat Caballé.

Pocos días después, el domingo 26 de enero, y en el mismo escenario, asistió al homenaje que le tributó su región con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Murcia dirigida por su hijo Ignacio. La sala de conciertos del auditorio lleva desde entonces su nombre.

Yepes, persona de profundas creencias religiosas, siguió luchando contra la enfermedad con la esperanza de volver a pisar los escenarios. Hace poco más de un mes, el 17 de marzo, habló -por teléfono- en el programa Clásicos Populares de Radio Nacional de España, donde anunció que estaba preparando para el próximo mes de octubre una gira con 15 conciertos por Japón, un país que visitó por primera vez en 1960. Además, relató ilusionado que en aquel país estaban preparando una edición especial en compacto de su obra prácticamente completa.

Las últimas horas las pasó con su esposa, su hijo Ignacio y su hermano Agustín. Su hija Ana, bailarina y coreógrafa, estuvo a su lado el pasado viernes, pero tuvo que marcharse a Nueva York por un compromiso profesional. Según contó su viuda, fue el propio Narciso Yepes quien animó a Ana a que emprendiera el viaje: "Vete y baila, y lleva el testigo del arte en nombre.


Narciso Yepes, maestro de la guitarra clásica.

Narciso García Yepes (Lorca, 14 de noviembre de 1927) nació en el seno de una familia campesina. Al cumplir los cuatro años le regalaron su primera guitarra, y poco tiempo después empezó su formación musical. Cada día llevaban al pequeño Narciso, montado en un borriquillo, desde su casa en la huerta hasta Lorca (unos siete kilómetros), donde estaba la academia de música más cercana. Tras la guerra civil su familia emigró a Valencia y allí pudo ingresar en el conservatorio a los 13 años.

El salto de Narciso Yepes a la maestría tiele fecha: fue en 1947, con su interpretación del célebre Concierto de Aranjuez del maestro Joaquín Rodrigo bajo la batuta de Ataúlfo Argenta.

Desde entonces, Yepes, que se había curtido también en las largas noches de los cafés cantantes acompañando a cantaores flamencos para coger técnica y velocidad de dedos -después de que el pianista Vicente Asensio le incitara a seguirle al piano y Yepes se declarara incapaz-, inició una carrera marcada por la búsqueda de la superación permanente, a la que no puso límites.

Ginebra, en 1948, y París, en 1952, descubrieron al joven virtuoso, que iba a alcanzar su año de gloria en 1952, al componer su obra Juegos prohibidos, que integraría la banda sonora de la película homónima de René Clément ganadora de la palma de oro en el Festival de Cannes.

En 1964, Yepes tuvo tiempo de inventar la guitarra de 10 cuerdas (con la que dio todos sus conciertos a partir de ese año), que le permitía interpretaciones singulares de piezas renacentistas o barrocas. Su afán de investigación corrió en paralelo a su carrera de intérprete, forjada en innumera- bles giras -Japón asistió a sus mayores éxitos-, y fruto del mismo son las 6.000 partituras antiguas no publicadas que recuperó.


Ser instrumento.

El nombre, la figura y la obra de Narciso Yepes representan un importante capítulo en la historia universal de la guitarra y, por lo mismo, en la de la música de nuestro tiempo. Como todos los tramos artísticos verdaderamente significantes, el recorrido por Yepes posee, entre otras, las luces de la perfección y de la innovación. Y esto hizo Narciso Yepes quizá desde que le pusieron una guitarra de juguete en las manos hasta desgranar, venciendo sufrimientos, los últimos punteos y los más amplios rasgueos de su guitarra trascendente.

El primer empeño de Yepes apuntó hacia dos objetivos: ser un hombre y un artista universal y convertirse en un músico sólido y razonador. Ya decía él mismo en su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes: "El instrumento puede ser plural pero la música es una". Para refinar al máximo tal unicidad, Narciso trabajó aquí con una serie de maestros, cada uno dotado de específicas cualificaciones. Como guitarrista pasó por las aulas madrileñas de Regino Sainz de la Maza, tuvo los oídos bien abiertos para cuanto hacían Emilio Pujol o Andrés Segovia, mas en definitiva pienso que el verdadero maestro de Yepes fue Narciso Yepes. No en vano, su aludido discurso académico versó sobre un tema resumido en dos palabras: Ser instrumento. A esa esencialidad se entregó a lo largo de su triunfal, densa y acortada carrera.

