La
tecnología es, en
cierta medida, el resultado de la aplicación del conocimiento
científico para lograr aplicaciones útiles. Pero no es
sólo eso, ni lo ha sido históricamente. También
posee rasgos que la diferencian de la ciencia. En el fondo ambas se
realimentan mutuamente hasta componer el sistema de la tecnociencia,
también conocido como I+D, en el que sus límites se
difuminan.
La tecnología ha sido, y es hoy, el resultado
de aplicar los conocimientos científicos a situaciones
prácticas. Los espectaculares logros de la tecnología,
especialmente a partir del siglo XVIII, fueron la consecuencia de aunar
la
enorme cantidad de conocimientos científicos disponibles con la
experiencia técnica acumulada. Los conocimientos
científicos proceden muchas veces, pero no siempre, de la
investigación básica, que está sujeta a un
método. La experiencia técnica, en cambio, procede de un
procedimiento empírico, que se basa en el ensayo y el error.
La tecnología es pues el resultado de un
matrimonio de conveniencia, en el que impera el sentido
práctico: si el conocimiento señala una vía eficaz
para
resolver un problema, estupendo, pero si la experiencia empírica
ofrece un atajo más económico, mejor. Por esta
razón, los desarrollos tecnológicos pueden beneficiarse
de cualquiera de los campos de la ciencia y, en especial, de la
Física y sus muchas ramas y de las Matemáticas. Pero,
siendo complementarias, no puede confundirse con ellas.
Como disciplina, la tecnología no está
construida para saber, sino para dar respuesta a una situación
práctica. En esto radica la divergencia de su objeto con
relación al de la ciencia. El objeto de la ciencia es el
conocimiento en si, la descripción de un modelo razonable que
explique el porqué de los fenómenos, no importa el tiempo
que haga falta, el esfuerzo o la complejidad del dispositivo
experimental necesario, aun sabiendo que el conocimiento adquirido, los
principios establecidos mediante la experimentación serán
aceptados mientras la observación de otros fenómenos
satisfaga el modelo.
El objeto de la tecnología es, en cambio,
producir resultados tangibles, hacer la vida más agradable, dar
forma a los objetos, aprovechar las fuerzas naturales y convertirlas en
fuerzas útiles para satisfacer necesidades humanas. Y debe
hacerlo con un coste razonable. En
tecnología sí importa el tiempo necesario, la complejidad
del procedimiento o su coste, porque la actividad tecnológica
está íntimamente unida a la actividad productiva en una
sociedad de mercado, que obliga a rentabilizar el dinero y el esfuerzo
invertido. Las soluciones tecnológicas son también
provisionales, hasta que nuevos conocimientos científicos, la
invención de nuevos procedimientos técnicos o el
desarrollo de nuevos materiales, produzcan una solución mejor o
más económica.
En resumen: Tecnología no es sólo un
área de ciencias aplicadas. Calcular el valor de determinadas
magnitudes, aplicar las leyes conocidas del comportamiento de la
naturaleza, son tareas ocasionales en el proceso de búsqueda de
soluciones. Formular hipótesis, medir, calcular e interpretar
datos, son tareas afines a los procedimientos de las áreas
científicas. Pero Tecnología es una disciplina centrada
en el proceso global de invención, construcción y
evaluación de soluciones.