Modos de vida


Imagen procedente de un diorama del Museum of Natural History.
El proyecto fue dirigido por Ian Tattersall.
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Se conoce muy poco acerca de la estructura y la interacción social entre los  neandertales. Vivían en "grupos de 30 a 50 individuos, inventaron muchos tipos de herramientas que fueron perfeccionadas por los pueblos totalmente sapiens, tenían armas adecuadas para defenderse del león de las cavernas y el oso de la caverna, se pintaban el cuerpo, enterraban a sus muertos y eran ingeniosos fabricantes de útiles de sílex" (Megarry 1995:274). Sin embargo, hay interpretaciones completamente diferentes sobre los neandertales entre los antropólogos y los arqueólogos. Se sabe que "los neandertales raramente vivían más de cuarenta años, muriendo ambos sexos al final del ciclo reproductivo de las mujeres" (Rudavsky 1991:56). Esto significa que no había supervivencia postmenopausica lo que quiere decir que había muy pocos o ningún abuelo. Las mujeres solían morir hacia los treinta años, debido a los riesgos del parto, mientras los hombres morían normalmente a una edad más avanzada. A partir de esta evidencia es obvio que los niños y jóvenes constituían la mayor parte de los clanes. Pocos niños habrían conocido a sus abuelos debido al breve contacto entre una generación y la siguiente. Según Myra Shackley, "suponiendo que de veinte a treinta años es el periodo máximo en el que una pareja podía tener hijos, los miembros jóvenes de una familia alcanzaban la edad adulta cuando su madre moría y su padre lo haría poco después" (1980:33). Esta es una característica extremadamente negativa en una sociedad cazadora y recolectora, en la que los abuelos contribuyen a la educación de los niños y "son responsables de transmitir el conocimiento del entorno y las doctrinas religiosas" (Rudavsky 1991:56). Es probable que debido a la falta de los abuelos, los niños neandertales hubieran sido menos aptos para sobrevivir por sí mismos. Asimismo, en un breve lapso de tiempo, un adolescente neandertal podría verse forzado tempranamente a madurar, emparejarse y reproducirse.
Distintas evidencias muestran que los neandertales se desarrollaban y maduraban mucho más rápido que los humanos modernos. Los paleoantropólogos han encontrado datos que prueban esta teoría utilizando una innovadora técnica de recogida de datos llamada perikymata, analizando las líneas de crecimiento que forman tres anillos y pueden ser vivibles en la superficie exterior del esmalte dental (Johanson and Edgar 1996). La perikymata de un incisivo aún no brotado de la calavera de un joven neandertal que fue descubierta en la Torre del Diablo en Gibraltar muestra que el niño tenía cuatro años cuando murió. Irónicamente la calavera tenía muy desarrollados los molares para su edad, lo que sugiere que una vez que los niños neandertales eran destetados, tenían que encontrar el alimento por sí mismos. Esta sería la causa de que maduraran en edad tan temprana.


Esta es una de las muchas pinturas donadas por Jay Matternes al American Museum of Natural History. Representa la unidad social familiar de los neandertales. Comparada a las primeras representaciones pictóricas, Matternes mostró la verdadera humanidad de los neandertales.
Louis Binford desarrolló una de las más controvertidas teorías sobre la estructura social de los neandertales, basada en su análisis del yacimiento de Combe-Grenal. Propuso que los hombres y mujeres neandertales vivían vidas separadas, comían diferentes alimentos, vivían normalmente en lugares distintos y los hombres solo "se demoraban el tiempo justo de aparearse" (Fischman 1992:48). Binford dedujo esta conclusión a partir de una serie de hogares encontrados al mismo nivel en Combe-Grenal. Llamó a uno de estos hogares "el nido" porque tenía un lecho de material sedimentario bando y ceniciento, sencillas herramientas de piedra y huesos animales con médula, incluidos dientes y cráneos. Los otros hogares, situados a una distancia entre nueve y treinta pies, eran muy distintos. Según Binford: "contenían una colección de herramientas de piedra mucho más elaboradas, como raspadores, láminas de piedra cuyo borde había sido descamado y afilado. Los lugares de descanso exteriores también contenían extremos de huesos de animales y en algunos casos Binford fue capaz de encontrar la correspondencia entre estos extremos de huesos con las escamas óseas encontradas en el nido, una clara indicación de que las dos áreas habían sido usadas al mismo tiempo" (Fischman 1992:49).

