JERRY LEE LEWIS
"EL ASESINO DE LUISIANA".
JESÚS ORDOVÁS
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Me llamo Jerry Lee Lewis, soy de Louisiana, / y ahora
voy a tocar un poco de boogie en este piano que tengo aquí.
/ Haciéndolo espléndidamente voy a conseguir que
esto tiemble, / lo voy a hacer y lo voy a hacer hasta que os
rompáis. / Se llama el boogie de Lewis, en la forma en
que Lewis lo toca, / pienso hacer un poco de mi boogie woogie
todos los días. / Bien, ahora viajemos hasta la vieja
ciudad de Memphis, / allí es donde ese chico, Presley,
dice que no sois nada más que unos sabuesos, / pero ahora
tomad mi boogie, os mantendrá en movimiento, / hasta que
empecéis a temblar. / Se llama el boogie de Lewis, en
la forma en que Lewis lo toca. / Señor, yo hago mi boogie
woogie todos los días. (Lewis Boogie, canción compuesta e interpretada por Jerry Lee Lewis.) |
De los cinco grandes creadores del rock and roll que grabaron
para Sun Records, los cinco de 1955 (Elvis Presley, Carl Perkins,
Johnny Cash, Roy Orbison y Jerry Lee Lewis), es este último
el que más honor ha hecho a su propia leyenda y a la idea,
bastante extendida, de que el rock and roll es música de
juerguistas, bebedores y gente envenenada y sin escrúpulos.
A1 fin y al cabo, Elvis era un buen chico,
Roy
Orbison siempre ha sido un sentimental, Johnny Cash ha lamentado
públicamente más de una vez su drogadicción
y Carl Perkins es un típico norteamericano del Sur sin
demasiadas agallas. Por el contrario, Jerry Lee Lewis ha dado
durante años numerosas muestras de desprecio por las más
elementales costumbres sociales, y si alguien se ha atrevido a
decirle algo, él siempre ha dejado bien claro que sigue
siendo The Killer (El Asesino).
Jerry Lee Lewis (Ferriday, Luisiana, 1935) era ya un profesional
del piano a la edad de' 15 años. Tocaba boogie, rhythm
and blues y country swing para una emisora local hasta que decidió
presentarse con sus canciones en el estudio de grabación
de Sam Philips, en Memphis. Pero Sam no estaba ese día
allí, así que el primer contacto lo tuvo con su
colaborador, Jack Clement. Jerry le dijo que podía tocar
el piano como Chet Atkins. Clement quedó intrigado porque
Chet Atkins tocaba la guitarra, no el piano; pero entendió
lo que quiso decirle cuando oyó sus canciones, y le despachó
rápidamente, después de una corta audición,
con el consejo de que aprendiera un poco de rock and roll, que
era lo que quería lanzar Sun Records. Tras varias visitas
y otras tantas grabaciones, Sam Philips y Jerry Lee Lewis lanzaron
la bomba: Whole lot of shakin going on (Sun, 1957).
Se vendieron más de un millón de copias de la canción,
y Lewis se convirtió en cuestión de meses en una
estrella. A Whole lot... le sucedieron canciones tan rotundas
y apabullantes como Great balls of fire (Sun, 1957), High school
confidential (Sun, 1958) y Breathless (Sun, 1958), con las que
confirmó su talento y clase para arrollar en las listas
de éxitos con efectivas y contagiosas incitaciones del
tipo de Shake it baby, shake (Muévelo, chica).
Pero poco después, a mediados de 1958, Jerry Lee Lewis
decidió contraer matrimonio con Myra Brown. Y ahí
se desató el escándalo. Los periódicos descubrieron
que era su tercer matrimonio (se había casado por vez primera
cuando tan sólo tenía 14 años) y que Myra
no había cumplido los 14, y, por si fuera poco, era prima
del cantante (en tercer grado). De la noche a la mañana
le acusaron de corrupción de menores y se encontró
con todas las puertas cerradas. Y sin giras, actuaciones ni presentaciones
en las grandes cadenas de radio y televisión, se vio condenado
al ostracismo y a tener que sobrevivir tocando en pequeños
clubes y locales de mala muerte.
Sin embargo, Jerry Lee Lewis no era un cualquiera. Podía
tocar el piano con las manos, con los pies, con el culo y subido
encima de él, sin que nadie osara perderle el respeto ni
considerarle un gracioso o un idiota. En todo caso, un punk, pero
con canciones de talla y una manera de tocar el piano que dejaba
boquiabierto a cualquiera. Y si alguien, por simple ignorancia
o desconocimiento de lo que había hecho o podía
hacer, se atrevía a insultarle, se encontraba con la respuesta
de un Lewis orgulloso y altivo: "¡Soy el asesino, tío.
