FATS DOMINO
"EL RITMO CONTAGIOSO"
LUIS MARIO QUINTANA
Habitualmente se identifica la música de Nueva Orleans
con el jazz primitivo que todavía se toca allí para
disfrute de turistas. Esa aportación trascendental ha oscurecido
su importancia en el desarrollo del rhythm and blues (r&b),
rock and roll y soul. Para los artistas locales, sin embargo,
todo es lo mismo: dance music, música para el baile. De
hecho, varios años antes de que se hablara de rock and
roll, Fats Domino ya triunfaba con ese tipo de música.
Su éxito fue un gran impulso para los artistas ?negros
y blancos? de Nueva Orleans, y tuvo repercusiones en lugares inesperados
(el exuberante ska jamaicano es deudor directo de su sonido).
Antoine Domino nació
el 26 de febrero de 1928 en Nueva Orleans, en una numerosa familia
en la que existieron varios miembros con inclinaciones musicales;
su padre era violinista, y su tío Harry Verette fue trompetista
de jazz en las orquestas de Kid Ory y Oscar Celestin. A los seis
años, Domino aprendió a tocar el piano, y poco después
comenzó a actuar en lugares públicos, en compañía
de un bajista llamado Billy Diamond, que le bautizó como
Fats (Grasas). Alternaba la música con diferentes trabajos:
primero llevó un carrito de helados y luego estuvo empleado
en una fábrica de somieres. Un día, a Antoine se
le vino encima una pila de ellos y sus manos quedaron heridas
hasta tal punto que los médicos le anunciaron que no podría
volver a tocar, ya que era necesaria una amputación. Domino
se negó rotundamente, y después de dos años
de una dura rehabilitación se presentó nuevamente
en los escenarios.
En 1948 fue fichado por el sello discográfico Imperial,
e inició al mismo tiempo una fructífera colaboración
con el líder de banda?trompetista-compositor y arreglista
Dave Bartholomew, la piedra sobre la que Fats construyó
su historia. En 1949 apareció su primer disco, con dos
temas: The fat man y Detroit blues, que se convirtieron rápidamente
en un considerable éxito en las listas de r&b. Luego
siguió una colección de canciones que con el tiempo
se han ido incorporando al repertorio de todo tipo de artistas:
Please, don't leave me (1953), Ain't that a shame (1955), Blueberry
hill (1956), Blue monday (1956), I'm walking (1959) o My girl
Josephine (1960).
Durante los años sesenta su música sufrió
una pequeña transformación, al introducir arreglos
más sofisticados, e incluso secciones de cuerda. Eso no
impidió que su estrella comenzara a decaer, al igual que
ocurrió con la mayoría de los músicos de
Nueva Orleans, que fueron eclipsados por los nuevos sonidos de
grupos como los Beatles. Curiosamente, en 1968, Fats Domino tuvo
cierto éxito con sus recreaciones de Lady Madonna y Lovely
Rita, del grupo de Liverpool.
Su currículo discográfico es impresionante: ventas
de alrededor de 65 millones de ejemplares, 22 discos de oro, más
de 90 singles grabados y más de 25 elepés. Participó
en grabaciones de diversos músicos, como Joe Turner, Smiley
Lewis o Lloyd Price. Se rodeó de algunos de los mejores
instrumentistas de Nueva Orleans: el inseparable Bartholomew (trompeta),
Alvin Tyler (saxo tenor), Earl Palmer (batería), Lee Allen
(saxo tenor) o Frank Fields (bajo). Sus canciones han sido incluidas
en el repertorio de músicos como Jerry Lee Lewis, Johnny
Burnette, The Band, Them, Flamin' Groovies, John Lennon... También
tuvo un papel importante en películas como Jamboree o The
girl can't help it.
Se puede ver ahora a Fats Domino en Las Vegas, y compartiendo
cartel con otros veteranos del rock. Conserva sus 110 kilos de
humanidad, y vive tranquilo rodeado de sus ocho hijos, cuyos nombres
empiezan, todos por la A de Antoine.