Sedimentos carbonizados de estos yacimientos muestran que allí ardieron fuegos en una proporcióm mucho más alta que en el "nido". y que las herramientas asociadas con estos hogares estaban hechas de materiales que sólo se posían conseguir a una gran distancia de la cueva. Lo que era todavía más asombroso era que las herramientas fabricadas con piedras de un valle fluvial lejano fueron encontradas junto con los restos de mamíferos del valle fluvial, como cerdos. Por otra parte, herramienta sencillas de piedra procedente de la meseta vecina estaban acompañadas de restos de caballos y otra fauna de la meseta.

A partir de estas evidencias, Binford conjetura que la cueva había sido compartida por un grupo de gente que tenían una gran movilidad, cubriendo un enorme territorio, y otro clan que era dependiente de los recursos disponibles en la zona inmediata, como plantas y pedazos de animales sacados de la basura. Según Binford, estos dos grupos estaban compuestos por hombres y mujeres separados. Afirmó que "el nido estaba ocupado por mujeres sedentarias, que recolectaban plantas en el área local y cocinaban sobre pequeños fuegos" (Tattersall 1995:152). Binford supuso que las otras áreas alojaban a los machos del clan, que tenían una alimentación de procedencia animal más amplia y habrían retornado al hogar en algunos intervalos, posiblemente el tiempo justo de aparearse. "Los huesos asociados con las partes carnosas de los mamíferos eran raros en tales lugares, lo que sugiere que los hombres comían la carne donde la cazaban y llevaban a casa solo los huesos con médula y las cabezas, "lo que requiere mucho calor para obtener el máximo de grasa (Tattersall 1995:152).

