Una de los grandes espectáculos que la naturaleza
nos brinda es la increíble variedad de formas, tamaños y
colores que presentan las flores. Una flor, en términos elementales,
consiste en una serie de verticilos que soportan distintos tipos de hojas,
algunas transformadas muy profundamente, y que constituyen el elemento
básico de reproducción sexual para las fanerógamas.
Los distintos elementos (sépalos, cuyo conjunto se denomina cáliz,
pétalos, que forman la corola, estambres y pistilos, que forman
el adroceo y gineceo respectivamente) pueden adoptar variadas configuraciones
en función de la estrategia polinizadora de cada especie. Los pistilos
albergan los óvulos, o primordios seminales, que una vez fecundados
en un complejo proceso darán lugar a las semillas, protegidas por
tejidos desarrollados a partir de los tegumentos, formando el fruto. Estos
frutos pueden ser diseminados siguiendo, como en el caso de la polinización,
distintas estrategias. Muchos son atractivos por su color, sabor y valor
nutritivo para variadas especies de animales, especialmente aves y mamíferos,
que al alimentarse con ellos diseminan las semillas lejos de las plantas
parentales.
Las relaciones evolutivas entre plantas y animales
son clave para entender la diversidad de la flora vascular. Una visita
al Jardín Botánico puede ilustrar el origen y evolución
de objetos naturales tan imbricados en nuestra propia vida como son las
flores y los frutos, desde una perspectiva nueva para los alumnos. No siempre
las primaveras han sido floridas: tan solo desde que el el Pérmico
los insectos coevolucionaron con las plantas, estableciendo una suerte
de pacto mediante el cual a cambio de recompensas nutritivas estos se encargaban
de transportar los gametofitos masculinos (granos de polen) de unas
plantas a otras, labor que se ve facilitada por el desarrollo de hojas
modificadas, cuyo color y olor es capaz de guíar correctamente al
insecto de un pie de planta a otro. Es el proceso de la polinización.
Otros grupos zoológicos, tanto insectos como vertebrados, se fueron
sumando con el paso del tiempo a esta estrategia: así ya aparecen
dípteros polinizadores a finales del Pérmico, si bien es
en el Mesozoico, con la aparición de grupos como los himenópteros
y los lepidópteros, vertebrados como las aves y, ya en el Cenozoico,
los mamíferos voladores (quirópteros), cuando esta estrategia
se generaliza. Los procesos de competencia por los recursos supusieron
suficiente presión selectiva como para generar una gran variedad
de especialistas en diversos mecanismos de polinización. Igualmente,
desde la perspectiva de las plantas, se generaron una inmensa variedad
de formas florales, que son las que dan color y olor a nuestras familiares
primaveras. Tampoco han existido siempre las variadas clases de frutos
que forman parte de nuestra propia alimentación: la recompensa nutritiva
generada a cambio del transporte de las semillas a larga distancia por
aves y mamíferos ha generado una inmensa variedad de frutos, base
en ocasiones de amplias áreas de actividad económica humana:
las olivas son en origen la oferta del acebuche (olivo silvestre) a las
aves que lo dispersan, mientras que las olorosas fresas (recordad su apelativo
genérico, Fragaria) están adaptadas al sistema olfatorio
de los mamíferos).
Planteamos una visita por el Real Jardín Botánico
en la que se pueden apreciar las distintas estrategias evolutivas desarrolladas
por las fanerógamas en esta larga y compleja historia.
Muchas plantas confían simplemente en el viento para la dispersión de su polen. Basta agitar en primavera una rama de pino para provocar la liberación de esas nubes de polvo amarillento que todos conocemos y que no son sino el polen de esta gimnosperma.
1.-Los orígenes: magnolios y escarabajos
Los coleópteros no se consideran generalmente buenos
polinizadores. Su cutícula, dura y suave, no retiene el polen con
facilidad, y sus aparatos bucales, masticadores. Existen géneros
cuyo proceso de polinización, a pesar de lo dicho, se basa en estos
insectos, como los Magnolios y
los Calycanthus, cuyas grandes
flores solitarias suelen estar abarrotadas de pequeños escarabajos.
