POEMAS PARA
RECORDAR Envía
tu poema![]()
| El Piyayo | Recuerdo | La noria | |
| A UN OLMO SECO | Romance | EL PASO DEL TIEMPO | La cancion de pirata |
| El diente | A UNA NARIZ | Aromas | El Uno y el Dos |
| Vientos del pueblo me llevan | Dos conejos | Zapatero | Caminos |
| A las cinco de la tarde | Ripios | La paloma | Los tiempos |
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ANTOLOGÍA LÍRICA EN LA RED |
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| Antologia de la Poesia | Poesía Castellana | Poesía Infantil | |
¿Qué
es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Que es poesía!, Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
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Algún poema de:...
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El cortesano
Aquí yace un cortesano
que se quebró la cintura
un día de
besamano
Aquí le enterraron de balde
por no hallarle una peseta,
¡no sigas!; era poeta
LA NORIA
La tarde caía
triste y polvorienta.
El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
Soñaba la mula
¡ pobre mula vieja !
al compás de sombra
que en el agua suena.
La tarde caía
triste y polvorienta
Yo no sé que noble,
divino poeta
unió a la amargura
de la eterna rueda
La dulce armonía
del agua que sueña
y vendó tus ojos
¡ pobre mula vieja !...
Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.
(Antonio Machado)
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.
JOSE
CARLOS DE LUNA
|
¿
Tú conoces al "Piyayo", |
porque
pena una muerte en Santoña; |
EL PASO DEL TIEMPO
La piel se arruga.
El pelo se vuelve blanco.
Los días se convierten en años.
Pero lo importante no cambia.
Tu fuerza.
Tu convicción
NO TIENEN EDAD.
Tu espíritu es el plumero
de cualquier telaraña.
Detrás de cada logro,
hay otro desafío.
Mientras estés vivo siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías
vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas.
Sigue aunque todos
esperen que abandones.
No dejes que se oxide
el hierro que hay en vos.
Has que en lugar de
lástima
te tengan respeto.
Cuando por los años
no puedas correr, trota...
Cuando no puedas trotar,
camina...
Cuando no puedas caminar
usa el bastón !!.
PERO NUNCA TE DETENGAS.
Antonio Machado
A un olmo secoviejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verde le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
hunden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que, rojo en el hogar, mañana
ardas, de alguna mísera caseta
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hacia la mar te empuje,
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera
José Zorrilla)
Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
«Enjuga el llanto, cristiana
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mío.
Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones
están, mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira chales.
Y te dará blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blanca que las espumas
de nuestros mares de Oriente.
Y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios... ¡amor!»
«¿Qué me valen tus riquezas
-respondióle la cristiana,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme, moro
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada.»
Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
«Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores;
vete con tus caballeros.»
Y dándole su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda
La cancion de pirata (Espronceda)
Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín:
bajel pirata que llaman,
por su bravura el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado; al otro, Europa;
y allá a su frente, Estambul.
«Navega, velero mío,sin temor;
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas hemos hecho
a despecho del inglés,
y han rendido cien naciones
sus pendones a mis pies.»
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa sea cualquiera,
ni bandera de esplendor
que no sienta mi derecho
y dé pecho a mi valor.»
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
«A la voz de ¡Barco viene!
es de ver cómo vira y se previene
a todo trapo escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas yo divido
lo cogido por igual;
sólo quiero por riqueza
la belleza sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
«¡ Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte
y al mismo que me condena
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo, ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di,
cuando el yugo del esclavo
como un bravo sacudí.»
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
«Son mi música mejor aquilones;
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno al son violento
y del viento al rebramar
yo me duermo sosegado,
arrullado por la mar.»
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.
Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Erase un espolón de un galera,
érase una pirámide de Egito;
las doce tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.
( Miguel Hernández)
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levanta
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimiento de leones,
desfiladeros de águilas
y cordillera de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trbas,
ni quién el rayo detuvo
prisionero en un jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hambre que entre las raíces,
como raíces gallardas,
váis de la vida a la muerte,
váis de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gente de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los torros, de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
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Aromas de primavera,
romántico y bello abril,
olor a cucurbitáceas,
se cuela por la nariz.
Floridos cantan los sauces,
amor está en el jardín,
el suelo luce su amfombra,
dalia, geranio, jazmiz.
Sale la infanta, de noche,
camina con rentintín,
salta, brinca, bulle,
cual patizambo guarín.
Llega a la acacia.¡ Las siete !,
su paje le aguarda allí,
"paja a paje", musita el mozo en latín
"pijo a raja; ¡qué carajo!
disponte presto a bullir,
susurra ansiona la moza,
sobándole el berbiquí.
Desciende el regio refajo,
libera el cuerpo el batín,
ris ras de mil cremayeras,
arañan el aire gris.
Medias marrons y blancas,
ligas violeta y añil,
faltriquera de entretela,
zapatitos de marfil,
los siete gestos de Buda,
conjugan su chipichí.
Refregonazos, crujidos,
gicarajos, frenesí,
y mil posturas distintas,
de culo, panza y perfil.
Entre la fronda, un jilguero,
ajeno al magno festín,
desgrana su trino al viento
de flor en flor saltarín.
( De mi amigo Reguera, que ya se fue)
Graves autores contaron
que,en el páis de los ceros,
el Uno y el Dos entráron
y desde luego trataron
de medrar y hacer dineros.
Pronto el Uno hizo cosecha;
Pues a 1os ceros honraba
Con amistad. Muy estrecha,
Y dándoles la derecha,
así el valor aumentaba.
Pero el dos tiene otra cuerda
¡Todo es su orgullo maldito!
y, con táctica tan lerda,
los ceros pone a la izquierda
y. así no medra un pito.
En suma el humilde uno
lleg6 a hacerse millonario,
mientras el dos importuno,
por su orgullo cual ninguno
no paso' de perdulario.
Luego ved con maravilla
en esta fa'bula ascética
que el que se baja más brilla
y el que se exalta, se humilla
hasta en la misma Aritmética.