Para apoyar esta teoría, Binford utiliza ejemplos tomados de las sociedades cazadoras-recolectoras modernas. En estos grupos, las mujeres buscan comida cerca del hogar y "sacan provecho de recursos de bajo riesgo como plantas en las que pueden confiar como un recurso para la nutrición de sus hijos" (Shreeve 1995:164). Los hombes salen de caza para conseguir carne y la traen para todo el grupo, incluidas las mujeres. Sin embargo, a diferencia de los hombres de los grupos cazadores-recolectores modernos, Binford afirma que los neandertales no hacían esto. Por el contrario, cazaban juntos de forma egoísta, mientras las mujeres y los niños debían cuidar por sí mismos. Los hombres comerían a menudo en los lugares de cacería y luego llevaban a casa lo más manejable para aportar grasa, huesos con médula y calaveras. "Quizás alguno de estos restos fueron compartidos con los habitantes del nido, pero no en la medida en que pudieran depender de ellos" para sobrevivir (Shreeve 1995:164).
Olga Soffer, en apoyo de la teoría de Binford, indica que "los jóvenes constituyen una porción significativamente grande de los restos de neandertal encontrados en los yacimientos, lo que indica que eran ciertamente más vulnerables a los peligros de las enfermedades, el hambre y tal vez las amenazas de los hombres intrusos" (Shreeve 1995:165). Básicamente, considerando el hecho de que había más neandertales jóvenes que de cualquier otra edad en estos pequeños clanes o grupos, podían haber contribuido a otros factores de su socioeconomía: los pequeños emplazamientos, la falta de organización, la baja densidad de población, la extremada musculatura de las mujeres lo mismo que la de los hombres, la falta de movimiento a larga distancia y la evidencia equívoca de una participación en común de la comida, es lógico que los neandertales vivieran en  un orden familiar bajo la protección de los machos.
Muchos otros paleontólogos y arqueologos discuten la validez de la teoría de Binford. Erik Trinkaus cree que se pueden documentar los diferentes usos del espacio en el interior de una cultura, pero "pretender que las diferencias representan a hombres y mujeres es sólo una inferencia" (Shreeve 1995:165). Otros encuentran la hipótesis de Binford difícil de creer porque no hay una verdadera evidencia que pruebe su conjetura. De hecho, varios críticos creen que es tan solo una mera deducción de Binford de los yacimientos que ha analizado y su interpretación de lo que estaba ocurriendo entre los hombres y mujeres neandertales
La teoría de Binford parece tener muchos defectos. Por ejemplo, si la sociedad neandertal estaba dividida sexualmente como él sugiere, entonces por qué eran los enterramientos frecuentes. Hay ejemplos de hombres, mujeres y niños enterrados juntos. Si la organización social neandertal que supone Binford ha existido, los hombres habrían sido enterrados en una parte diferente de la cueva, aparte de las mujeres y los niños.
La tesis de Binford de que los hombres vivían separados de las mujeres, que habrían sido abandonadas con los niños, no da cuenta de la importante representación de niños en la organización social neandertal. Cuando los niños neandertales se hicieran adultos se marcharían con los hombres. Teniendo en cuenta este aspecto, se puede considerar el lazo que se desarrolla entre una madre y su hijo. Si los neandertales fueron capaces de este lazo, es entonces dudoso que hubieran abandonado a sus madres sin suministrarlas alimento. Es más probable que la protegieran y suministraran comida y otras necesidades afectivas.
Si la sociedad neandertal ertaba dividida o no como afirma Binford puede que no lo sepamos nunca, pero tuvo que haber alguna interacción entre hombres y mujeres para producir la descendencia. Binford afirma que los hombres neandertal eran visitantes ocasionales que solo prestaban atención a las mujeres cuando querían copular. Sin embargo, otras teorías han afirmado que entre los neandertales había reconocimiento de la pareja y costumbres de emparejamiento. Una de estas teorías implica el rostro neandertal como parte de un sistema de reconocimiento de la pareja, que proporcionaría invitaciones formales a las potenciales parejas a través de señales y expresiones faciales. Si la nariz y los rasgos faciales de los neandertales son producto de la adaptación al frío, entonces sus tamaños y formas habrían fluctuado y se habrían reducido durante los periodos interglaciares calurosos que experimentaron (Shreeve 1995). Por otra parte, si sus caras eran producto del reconocimiento de la pareja, habrían retenido algunas características. "Ninguna desviación significativa del rostro limitaría la posibilidad individual de encontrar pareja" (Shreeve 1995:205).
Otra teoría del emparejamiento indica que las emociones que nosotros asociamos con el amor, con el propósito de la reproducción, puede no haberse desarrollado con los neandertales, y puede haber sido circunscrita por la necesidad de anunciar la receptividad de las hembras más bien que por ocultarla (Shreeve 1995). El modo en que las hembras habrían hecho esto es similar a la de las primates, mostrando signos visibles del estro, o persiguiendo agresivamente a los machos o ofreciendose a ellos durante el periodo fértil (Shreeve 1995). En cambio, los machos podían haber estado interesados en el sexo solo cuando el estro de las hembras les motivara.
De cualquier manera, las mujeres neandertal lograron concebir y dar a luz hijos durante 300.000 años. Sin embargo, debido a su tamaño y forma robusta y a las diferencias en la pelvis, es sólo una conjetura si el periodo de gestación de las mujeres neandertal era de la misma duración que el de los humanos modernos. Trinkaus no está de acuerdo con esto. De modo diferente a los humanos modernos, los neandertal tenían mucho más largo el hueso púbico, que es el segmento que forma la parte delantera de la pelvis (Trinkaus and Shipman 1993). Esto ocurre en los neandertales de ambos sexos y suministra a las mujeres un canal de parto muy amplio. Trinkaus considera que una mujer neandertal habría sido capaz sin mucha dificultad de dar a luz un bebé con una cabeza que fuera un quince o veinticinco por ciento más grande que la de los bebés modernos (Trinkaus and Shipman 1993). En concordancia con esta evidencia Trinkaus sugiere que el periodo de gestación de la mujer neandertal duraría entre once y doce meses para que el feto estuviera completamente maduro. Por consiguiente, estos antepasados nuestros podrían haber madurado desarrollado más rápido que elmoderno Homo sapien sapiens.
Sin embargo, con el descubrimiento del esqueleto de la cueva de Kebara, en Israel, llamado Moshe, Trinkaus vió desplomarse su teoría. Este especimen tiene la más completa pelvis de neandertal que jamás haya sido encontrada. El hueso púbico de Moshe medía unos 90 milímetros de longitud, el más largo encontrado, y aproximadamente un tercio de la longitud en el hombre moderno. A pesar de ello, la anchura de la entrada pélvica es sólo un trece por ciento más ancha, lo que significa que la pelvis neandertal era más ancha de lado a lado y no de adelante atrás. Por consiguiente, el volumen del canal de parto no cambia. A pesar de que Moshe era un macho, "podemos asumir que la pelvis de una hembra neandertal habría tenido proporciones semejantes y la mayor longitud del hueso púbico no contribuye sin embargo a un canal de parto más grande" (Johanson and Edgar 1996:78).



 

Arriba, una pelvis de humano moderno. 
Abajo, la pelvis de Moshe.


 


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