Pero al ser instrumento y quien lo tañe, una sola cosa puesta al servicio de la música, Yepes buscó, allí donde fuera, las voces magistrales que pudieran afirmar sus ideas, matizarlas o descubrirle nuevos horizontes. En España, Manuel Palau, Lamotte de Grignón, Vicente Asensio; más allá de los Pirineos, Nadia Boulanger, Georges Enesco y Walter Gieseking. Y en su hogar la lectura ininterrumpida de los más fundamentales legados humanísticos de antaño, de ayer o de hoy.

Dos fechas clave

El estallido Yepes tiene dos fechas: para los españoles, 1947, al interpretar por vez primera el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo; en el extranjero, 1952, al presentarse en la sala Gaveau, de París, cuatro años antes de hacerlo en América. La capital francesa fue para Yepes, como para tantos otros músicos españoles como algo propio y entrañable, una suerte de "otra patria", ya que calificarla de segunda o de primera me parecería injusto. Allí hizo tantos amigos que lo serían de por vida y allí conoció a la que sería su mujer, Marysia, estudiosa de la filología del lenguaje hablado mientras Yepes analizaba el idioma sin semántica que es la música.

De París salió el filme Juegos prohibidos, de René Clément que no llevaba otra música que la de la guitarra de Yepes variando un viejo tema castellano; en París arrancó Yepes nuevas composiciones guitarrísticas a Mauricio Ohana, Jean Françaix, Salvador Bacarisse o Antonio Ruiz-Pipó, españoles expatriados, mientras en España intensificó el interés por la guitarra de Ernesto Halffter, Federico Mompou o Xavier Montsalvatge, además de estimular el que ya sentían Rodrigo o Moreno Torroba. No hay que olvidar a Leonardo Balada, barcelonés que vive en los Estados Unidos, Cristóbal Halffter, Mario Medina o Tomás Marco. De tal manera, la guitarra de Yepes fue capaz de asumir todas las corrientes y tendencias pretéritas y contemporáneas. Se explica bien, pues ya dejó escrito Manuel de Falla que "la guitarra nos atrae con un poder de imán fascinador".

Esos pentagramas y otros que quedarán en ensueño, ceden ahora su lugar a una larga y triste "música callada". Resuena en la memoria de todos hasta hacerse también "soledad sonora" que se torna afectivo acompañamiento.

Narciso Yepes rectificó la forma misma de la guitarra al sumarle cuatro cuerdas para ampliar sus posibilidades y escribió capítulos en los que el mérito y la probidad profesional se aliaban con la calidad humana y la hondura de sus creencias religiosas. Por eso, acaso se encuentre en estos momentos ante lo que intuía que debía ser el arte: "La sonrisa de Dios".


Discografía selecta.

1. S. Bacarisse:Concertino en la menor. Ernesto Halffler: Concierto para guitarra y orquesta. Con la Orquesta Sinfónica de RTVE. Director: O. Alonso.
2. Mauricio Ohana: Tres gráficos. A. Ruiz-Pipó: Tablas. Con la Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Frühbeck de Burgos.
3. Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez y Fantasía para un gentilhombre. Con la Orquesta Sinfónica de RTVE. Director: O. Alonso.
4. A. Vivaldi: Concierto en re mayor. Manuel Palau: Concierto levantino. Con la Orquesta Nacional. Director: O. Alonso.
5. Cinco siglos de guitarra.

L. de Milán: Seis pavanas. L. de Narváez: Canción del emperador y Diferencias. D. Pisador: Pavana y Villanesca. G. Sanz: Suite Española. A. Soler: Dos sonatas. Albéniz: Malagueña. Falla: Homenaje a Debussy. Halffter: Madrigal. M. Torroba: Madroños. Montsalvatge: Habanera. Ohana: Tiento.

6. Fernando Sor: 24 Estudios.
7. H. Villalobos: 12 Estudios y 5 Preludios.
8. Bach: Preludio, Chacona en re menor, Zarabanda y Double. S.L. Weiss: Fantasía en mi menor y Suite en mi mayor.
9. Música iberoamericana. H. Ayala: Suite. Bacarisse: Suite. Poulenc: Zarabanda. Asencio: Homenajes. Gombau: tres piezas de "La Belle Epoque".