Tip¡-tape,tipi-tape,
tipi-tape,
tipitón,
tipi-tape,
zapa-zapa,
zapatero remendón.
Tipi-tape todo el día,
todo el año tipitón,
tipi-tape, macha-macha,
machacando en tu rincón.
Tipi-tape en tu banqueta,
tipi-tape, tipitón,
tipitón con tu martillo
macha-macha-machacón.,
¡Ay! tus
suelas, zapa-zapa,
zapatero
remendón,
¡ay!,tus
suelas, tipi-tape,
duran
menos que el cartón!
Tipi-tape, tipi-tape,
tipi-tape, tipitón...
GERMÁN
VERDIALES

LOS DOS CONEJOS
Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Yo
voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón."
.
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
.
Mi cantar vuelve a plañir;
"Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada."

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.(...)
.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

MADURECES
«Ansioso un higo comía
-cuenta a Gil el viejo Arbelo-
y, ¡tris!, saltó un diente al suelo
de sólo tres que tenía.»
«Es bien raro el accidente
estando maduro el higo.»
Y aquél contestóle: «Amigo,
más maduro estaba el diente.»
A UNA FLAQUÍSIMA TUERTA
Aquí yace Estefanía,
flaca y aguda mujer,
que bien pudo aguja ser,
pues sólo un ojo tenía.
Momia, esqueleto de alambre,
en torno a sus huesos vanos
yacen también los gusanos,
porque se murieron de hambre.

LA PALOMA
Se equivocó la paloma,
se equivocaba
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.

CÓMO CAMBIAN LOS TIEMPOS!
Cuando de niño empecé
a darme a la poesía,
tan en serio lo tomé,
que sólo en serio escribía.
Romántico exagerado,
era lo triste mi fuerte.
¡Válgame Dios! Le he soltado
cada soneto, ¡A la muerte!
La fatalidad, el sino,
el hado, la parca fiera,
el arroyo cristalino
y la tórtola parlera...
Todo junto le servía
a mi necia inspiración
para hacer una elegía
que partía el corazón.
No hubo desgracia ni duelo
que en verso no describiera...
¡Si estaba pidiendo al cielo
que la gente se muriera!
¿Que airado el mar se tragaba
la barca de un pescador?
Pues yo en
mi lira lanzaba
los lamentos de rigor.
¿Que un amigo se moría,
viejo o joven, listo o zafio?
Pues, ¡zas!, al siguiente día
publicaba su epitafio.
¿Que una madre acongojada
gemía en llanto deshecha?
¿Que por una granizada
se perdía la cosecha?
Pues yo enjugaba aquel llanto
en versos de arte mayor,
Escéptico y pesimista,
¡me hacía unas reflexiones!...
Sirva de ejemplo esta lista
de varias composiciones:
Ludibrio, Dios iracundo,
Profanación y adulterio.
Los desengaños del mundo,
El ciprés del cementerio.
Pues, ¿y una composición
en que, imitando a otros vates,
con la mejor intención
decía estos disparates?