Y nadie corta al asesino!". Y si era necesario quemar el
piano para demostrarlo, lo quemaba, como hizo en una ocasión
en que tuvo que tocar de telonero de Chuck Berry en un show organizado
por Alan Freed: acostumbrado a cerrar los conciertos con sus incendiarias
canciones, le sentó como un tiro tener que tocar antes
de Chuck Berry, en un momento en el que
ambos estaban en lo mejor de sus respectivas carreras. Así
que, mientras se despedía con el "ole lot of shakin,
roció el piano con gasolina, lo prendió fuego y
dijo: "Me gustaría ver qué hijo de puta supera
esto".
Todos los críticos y fans que tuvieron la oportunidad de
verle en los años cincuenta recalcan la espontaneidad y
fuerza de sus interpretaciones, muy distintas de las amaneradas
y ensayadas apariciones de Elvis Presley. De ahí que cada
una de sus actuaciones sea recordada como única. Durante
los años sesenta, una vez olvidado el escándalo
de su tercer matrimonio, Jerry Lee realizó varias giras
por el Reino Unido. Cosechó siempre un gran éxito,
aunque su estilo se fue orientando cada vez más hacia el
country, haciéndose más reposado y nostálgico.
Pero, aun así, no ha perdido su mirada de asesino ni ha
dejado de lado su repertorio más poderoso. Ni siquiera
en las giras organizadas, en las que comparte carteles con otras
luminarias del country ?cartel que siempre cierra él con
su piano y su Whole lot of shakin?, se echan de menos sus primeros
éxitos. En su repertorio entran también numerosas
baladas, casi todas grabadas en los años sesenta, cuando
decidió ser más un cantante country que un rockero
apocalíptico. De hecho, entre 1968 y 1973 consiguió
más de una docena de éxitos en Mercury /Smash con
títulos tan memorables como Another time, anotherplace
(Smash, 1968), What's made Milwaukee famous (Smash, 1968) o Drinkin
wine spo?dee o'dee (Mercury, 1973).
Por entonces también se reeditaron con éxito varios
singles grabados en los estudios de Sun Records, como Invitation
to your party (Sun, 1969) o Wafting fo a train (Sun, 1970), canciones
que en su día no alcanzaron las listas. Pero, exceptuando
las grabaciones que realizó en Londres en 1973, con más
de una docena de jóvenes músicos de rock como Peter
Frampton, Rory Gallagher, Albert Lee o Gary Wright, sus últimos
discos no han recibido demasiada atención fuera del ambiente
country.
Y una vez más son las noticias sobre sus borracheras, desplantes,
juicios y esponsales las únicas que saltan a los periódicos.
Como la que daba cuenta (véase EL PAÍS del 26 de
abril de 1984) de que había celebrado su sexto matrimonio,
en Memphis, con Kerry McCaver, de 22 años, ocho meses después
de la muerte de su quinta esposa. La nota recordaba que los tres
primeros matrimonios de Jerry Lee Lewis habían acabado
en sendos divorcios, mientras que sus dos últimas mujeres
habían corrido peor suerte: la cuarta se ahogó en
1982 y la quinta murió de sobredosis de droga. Y a todo
ello habría que añadir la pérdida de su hijo
mayor.
Poco después de tocar en España (Madrid y Barcelona)
formando parte del paquete country de Marlboro (verano de 1985),
fue operado a vida o muerte en EE UU. Salió del hospital
de Memphis con un poco menos de estómago. Pero eso no le
ha impedido, al parecer, seguir grabando canciones y apareciendo
en público, donde invariablemente ataca el piano con los
tacones de sus botas.
Y es que Jerry Lee Lewis es de los que saben que el rock and roll
vive de mitos como él, y siempre está dispuesto
a satisfacer la curiosidad de los que van para ver cómo
saca el peine del bolsillo de la camisa y lo pasa con toda chulería
sobre su largo cabello ondulado, mientras espera los gritos de
entusiasmo de sus fans. Aunque ahora ya nadie le insulta y siempre
tiene el honor de cerrar los festivales en los que participa,
como una leyenda que accede a dejarse ver y a oficiar el rito
del rock and roll una vez más.
Muerto Elvis, Jerry Lee Lewis es uno de los pocos creadores del
rock and roll primitivo que mantiene viva ?aunque sea con ayuda
de la unidad de cuidados intensivos de Memphis? la llama de la
rebelión ritual del rockero contra la masificación
y la mansedumbre, si bien es cierto que sus rugidos ya no son
lo que fueron. Aunque en el circo del rock lo que importa es mantener
el tipo con las marcas del bisturí bien arropadas, como
si nada hubiera pasado. Y si alguien le insinúa al Asesino
de Luisiana que tiene mal carácter, como hizo una periodista
de TVE en Barcelona, él contestará que no, que es
un tipo muy simpático, pero que, por favor, no le molesten
con ciertas preguntas, no vaya a perder su buen humor. Bastante
hace con llevar las botas puestas.