HISTORIA DEL ALPINISMO

ALPINISMO

Aún hoy son muchas las personas que se preguntan si, en realidad, el alpinismo es un deporte. Para esta repuestas debemos hacia el pasado, en épocas remotísimas en que la existencia del hombre al pié de las montañas solo obedecía a pura necesidad.

No hasta hace muchos años, las montañas no tenían otro significado que el de la riqueza que procuraban sus tierras cultivadas. Para los habitantes de los valles eran como un desafío, pero constituían a la vez protección, y las generaciones guardaron el más profundo respeto hacia aquellos gigantes”, debidos más a la fantasía que a la realidad.

Si bien, por una parte, las montañas constituían un serio obstáculo que separaba o dividía los pueblos, por otra, suponían un autentico refugio natural, como lo hicieron los Incas ante el avance de los españoles y construyeron la famosa ciudad oculta en los Andes como es Machu Pichu, que a través de los siglos, posibilitó la conservación de las culturas.

Las viejas leyendas que habían envuelto de misterio a las montañas tenían que desaparecer y el hombre descubriría, aunque lentamente, la cara amable de la naturaleza que le rodeaba. Cazadores, buscadores de cristales de roca, guerreros cruzarían los pasos naturales, como aquella de Anibal con elefantes africanos que cruzaron los Alpes para Invadir Italia en el siglo III AC durante la Segunda Guerra Púnica o mas cerca en tiempo y espacio cuando en 1817 el Gral San Martín con su ejercito cruzaba los Andes para liberar a Chile.

Buscar en aquellos hombres del pasado alguna remota semejanza con el espíritu del alpinista moderno sería muy aventurado; pero aquellas hazañas despertaron el interés por las montañas.

 EL ALPINISMO COMO DEPORTE

Como deporte es una actividad relativamente moderna, pero como podesmo catalogar por ejemplo al rey Pedro III de Aragón, que en el año 1285 ascendió a la cumbre de Canigo en Los Pirineos y que podemos decir del poeta italiano Petrarca que en el año 1336 alcanzó la cima del Mont Ventoux en Los Alpes.

Con el correr de los años llegaron a las montañas pensadores, naturalistas, científicos y exploradores. En el siglo XVI merece especial atención la gesta del caballero Diego de Ordás que por orden de Hernán Cortés, se lanzaría con un grupo de españoles a la conquista del volcán Popocatépetl con el único fin de recoger azufre. Pocos podías imaginar aquellos hombres en aquellos días de 1521, al ascender los 5.400 metros “de la montaña que humea”, marcaría una fecha histórica del alpinismo.

 

La exploración y conquista de las grandes cumbres ha sido siempre privilegio de una minoría, incluso en aquellos países en los que esta actividad tuvo destacada importancia. Siendo así, no es de extrañar que en los orígenes del alpinismo como deporte dejasen su huella algunas nobles personalidades, es el caso de Achille Ratti, que en sus años mozos recorrió las cumbres de los Alpes y en 1922 sería elegido papa con el nombre de Pio XI.

En la segunda mitad del siglo XVIII, las condiciones sociales, unidas al espíritu descubridor de los anglosajones, permitieron que los ingleses llegaran a Los Alpes; unos para instalarse en aquella región, otros para viajar por ella, hallando en ambos casos en terreno inédito para satisfacer sus afanes de exploración.

En 1741, una época en la que cruzar los Alpes, representaba casi un peligro mortal, los británicos Windham y Pococke, acompañados de un grupo de amigos realizaron las primeras excursiones alpinas, partiendo desde Ginebra (Suiza) su meta era atravesar los frondosos boques hasta llegar a Montenvers en la parte alta de Chamonix.

El espíritu de conquista y de exploración fue extendiéndose por toda Europa, a pesar de que los excéntricos autores de tales hazañas ponían inevitablemente más corazón que técnica en sus empeños. Poco a poco se perfilaron los primeros personajes de esta historia y surgieron hombres como el Dr. Michel Gabriel Paccard, un joven médico del valle de Chamonix y Jacques Balmat, cazador y a la vez buscador de cristales de roca. Por aquellos días, el alpinismo estaba aún en estado embrionario por lo que no puede pensarse en una profesionalización; con todo estos hombres no escaparon al incentivo de un puñado de francos que un hombre de ciencia, botánico y geólogo, ofreció a quienes consiguiera abrir una ruta de acceso a la cumbre del Monte Blanco, el autor de este ofrecimiento era Horace Benédict de Saussure. El esfuerzo de aquellos hombres dio su fruto y el 8 de agosto de 1786 alcanzaron la cumbre del Mont Blanc, fue esta una conquista gloriosa, deportiva y científica a la vez.

 


 

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