El materialismo, que data de la antigüedad, mantiene que la
materia es lo fundamental. Cualquier cosa que pueda existir, su existencia
depende de la materia. En su versión más extremada, el materialismo
niega completamente la existencia de fenómenos mentales, un punto
de vista que parece tener sus raíces en la concepción cartesiana
de los animales como autómatas puramente físicos. De una
forma menos extremada, el materialismo considera los fenómenos mentales
como causalmente dependientes de los fenómenos corporales, pero
no niega su existencia. Este fue el punto de vista presentado un siglo
después de Descartes por Julien Offray de la Mettrie (1709-1751).
La
Mettrie nació en Bretaña, en la ciudad de Saint-Malo. Después
de estudiar medicina en París y en Rheims, trabajó a las
órdenes de Hermann Boerhaave en Leiden. En 1745, publicó
su primera obra, Histoire naturelle de
l'ame. El clamor público contra su materialismo -exacerbado
por la publicación de una imprudente sátira médica-
llevó a La Mettrie a autoexiliarse en Holanda. Allí, en 1748,
publicó L'homme machine, una prolongación
del concepto de autómata de Descartes de los animales al hombre.
Con L'homme machine, La Mettrie logró poner a prueba incluso
la paciencia del liberal clero holandés. El libro fue públicamente
quemado y La Mettrie se vió obligado a buscar la protección
de Federico el Grande en Berlín. Allí, hasta su muerte en
1751, continuó publicando sobre diversos temas, normalmente de una
manera calculada para enfurecer a sus enemigos.
Por varios motivos, L'homme machine fue una obra demoledora. Aunque argumentaba a partir de la idea de la uniforme dependencia material de los estados del alma en los estados del cuerpo, mantenía un inconfundible tono antimetafísico. Como Vartanian (1967) señala, en La Mettrie "la visión naturalista del hombre... es presentada principalmente como una hipótesis general heurística necesaria para el estudio positivo de la conducta, sin la necesidad de ser sentida... para hacer los procesos mentales reductivamente idénticos a sus causas psicológicas" (pág. 380). Además, L'homme machine introduce la noción crítica de que la conciencia y los procesos voluntarios son solo distinguidos a partir de actividades involuntarias e instintivas por medio de la relativa complejidad de su substrato mecánico. Al desarrollar este punto, La Mettrie fue más allá del mecanicismo estático de Descartes para concebir la máquina viva como un sistema con propósitos, autónomo y dinámico.
A
pesar de ser vilipendiado en su propio tiempo, la influencia -frecuentemente
no reconocida- de La Mettrie se mantuvo viva durante varios años
en los círculos intelectuales franceses. Pierre Jean Georges Cabanis
(1757-1808) es uno de los que están más en deuda con las
ideas de La Mettrie. Efectivamente, Cabanis, el más ardiente materialista
de la Ilustración francesa, llevó el naturalismo de La Mettrie
a su extremo lógico en sus Rapports
du physique et du moral de l'homme (1802), donde argumentó
que "para tener una acertada idea de las operaciones de las que resulta
el pensamiento, es necesario considerar al cerebro como un órgano
especial diseñado especialmente para producirlo, como el estómago
y los intestinos están diseñados para realizar la digestión,
(y) el higado para filtrar la bilis...".