|
IGLESIAS |
|
|
LETRILLA Préstame, Fabio, atención para oír esta letrilla, porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Admiraste del marido que sin renta y holgazán sale al Prado tan galán, como un Adonis lucido? Pues mira, esto ha conseguido por ser manso de la villa o en buen romance, cabrón; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Preguntas que por qué exceso en el más triste lugar a los frailes han de dar pan, vino, tocino y queso? Pues créete que por eso nos llaman con campanilla en la cuaresma a sermón; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Espántaste de la maja que, cuando sale a paseo, con sus galas y meneo a la más chusca aventaja? Pues mira, tanto trabaja, que por trabajar se humilla bajo de cualquier varón; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Pregúntasme que en qué penda que otros con poco estudiar se atrevan hoy a sacar de la corte una prebenda? Pues mira, aunque no se venda, o ya por faldas se pilla, o ya por mucho doblón; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Lastímate el ver tomando a don Martín las unciones, que quiebra los corazones verle amarillo y babeando? Pues mira, para eso holgando con su amiga Mariquilla gozó harto tiempo el bribón; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. ¿Admiraste del letrado que a Juan, sin tener derecho, se lo hizo tener, y de hecho se ha en su favor sentenciado? Pues sábete que ha logrado una lucida vajilla, y ainda mais un talegón: porque no se da morcilla a quien no mata lechón. Dices, por fin, que ¡cuán bruto es el que se pone a hacer versos sin echar de ver que no aguarda premio o fruto! Pues mira, yo lo reputo por la más quieta, sencilla y racional diversión; porque no se da morcilla a quien no mata lechón. |