Arbustos como los Viburnum o algunos
servales ( Sorbus), presentan densas
inflorescencias de pequeñas flores que también atraen
escarabajos. Las flores son, desde el punto de vista cromático,
muy discretas, de colores blanquecinos y pálidos, abiertas
y de fácil acceso a los estambres y estigmas. También generan
sustancias olorosas, muchas veces desagradables para el olfato humano.
2.- Los dípteros: moscas
y mosquitos
Los botánicos suelen reconocer dos tipos de flores
que son polinizadas por dípteros: Un grupo está caracterizado
por flores pequeñas, poco vistosas, abiertas, de coloración
pálida y sin olor, aunque a veces presentan 'marcas guía'
en los pétalos, facilitando así el aterrizaje de los dípteros.
Las comunes crucíferas del género Draba
pertenecerían a este grupo, escasamente especializado. Otro grupo,
más especializado, presenta trampas a las moscas y mosquitos,
en forma de embudos formados por una espata que atrapan en zonas confinadas
a los dípteros por períodos de tiempo limitados, de manera
que los insectos se cubren del polen de las numerosas flores masculinas
de la inflorescencia (espádice). El género Arum
es un ejemplo de esta estrategia de 'secuestro temporal'. El espádice
produce un olor que semeja el de la carne en putrefacción, durante
la primera noche en que la inflorescencia está abierta. Los insectos
que se alimentan de materia en putrefacción, esencialmente moscas
y escarabajos, se posan en la escurridiza superficie de la espata, cayendose
hacia el fondo. Su regreso es impedido por papilas dirigidas en la dirección
contraria. En sus intentos por escapar frotan sus cuerpos contra los estigmas
de las flores femeninas, produciendose la polinización. En el segundo
día, cesa la producción de olor y se marchitan las papilas,
de modo que los insectos escapan, cargados del polen de la planta.
3.- Los himenópteros: abejas, avispas, abejorros y hormigas.
Estos insectos son probablemente los máximos
responsables
de
procesos de polinización, con gran diferencia respecto a otros grupos
zoológicos. Y desde el punto de vista de la economía humana
es sin duda la polinización por abejas el mecanismo de más
relevancia. Una estructura social de extraordinaria complejidad es clave
en la eficacia del mecanismo coevolutivo que ha ligado a numerosas especies
de plantas e insectos de modo indisoluble. Se han descrito especies que
son polinizadas por hormigas (al menos una especie del género Polygonum).
Sin embargo, los duros exoesqueletos, la mobilidad limitada y tamaño
pequeño hace que las hormigas, tan importantes en otros aspectos
(incluyendo la dispersión de frutos, la predación de flores
y frutos y la protección que determina la existencia de nectarios
extraflorales que las atraen o las 'granjas' de pulgones), desde el punto
de vista de la polinización sean bastante poco relevantes. A pesar
de existir pocos trabajos, podemos afirmar que las plantas polinizadas
por hormigas se caracterizan por altas densidades poblacionales, flores
pequeñas que se abren a nivel del suelo y escasa producción
de óvulos y polen.
Se han realizado experimentos en que se demuestra
que la presencia de hormigas reduce la fertilidad del polen de algunas
especies: quizá se deba a la secreción por parte de estas
de sustancias antibióticas que son esenciales para su modo de vida.
Algunas avispas, como la que aparece en la imágen sobre una
inflorescencia de Allium, incluyen recursos florales
en su alimentación, aunque dadas las características de sus
aparatos bucales actuan como polinizadores no especializados, en plantas
que también reciben visitas de moscas, escarabajos....
Las abejas sociales incluyen la familiar Apis mellifera y los abejorros del género Bombus, tan abundantes en los paseos del Jardín Botánico.
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