CLARENCE HENRY
(Frogman, por la curiosa voz imitativa que utilizaba en temas
como Ain´t got no home)
CAMINO DE NUEVA ORLEÁNS
LUIS MARIO QUINTANA
En el Estado norteamericano de Luisiana se encuentra la ciudad
de Nueva Orleans, punto neurálgico del tráfico de
esclavos africanos en el siglo XVIII. Ellos trajeron al Sur sus
ritmos y religiones. Fue capital de la colonia francesa, una influencia
que todavía se hace sentir. Un incesante flujo de viajeros
del Caribe terminó por configurar toda una extraña
mezcla de razas e influencias, caldo de cultivo que convirtió
a esta ciudad cosmopolita en uno de los
focos
musicales más excitantes y ricos de Estados Unidos, cuna
original del jazz, que nació en el barrio de la prostitución,
Storyville. Clausurado durante la I Guerra Mundial, a petición
de las autoridades militares, músicos como Louis Armstrong
tuvieron que emigrar.
A pesar de esta dispersión y de los efectos de la depresión
de 1929, nunca faltó la música en Nueva Orleans,
tanto en los funerales y los célebres desfiles de carnaval
como en los honky tonks y barrelhouses (tugurios de mala reputación).
El instrumento rey de esos locales era el piano. Había
intérpretes que continuaban las tradiciones jazzísticas,
como Jelly Roll Morton o Clarence Williams, junto a músicos
más toscos, como Boogus (que únicamente tocaba con
las teclas negras) o Kid Stormy Weather. A esta última
escuela perteneció, en los años cuarenta, Henry
Roeland Byrd, también conocido como Roy Byrd, Professor
Longhair o El Calvo. Él fue el inspirador de grandes talentos,
como Antoine Fats Domino; Huey Piano Smith; Leon T. Gross, alias
Archibald; Joseph Pleasant, alias Smilin'Joe; Overton Amos Lemons,
alias Smiley Lewis; Mac Rebennack (Doctor John); Allen Toussaint
o Art Neville.
Después de la II Guerra Mundial fue decisiva en la ciudad
la labor desarrollada por Dave Bartholomew, un trompetista que
con su propia banda tocaba rhythm and blues, jazz y clásicos
populares en todo tipo de lugares. Empezó a trabajar como
compositor y productor de los músicos de la zona, sobre
todo de Fats Domino. A su inspiración se deben canciones
que grabaron el propio Domino (The fat man, Ain't that a shame),
Smiley Lewis o Earl King. Su fórmula voz?piano?bajo?batería?guitarra?metal
fue muy imitada.
Numerosas marcas discográficas de otras ciudades se lanzaron
ávidamente a producir y editar discos a los talentos locales,
siguiendo la pista de De Luxe Records, que triunfó con
Roy Brown y su Good rockin' tonight. La poderosa Atlantic neoyorquina
grabó en Nueva Orleans al Professor Longhair, Ray Charles
o Joe Turner. Imperial Records, de Los Ángeles, tenía
en su nómina a los ya citados Bartholomew y Domino, y también
a Smiley Lewis, Spiders o Bobby Mitchell.
Otro sello californiano, Aladdin, editó a Shirley &
Lee, Amos Milbum o Charles Brown. Specialty, también de
Los Ángeles, grabó a Little Richard, Lloyd Price,
Larry Williams, Roy Milton y Jerry Byrne.
La deslumbrante riqueza musical de Nueva Orleans atrajo a la compañía
Chess, de Chicago, que publicó divertidos discos de Bobby
Charles y Clarence Henry. Ace Records tenía su sede en
Jackson (Misisipí); fue fundada por Johnny Vincent en 1955.
Él grabó a Huey Smith (Rockin' pneumonia), Frankie
Ford (Sea cruise) o Jimmy Clanton (Just a dream). Su proximidad
a Nueva Orleans y sus músicos fue ejemplo para otras pequeñas
marcas que recogieron los nuevos sonidos soul. La más importante
fue la Minit, con el productor Allen Toussaint, responsable de
los éxitos de Jessie Hill, Showmen (It will stand), Irma
Thomas (Time is on my side), Benny Spellman (Fortune teller) o
Ernie K. Doe. La Instant tuvo a Chris Kenner (Land of thousand
dances) y la Fire?Fury lanzó a Lee Dorsey (Ride your pony).
En los sesenta disminuyó la actividad discográfica
de Nueva Orleans y fueron muchos los músicos que se trasladaron
a otras ciudades. Sin embargo, todavía quedan veteranos
de aquellos años gloriosos que mantienen vivo el espíritu
vitalista de los sonidos de Luisiana.