Calderones tropicales en Canarias
En las profundas aguas que separan la Isla de Tenerife de la de la Gomera, habita un nutrido grupo de cetáceos que se han hecho sumamente populares entre los turistas, buceadores y avispados negociantes de las superpobladas costas de la costa sur tinerfeña. Muchos hemos disfrutado filmando y fotografíando en el mar a estas bellas criaturas, aunque esta actividad es en la actualidad posible solo si se cuenta con el permiso de las autoridades de Medio Ambiente del gobierno canario. Queremos desde aquí dar a conocer a los buceadores los principales datos conocidos sobre esta especie, que es sin duda la más popular, al centrarse sobre ella el ejercicio de lo que en USA se ha bautizado como 'whale watching', y en español podemos denominar 'avistamiento de cetáceos'. Esta actividad, sin duda mucho menos peligrosa para la especie que su caza, que aun se practica en Japón, sonde se masacran unos 700 ejemplares al año, no está exenta de riesgos para los cetáceos, que se ven sometidos al acoso de numerosas embarcaciones de recreo, en ocasiones ruidosas y de gran desplazamiento, en los momentos en que descansan en superficie de las profundas apneas que efectúan, sobre todo de noche, para capturar los cefalópodos de los que se alimentan.
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El género Globicephala fue creado por el zoólogo René Lesson en 1828. Años más tarde, Gray describe la especie G. macrorhynchus. Su nombre común en inglés, 'shortfin pilot whale', ha generado una denominación incorrecta, la de ballena piloto, que en castellano no existía.
Los ejemplares macho pueden alcanzar una longitud de 6,7 m., aunque en promedio miden unos 5,5 m. Los machos puden alcanzar pesos de más de tres toneladas, mientras que las hembras no suelen superar la tonelada y media. Morfológicamente se caracteriza por un abultado melón, órgano graso que se localiza en la cabeza del aninal y que desempeña funciones de recepción en la ecolocación (orientación por ecosonda), propia de los cetáceos. La aleta dorsal presenta una característica forma de hoz, curvada hacia la parte posterior del animal. La única especie con la que podemos confundirlo, el calderón común, Globicephala melaena, presenta aletas de mayor tamaño. Su color es oscuro en el dorso, y más claro en la zona ventral, presentando un patrón muy característico en forma de ancla, semejante en ambas especies, que sin duda están muy próximas evolutivamente.
Los calderones tropicales desarrollan su máxima actividad durante la noche, alimentandose de calamares del género Loligo, pudiendo un calderón consumir unos 45 kg. de los mismos en una sola noche. Forman grupos de entre unos diez hasta un centenar de individuos, o más en ocasiones. Los vínculos entre los miembros del grupo son muy estrechos. Como en otros cetáceos, se han descrito pautas de comportamiento solidario, ayudando a respirar y nadar a ejemplares enfermos o heridos. En 1960, el ejemplar hembra de una pareja que se mantenía en cautividad en 'Marineland', en California, murió, y por cinco horas el macho estuvo acarreandola hasta la superficie, en un vano intento por ayudarla.
Las hembras alcanzan la madurez sexual a los seis años, mientras que los machos son más tardíos, alcanzando la madurez a los diez años de edad. Tras una parada nupcial que incluye topetazos con la cabeza, se produce el apareamiento, en el que la hembra adopta una curiosa postura arqueada, para facilitar la cópula. La gestación dura unos quince meses, y una hembra puede quedar preñada cada tres años.
Los calderones se comunican con una gran variedad de tonos, algunos audibles en el agua cuando se tiene la fortuna de bucear o nadar en su compañía.
Se ha generado en el sur de la Isla de Tenerife una industria turística que aprovecha la amabilidad natural de estas criaturas para su observación desde embarcaciones, y en ocasiones nadando y buceando junto a ellas. Los abusos cometidos llevaron al Gobierno de Canarias a regular esta actividad, estando terminantemente prohibido bucear con las mal llamadas ballenas, salvo expreso permiso, como el que nos fue concedido a nuestro Instituto, para filmarlas y fotografíarlas. Los barcos para observación 'en superficie' han de estar autorizados y cumplir una serie de normas, relativas a modo de aproximación, ruido generado y distancia a los animales. Esperemos que se pueda compatibilizar el disfrute y la conservación, pues no debemos olvidar el valor educativo que tiene el conocimiento en la realidad de los seres vivos, ya que los documentales no son suficientes para mostrarnos la belleza del mundo natural.