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Ejercicios y problemas
Cuestionario
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¿Es útil y necesario poseer conocimientos
mecánicos? Creo, desde luego, que si.
Desde una perspectiva histórica, las máquinas y sistemas
mecánicos constituyen la primera tecnología triunfante,
la que ha permitido a la humanidad tomar el control y manejar la
energía. La mecánica ha sido, asimismo, el núcleo
de las ciencias físicas hasta bien entrado el siglo XIX: la
astronomía no era otra cosa que mecánica celeste y la
filosofía natural abarcaba la estática, la
dinámica y la cinemática newtonianas que aún se
enseñan en las escuelas.
Pero hay que observar que, en el transcurso del último cuarto de
siglo, el entorno artificial se ha desmecanizado aparentemente: muchos
aparatos se han deshecho de los mecanismos o los ocultan para mostrar
un semblante (un interface, dicen los anglosajones) más inefable
y libre de esfuerzo físico, hecho de teclados, indicadores
numéricos y mandos a distancia. No es que los mecanismos hayan
desaparecido, sino que se encuentran ocultos y sólo se
manifiestan en el suave zumbido de un cargador de CD o de una luna de
automóvil que se cierra. Nuestra civilización ha cambiado
sustancialmente sus prioridades éticas (“para su comodidad”, es
un argumento publicitario recurrente) y estéticas (superficies
lisas, colores neutros y cubiertas pulimentadas que ocultan el
interior).
Así pues, quedan muy pocas máquinas puramente
mecánicas en el entorno cotidiano: algunos útiles de
cocina, las bicicletas, la maquinaria agrícola, la
juguetería y poco más. Y es dudoso que una persona adulta
vaya a diseñar y construir mecanismos, para satisfacer
necesidades reales, salvo que se trate de una persona muy creativa y
técnicamente activa.
Tampoco es fácil que pueda intervenir en alguna de las
máquinas y mecanismos que posee, porque los micro mecanismos son
complejos o de tamaño muy pequeño, como sucede en muchos
electrodomésticos, y requieren herramientas especializadas.
Pero la tecnología mecánica tiene algunas ventajas
decisivas para la formación de los jóvenes: es
transparente, concreta y ayuda decididamente a la formación del
pensamiento técnico. El funcionamiento de los sistemas
mecánicos es evidente a los sentidos. Sus componentes se
desplazan o giran, a mayor o menor velocidad, y podemos verlos y
oírlos. Los lugares en los que ocurren fenómenos o en los
que hay peligros son percibidos rápidamente. Al intervenir en
los mecanismos se producen cambios en su funcionamiento y no es
difícil encontrar vínculos lógicos y concretos
entre nuestra intervención y los cambios operados.
La enseñanza de estos contenidos suele organizarse empezando por
los fundamentos físicos, básicamente las condiciones de
equilibrio estático y el principio de conservación de la
energía, aplicados a las máquinas elementales, para
extraer de ellos consecuencias prácticas. Pero ese camino es muy
largo y consume el poco tiempo disponible. También resulta
áspero para los alumnos por la carga algebraica del discurso de
la Física. Para nosotros, ese enfoque resulta frustrante en la
medida que no nos deja tiempo para trastear con máquinas y
artilugios.
Debemos hacer un esfuerzo para enfocarlo de otro modo, más
empírico si se quiere, para no suplantar al Departamento de
Física en la tarea de enseñar las leyes de la
Mecánica y sus corolarios. Debemos centrarnos, en cambio, en
mostrar los fenómenos que ocurren en los mecanismos y en extraer
implicaciones prácticas de esos fenómenos para el
diseño de artefactos útiles.
Haciendo un paralelismo, un tanto osado es cierto, entre la historia de
la tecnología y la educación tecnológica en la
enseñanza obligatoria, proponemos que, durante los primeros
cursos, los alumnos tengan múltiples ocasiones de experimentar
con mecanismos y observar lo que sucede y de intentar combinaciones de
mecanismos con una finalidad, propuesta por el profesor, que
dirigirá su atención hacia los fenómenos que
ocurren.
A medida que avanza la enseñanza, los esfuerzos se
dirigirán a cuantificar los fenómenos, para empezar a
tomar el control consciente del comportamiento de los mecanismos. En
las propuestas de trabajo se incluirán ya requisitos de
funcionamiento, ya sean de velocidad, tiempo de ejecución o
trabajo a realizar, con un cierto margen de tolerancia.
Los alumnos que decidan seguir estudios técnicos
dispondrán así de un bagaje sobre el que edificar el
aprendizaje de la Mecánica.
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