ARMAS Y VESTIMENTA

"Todos llevan el vestido que se les ha proporcionado y a nadie se le ocurriría buscar fuera comida o ropajes. Se rapan el pelo al ras, en ningún momento se peinan, en escasas ocasiones se lavan, su barba siempre aparece hirsuta y sin arreglar, van sucios de polvo y su piel aparece curtida por el calor y la cota de malla."

La indumentaria representativa de la orden comenzó a gestarse con la adopción de la Regla del Císter por los templarios, por la cual tomaron el manto blanco característico de dicha orden religiosa. Posteriormente en 1146, el Papa Eugenio III concedió a los Templarios su hábito definitivo, ordenándoles portar, a la altura del corazón, una cruz roja en forma de cruz latina con los cuatro brazos iguales, pero más ancha en los extremos que en el centro de cada brazo, también denominada octogonal o pattée.

Esta cruz roja es el más típico y conocido emblema de los Caballeros del Temple, repetido hasta la saciedad en las imágenes referentes a las cruzadas e incluso incorporado por Cristóbal Colón a la vela de sus naves durante el descubrimiento de América.
La equipación que recibía el nuevo templario quedaba bajo su entera responsabilidad, sin poder compartirla con nadie, ni siquiera la más pequeña de sus prendas. También estaba obligado a cuidar el equipo con el mayor esmero, porque su vestimenta y su aspecto externo siempre debía ser la mejor imagen de su condición de monje-caballero.
Como ropaje personal recibía un par de camisas, el mismo número de calzas y mantos (uno de éstos, el de invierno, provisto de un forro de oveja o carnero), una pelliza, un sayón, una capa, una túnica, un grueso cinturón de cuero, dos bonetes (uno de algodón y otro de fieltro) y un par de zapatos. Para la cama se le proporcionaba un jergón, dos sábanas, una manta ligera o estameña y una manta gruesa. Todas llevaban unas rayas blancas y negras, que eran los colores del Temple, ademas de la cruz roja, que se cosía o se pintaba en el lugar más visible.
       
 
El equipo que distinguia a los Caballeros Templarios hacia 1120, poco después de sus formación, estaba compuesto por una cota de mallas y un casco como el que vemos en la imagen de la derecha.
 
 
Treinta años más tarde, en 1150, se añadió a la cota de mallas el escudo alargado y la oriflama.
 
 
Un siglo después, año 1250, ya se aprecia el cambio hacia la típica armadura del siglo XIII, que incluía el calzado de malla y el yelmo cerrado.
 
El estandarte del Temple, que portaba un abanderado en las batallas, consistía en dos franjas horizontales: negra y más estrecha la de arriba; blanca, la inferior. Se denominaba Beaussant o "la bella enseña".
El Baussant
El armamento habitual portado por los Templarios en Tierra Santa, a lo largo de los siglos XII y XIII, consistía en:
Yelmo o casco cilíndrico de hierro, con visor rectangular estrecho.
Cota de malla en forma de caperuza. Se fabricaba sobre cuero, donde se insertaban anillas o placas metálicas. Recubría el cuello, los hombros, el torso y la espalda con faldeta para proteger los muslos.
Espaldera, que hacía las funciones de coraza posterior.
Calzas, se prolongaban en las perneras de hierro.
Túnica de tela blanca. Recubría todo el conjunto para aliviar el calor. Sobre ella flotaba la capa blanca con la cruz roja al pecho.
Escudo, de forma elíptica con apunte triangular. Se construía con planchas de madera recubiertas de hierro y se acoplaba al brazo izquierdo.
Lanza larga, de hasta 4 metros, en madera con astil de hierro bien afilado.
Espada de doble filo y longitud variable.
Maza turca de plomo y bronce con aristas cortantes.
Machete ancho de un solo filo.
También se les entregaban tres tipos diferentes de cuchillos, una gualdrapa o manta para cubrir su caballo, un caldero, un cuenco para medir la cebada y seis alforjas.
El conjunto superaba ampliamente los 40 kilos y requería un vigor extraordinario para soportarlo y manejarlo con soltura. El caballo también iba acorazado y protegido.
Una imagen muy frecuente asociada al Temple es la del sello templario, que muestra a dos caballeros sobre la misma montura, y cuya interpretación habitual dice que representa la pobreza de la orden en sus inicios, si bien diversos autores señalan que podría ser la representación de San Juan y San Pedro, cuyas doctrinas habrían sido abrazadas por la Orden, es decir la doble cruz, latina y griega, que superpuestas dan la de Lorena o patriarcal, usada por el Temple.
El sello templario
Otras teorías sostienen que dicho sello señalaría la relación entre los Templarios y las enseñanzas ocultistas y esotéricas, pues relacionan la palabra "cábala" con "caballo" o "caballería", argumentando que poseen la misma raíz original. Asimismo, destacan la frecuencia de los números cabalísticos en el Temple (como por ejemplo los nueve caballeros en los primeros nueve años) y su obsesión por la dualidad que vendrían representados en el sello, y serían una clave para iniciados. Como se puede ver, hay opiniones para todos los gustos, cosa frecuente al hablar de los Templarios.